17 de septiembre de 2021
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Adulteran la verdad ortográfica, y suplantan a la RAE

9 de febrero de 2016
Por Jairo Cala Otero
Por Jairo Cala Otero
9 de febrero de 2016

Por Jairo Cala Otero

jairo calaHace algunos años algún «gracioso», con tiempo sin usar en algo productivo, echó a rodar por la red global un documento con modificaciones atribuidas a la Real Academia Española ─RAE─ para la gramática y la ortografía de nuestro idioma.

Es fácil sospechar que quien no sepa qué es la RAE, no conoce su organización interna, ni cómo funciona, ni cómo ejecuta sus tareas «caerá redondito» ante aquel documento, y se tragará el cuento de que los cambios en él contenidos son verdad de Perogrullo.

Sé que la Real Academia Española no necesita que nadie la defienda. Por eso no voy a hacerlo. Pero sí me interesa descorrer esa cortina oscura que oculta la verdad, y siembra una falsa y mentirosa información entre los hispanohablantes. Mentira que, además, puede ser tomada como caballo de Troya para desaliñar el español, más de lo que está en manos de muchachos y adultos desdeñosos para estudiarlo, conocerlo y escribirlo y hablarlo bien.

En la falsificación usaron un logotipo irreal de la RAE, y montaron una sarta de sandeces ortográficas, supuestamente «aprobadas» por la Academia. Con ello, naturalmente, justifican las horrendas grafías con que hoy escriben muchos perezosos en los correos electrónicos, «redes sociales» y conversaciones electrónicas en tiempo real. Es una insinuación para que otros usen las enrevesadas grafías con que hoy escriben los desdeñosos, en los medios tecnológicos.

Tal suplantación seguramente ameritaría una investigación, con su respectiva sanción, en Europa, donde las autoridades no se detienen en tratamientos almibarados para los delincuentes (cibernautas, en este caso), como ocurre, lastimosamente, en Colombia.

El apócrifo documento ─que circula de correo en correo por Internet─ se cae de su peso porque la RAE no usa correos electrónicos para divulgar la normativa del español. Para ello tiene su página institucional, y se blinda técnicamente para que sus documentos no sean usados comercialmente, o con fines lucrativos.

Frente a las malsanas intenciones de confundir, al afirmarse que los académicos del idioma dieron visto bueno para que se «enloquezca» la ortografía (lo cual, además de absurdo, es una falta de recursividad del autor del libelo electrónico), lo cierto es que las únicas modificaciones introducidas a la ortografía del español fueron aprobadas el 17 de diciembre de 2010, en Guadalajara, México, en un encuentro de las veintidós Academias de la Lengua Española. Allí se debatió durante cuatro días, y se aprobó, un documento pertinente que se había trabajado durante cerca de doce años por las Academia asociadas para modificar algunos aspectos de nuestra ortografía.

En uno de mis boletines idiomáticos divulgados por aquella época (diciembre de 2010) informé que, por ejemplo, la ch y la ll dejaban de ser letras del alfabeto y pasarían a llamarse dígrafos, pero que seguían teniendo las mismas funciones que siempre han tenido; que los demostrativos (ese, este, esa, esos, aquel, aquella, etcétera) ya no se tildan en ningún caso; que el adverbio solo tampoco lleva tilde en ningún caso, aunque exista la posibilidad de ambigüedad en su significado; y que para evitarla se aconseja usar los adverbios únicamente, solamente y apenas en vez de solo, entre otras disposiciones.

Solamente a una mente calenturienta puede ocurrírsele que una institución de la envergadura de la RAE eche por el piso todo cuanto hace por preservar la pureza de nuestro idioma, y establezca la tiranización de su ortografía para complacer a quienes, veladamente, quieren desconocer que el idioma también tiene normas para su lucimiento y esplendor. Es fácil imaginarse uno al autor del despropósito en comento violando todo principio social y demás normas de comportamiento decente.

A los cibernautas desprevenidos, aquellos que no tienen por qué saber todo sobre nuestro idioma ─máxime si la funcionalidad del español no es su tema predilecto─ vale advertirlos para que no crean en la falsa documentación ortográfica aquí aludida. El idioma sigue y seguirá teniendo normas, como toda sociedad tiene leyes.

¡Cómo se nota la dejadez de muchos frente a la vital importancia de conocer de cerca el idioma que hablan y escriben!