17 de septiembre de 2021
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Mala ortografía detrás de la ministra de Educación

6 de marzo de 2016
Por Jairo Cala Otero
Por Jairo Cala Otero
6 de marzo de 2016

Jairo Cala Otero

jairo calaEn repetidas ocasiones varias universidades colombianas han hecho estudios sobre la pésima formación de estudiantes de bachillerato en ortografía y redacción. Los resultados que han mostrado tales análisis son desconsoladores, por decir lo menos; se ha remarcado la inhabilidad de muchos (mejor con superlativo: muchísimos) estudiantes para escribir un texto corto, o para ingeniar la redacción de un breve cuento.

Pero, ante todo, lo que sobresale en aquellos estudios es la impericia de los alumnos para escribir con ajuste a las normas gramaticales y ortográficas. Una causa de ese desbarajuste, que se está convirtiendo en «epidemia» y en motivo de preocupación para algunas universidades, es, principalmente, la indiferencia de los jóvenes frente a la importancia del idioma castellano. Con argumentar «pero usted me entiende así» (tan pobre como su vocación estudiantil), ellos creen que superan los garrafales errores idiomáticos que cometen en sus trabajos académicos (cuando los hacen por cuenta propia, pues casi todo lo copian textualmente de Internet, por donde circula mucha «basura cibernética»). Otra razón de aquel despiporre en la escritura es la ignorancia de muchos estudiantes acerca de la necesidad de conocer a fondo su propio idioma, las reglas que lo regulan y sus múltiples variables de uso. No se detienen a pensar en lo útil que les será la gramática cuando lleguen a edad madura, o cuando estudien en alguna universidad.

Me haría difuso mencionando otros factores que inciden en el desdén de muchos estudiantes frente a este idioma. Valga decir también que el mal ejemplo se riega como la pólvora y hace «explosión» en el colectivo, con grandes daños para la formación académica de los estudiantes. El presidente de la República habla mal, y sus ministros le siguen los pasos (no se escapan gobernadores, alcaldes, concejales, diputados y otros ciudadanos que llevan una vida pública por sus tareas cotidianas). Por lo tanto, una nación cuyos «dirigentes» tratan a las patadas el idioma que les correspondió hablar y escribir, es una nación con gente que tampoco tiene empacho para arremeter contra otras normas que forman parte de la decencia y dignidad de sus conciudadanos.

Mineducacion error de ortografia

La fotografía que acompaña este artículo es muy diciente (que con tilde, sin necesitarla). A ella se sigue que bien puede decirse que la ministra de Educación de Colombia, Gina Parodi, trabaja de espaldas a la errónea ortografía. La imagen es el claro reflejo de lo mal que se escribe en colegios, universidades y muchos otros lugares, a consecuencia del desdén del Gobierno porque los maestros se esfuercen por actualizarse en esa materia, para que puedan transmitir ese conocimiento a sus alumnos; y refleja también la ausencia de una política de Estado que haga cumplir el Artículo 10 de la Constitución Nacional, que reconoce al castellano como el idioma oficial de Colombia. Luego el presidente y demás funcionarios maltratadores del idioma ¡violan impunemente la Carta Política! ¿Y quién los juzga, acaso? Nadie porque si no los juzgan por peores violaciones a la norma de normas, menos lo harán por la que defiende el idioma español, al que no le dan importancia y tratan a puntapiés.

La ministra Parodi también patrocina el rebuscado nombre ‘Ser pilo paga’, con que bautizaron un programa para estimular con becas a los buenos estudiantes. Se nota que la ministra ignora el significado del vocablo pilo, y que, en un afán por congraciarse con la muchachada malhablada de hoy, cayó en distorsión de la semántica.

Veamos qué es pilo: 1. ‘Antigua arma arrojadiza, a modo de lanza o venablo’. 2. En Chile, ’arbusto que vive en sitios húmedos, de hojas menudas y flores amarillas, y cuya cáscara es un vomitivo muy enérgico’. (Diccionario de la Real Academia Española).

Según la sabiduría que impera en el Ministerio de Educación (¿educación?), aquí se premia a los estudiantes que sean semejantes a las armas arrojadizas; o que se conviertan en arbustos de fruto apto para vomitar. ¿Será por eso que muchísimos estudiantes se arrojan como lanzas afiladas, o sea, como pilos, contra el idioma español? ¿Será que por ser pilos muchos estudiantes van a colegios y universidades apenas a vegetar? Esos dos conceptos no están claros para el Ministerio, ni allá saben con qué vocablo se puede describir a los estudiantes aventajados, estudiosos, dinámicos, cualificados, inteligentes…