27 de octubre de 2021
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La repetición de la repetidera

18 de marzo de 2016
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
18 de marzo de 2016

Por: Ricardo Tribín Acosta

Ricardo TribinResulta obvio de que si algo que estoy haciendo me molesta, es hora de cambiarlo, especialmente si es un comportamiento repetitivo o adictivo. Algunos definen la insanidad como pretender volver a caer en un acto, esperando resultados diferentes a los anteriores. Existe por ejemplo el caso del conductor de vehículos que con frecuencia recibe una multa por exceso de velocidad y parece que nunca aprende puesto que lo sigue haciendo, hasta que un día lo que le llega, no es una penalidad económica, sino la suspensión de su licencia de manejar y hasta allí va su tranquilidad.

Lo curioso de esta situación es que la persona sufre la incomodidad de no poder guiar su carro por un tiempo y por lo tanto le toca, o acudir al transporte publico, o a una bicicleta para poder llegar a sus destinos, hasta que finalmente logra que le reestablezcan su pase de conducción. Vuelve a manejar para al poco tiempo incurrir otra vez en multas por exceso de velocidad, hasta que finalmente pierde su licencia. No es esto insano? Pues así es y da la impresión de que más que una terquedad, lo que la persona vive es un proceso adictivo, ya que aunque sabe que lo que hace no está bien y que podría tener consecuencias graves, no le importa en la realidad mucho que digamos y lo continua haciendo.

Algo similar ocurre con quien tiene alto el colesterol, los triglicéridos y sufre de alta azúcar en la sangre y sin embargo continua comiendo grasas, carbohidratos, chocolates, bajo las vanas excusas como “ No puedo dejarlo”; “Es que es tan rico”; “Bueno, al fin y al cabo de algo me tengo que morir algún día”, hasta que le llega un gran susto, producto de un infarto o un coma diabético, lo cual podría llevarlo a morir o a quedar sometido posteriormente a problemas significativos de salud.

Vuelve y juega en todos estos y en muchos más casos el efecto de la negación, la cual la única forma que hay para vencerla será aceptando con sinceridad la problemática y estar dispuesto a recibir ayuda ajena, la que provendrá de un Poder Superior a cada cual, llámese Dios, de un centro de concientización sobre el problema, lecturas al respecto, y también de otra persona, a la cual se le pueda compartir, no solo lo que sucede, sino también sus propios sentimientos diarios, los cuales, cuando no logran la necesaria descarga, producen reacciones insanas como las antes mencionadas y otras más.
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