13 de abril de 2024

La Paz es un compromiso con el futuro de Colombia.

2 de marzo de 2016
Por Arturo Yepes Alzate
Por Arturo Yepes Alzate
2 de marzo de 2016

ARTURO YEPES ALZATE

Arturo YepesFalta muy poco para concretar un acuerdo con la guerrilla de las FARC, que le permita a Colombia terminar los combates con los insurgentes más antiguos del continente.

Por eso vale la pena reflexionar acerca de la naturaleza de La Paz que podríamos construir en el posconflicto. La paz, queridos lectores, es un compromiso con ustedes mismos, con el futuro de sus hijos y con el futuro de Colombia.

La Paz no es de Juan Manuel Santos, no es del Gobierno. Tampoco es patrimonio de políticos o militares.

La paz que buscamos es para los colombianos de todas las clases sociales que tienen derecho a vivir, a estudiar, a ejercer su oficio, a formar una familia, en un país en el que la guerra sea solo un término de consulta en los libros de historia.

No hay que temerle a la paz, no hay que temerle al cambio. No hay que perpetuar los miedos y los odios del pasado. No hay peor consejero que el miedo. El miedo paraliza, destruye y nos hace odiar al que piensa distinto, al que opina distinto.

Hay que romper el círculo vicioso del miedo, de la violencia y de la venganza.

Por eso los colombianos debemos centrar la discusión de lo que se está acordando en La Habana, en argumentos que se expresen con altura y verdad.

Buena parte de los argumentos en contra de este proceso parecen urdidos por esa escuela filosófica griega a la que pertenecían los sofistas: aquellos para «ganar» discusiones, sacrifican la verdad y construyen premisas falsas.

La principal premisa falsa es que las FARC están derrotadas y por eso deben someterse al Estado. Diez años (ocho del Gobierno Uribe y los primeros dos de Santos) duró la seguridad democrática. Se bombardearon campamentos, en el mandato de Uribe se asesinaron inocentes para presentarlos como trofeos de guerra, incluso en el Gobierno Santos se dieron de baja, ¡por fin!, los máximos comandantes (Jojoy y Cano), pero las FARC mantuvieron su poder de guerra.

Por eso se volvió imperativo cambiar de estrategia. Seguir combatiendo en Colombia, pero con respeto por la vida de los ciudadanos y de las reglas esenciales del combate, mientras se busca una salida política en Cuba.

Representante a la Cámara