11 de mayo de 2021
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La salida del Fiscal General

29 de marzo de 2016
Por Mario García Isaza
Por Mario García Isaza
29 de marzo de 2016

Por el padre Mario García Isaza

mario garciaAyer  lunes fue día de Pascua. Y  – ¡ felizmente!– llegó a término la gestión que el doctor Eduardo Montealegre ejerció -¡ tristemente ! – por espacio de cuatro años. El Tiempo , en su editorial de este día, hace un análisis descarnado de la cadena de despropósitos en que incurrió Montealegre; y afirma que la fiscalía queda en deuda con los colombianos, y que el balance de lo hecho por el funcionario deja un claro saldo en rojo … Creo que es muy poco decir. Una institución cuya tarea, de acuerdo con la Constitución que nos rige, debería ceñirse al empeño de velar por que se haga cumplida justicia en todo proceso y por que los que ejercen cargos públicos lo hagan ajustados a la ley, se convirtió, durante el período que – ¡ felizmente ! – termina, en un circo de actuaciones teatrales que no solamente dejan densos mantos de duda en materia de ética administrativa, sino que tienen muchísimo que ver en el lamentable desprestigio y la bajísima credibilidad que, desgraciadamente, tiene hoy la rama judicial en la opinión de los colombianos. Pero no son estos los aspectos de que quiero ocuparme en este comentario; serán otros mejor impuestos en esa clase de asuntos, y será la historia, quienes sancionen con veredicto autorizado la malhadada gestión y el profundo daño que le ha hecho a Colombia. Hay un punto que el editorialista de El Tiempo no señala entre los pecados del fiscal; tal vez porque el periódico no lo ve como tal… Y ese pecado es el que inspira esta reflexión.

Ayer, en una larga entrevista publicada por el diario capitalino, Montealegre anuncia, como quien pretende poner colofón a una obra, que antes de dejar el cargo presentará hoy al Congreso su proyecto de ley  “ para la despenalización del aborto; es decir, que la mujer en Colombia tenga la libertad de abortar antes de los seis meses de embarazo…”  ¿ Sin ningún tipo de condiciones o limitaciones ? , pregunta el entrevistador. Y la respuesta : “ Así es. No quedaría sujeto (sic)  a las tres causales que exige la Corte constitucional, sino a una decisión libre dentro del marco de la autonomía de la mujer”  Y luego, ante el nuevo interrogante del periodista : ¿ y la vida del bebé por nacer ? , el increíble exabrupto : “ …Por eso imponemos un límite temporal de seis meses para la interrupción del embarazo”

Cualquiera que lea con atención esas respuestas, y tenga una pizca de sentido humano, de conocimiento de la ley natural y divina, de capacidad de análisis, no podrá evitar la extrañeza, por decir lo menos. Yo me estoy preguntando : ante la criminal desfachatez de esa pretensión del – ¡ gracias a Dios ! – saliente fiscal, no habrá un pronunciamiento oficial, firme y sin ambages, de la Jerarquía de la Iglesia ? Ante una propuesta tan aberrante y que pisotea con bota homicida el “ no matarás” , y sabiendo que en otros organismos oficiales, – léase congreso, cortes, ministerio de salud…- probablemente tenga eco la inmoral iniciativa,  ¿ no se alzará, paladina y profética, la voz de nuestros Pastores ? Yo, humildemente, me atrevo a esperar, y a pedir, que sí.

¿Quién se cree el señor Montealegre ? ¿ De dónde piensa que le viene la autoridad para “imponer un límite temporal” al pretendido derecho de la mujer de matar a su hijo ? ¿ En virtud de qué diablos el niño engendrado apenas cumple seis meses adquiere, como por ensalmo, el derecho a que se le respete la vida, si antes de esa edad no lo tenía ? ¿ Es que una autoridad humana, – Fiscalía, o Congreso, o Corte – puede decirle a un ser humano desde qué momento lo reconoce como tal y le ofrece la protección de sus derechos fundamentales ?

No seguiremos viendo, – felizmente – la almidonada y siniestra figura del doctor Montealegre. Pero serán largos los años necesarios para reparar, si es que son reparables, los profundos daños que le ha inferido a Colombia. Quiera Dios que quien lo substituya en el cargo pueda iniciar esa difícil tarea.

A todos mis amigos, los mejores deseos pascuales.

Mario García Isaza  c.m.