15 de mayo de 2021
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Marx humano

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
8 de enero de 2016
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
8 de enero de 2016

Desde Cali

Víctor Hugo Vallejo 

Victor Hugo VallejoNo es fácil para el biógrafo despojar a su personaje  de todos los aspectos míticos que se generan alrededor de quien llega a formar determinadas influencias en la sociedad, como para ser merecedor de que se ocupen de su vida, de su obra y de sus rastros. Lo normal es que esos entornos  exagerados que se construyen alrededor de los notables, de alguna manera escondan muchos de los espacios y tiempos que caracterizan a cualquier ser humano. Un personaje, por mucho que lo sea, primero que todo fue ser humano. Saber quien fue, como llegó al mundo, en que medio se formó, que influencias ha tenido, sobre que fundó su propio proyecto vital etc, es de la sustanciualidad para saber de quien se  habla.

A mayor importancia del personaje, más mitos se generan a su alrededor. Y en casi todas las ocasiones lo que piensan quienes le siguen, o quienes no le siguen, lo critican y lo contradicen -en cada esfera se obra desde el mito afectivo-, termina por imponerse a manera de verdad.

El historiador que asume la biografía de un personaje tiene la dificultad de conocer la obra y la vida de quien es objeto de su indagación. La obra es más o menos fácil de conocer porque es lo que ha transformado en personaje a esa persona. Estamos hablando de una obra que se vuelve de dominio público.  Investigar la vida personal de esa figura es la dificultad mayor. Con el agravante de que quien escoge a un ser para biografiarlo es porque lo admira – o lo detesta- y le interesa desde muchos aspectos. Esto de algún modo ya lleva un elemento de distorsión en la conceptualización que contendrá la obra. Por eso no todas las biografías son buenas, porque terminan construidas sobre la subjetividad del autor. Y mucho menos lo son los autobiografías, pues éstas se edifican desde la misma subjetividad de quien cuenta su propia vida, lo que lleva consigo la bondad con que todos los seres humanos nos queremos analizar. Los defectos que tenemos los dejamos al criterio de los demás. Poco o nada los vemos. Eso si, le damos mucha trascendencia a las muchas o pocas cualidades que ostentemos.

No es tarea sencilla la biografía de un gran personaje, que en muchas ocasiones ha sido supuestamente enterrado por haber pasado de moda, o por haberse acabado su influencia, lo que no deja de ser más que el deseo de quienes lo quieren borrar por desafecto, que necesariamente carecen de la objetividad de una evaluación cierta que diga si esas ideas o esas obras conservan su validez social o no. Es lo que ha pasado con Carl Marx. Tantas veces lo negaron, tantas veces lo quisieron olvidar, tantas veces lo borraron, tantas veces lo ignoraron y todas las veces permaneció impasible a través de su obra. Es que no es la persona la que trasciende. Esta desaparece definitivamente cuando su cerebro deja de funcionar.  Es la obra la que hace inmortales a los hombres. De ahí porque son tan pocos los inmortales y tan abundantes los mortales que al morir apenas somos derechosos al olvido.

Marx y Maquivaelo han sido dos de los grandes personajes de la historia cuyas biografías  poco o nada han gozado de fortuna. Quienes las escriben lo hacen desde el afecto incondicional de su aceptación ideoln de lo social. xistas, comunistas etc, pero que nunca se han acercado a las obras de quienes construyeron una nueva visia todasógica o desde el rechazo acérrimo de la negación de eso que pensaron, dijeron o propusieron.

De ahí se deduce que se trate de dos de los personajes más calumniados de la historia. Todos hablan de Niciolás Maquiavelo, pero pocos, muy pocos lo han leído. Casi todos apenas han oído alguna mínima referencia de su ideas y se han quedado con las mismas, desde las que son capaces de calificarlo de maquiavelista. Maquiavelo nunca fue maquiavelista, porque su teoría no es la del engaño, sino de la propuesta de cómo se debe gobernar si se quiere la cohesión de ese imaginario llamado Estado. Igual ha sucedido con Marx, de quien sus grandes admiradores y seguidores son los mayores depredadores, pues sin entender su obra, pretenden ponerla en práctica y aparecen  caricaturas ideológicas como la dictadura de Stalin, como la de Gadaffi, como la de Idi Amin Dadá,  como la de Castro, como la de Chávez, como la de Maduro (la peor de todas sus caricaturas) como la de Ortega (caricatura de lápiz labial), como la de Evo, como las de tantas geografías que se han llamado socialistas, marxistas, comunistas etc, pero que nunca se han acercado a las obras de quienes construyeron una nueva visión de lo social. Quienes más daño han hecho a esas ideas, han sido quienes dicen seguirlas.

Hasta ahora –conocida en lengua hispana- no se tenía una biografía personal de Carl Marx. Todas ellas han estado completamente ideogilizadas. Acaba de llegar a las librerías colombianas una biografía de Marx, escrita por el historiador inglés Francis Wheen, publicada en la colección Debate de la editorial Penguin Random House, en la que se advierte, antes que nada, el enorme esfuerzo que hace el autor británico por ocuparse del ser humano que hubo en Carl Marx, para entender  en su verdadero sentido la razón de ser de sus ideas y sus propuestas. La sociedad no volvió a ser la misma después de Marx. Cambió la visión de la historia, la sociología, la economía y  la política. Su influencia no ha cesado. Lo que si aumenta cada día más es su desconocimiento, pues pocos tienen la capacidad de afrontar la dificultad de sus planteamientos.

Es una extraordinaria visión del hombre, del hijo, del hermano, del padre, del esposo, del amigo –con todos se disputó-, de su temperamento nada aconsejable, su relación con la bebida, con el tabaco, con el escaso tiempo para dormir, con su entrega al estudio desde cuando supo leer.  Wheen nos trae un Marx al que es fácil de acceder, pues lo presenta en sus facetas ordinarias, desde las cuales construyó su majestuosa obra. No era un ser humano diferente a los demás. Sencillamente su vida era poco común con los demás, pero era tan humano como los romanos en el gran imperio latino, al decir de Indro Montanelli cuando  estudia la vida de Roma y pone de presente  la explicación de porque fueron capaces de tan grandes circunstancias y a la vez de bajas pasiones y acciones, diciendo simplemente: “eran humanos”.

Marx luce bien humano en esta extraordinaria biografía que nos llega  de Francis Wheen, traducida por Rafael Fuentes Muñoz. Entender al ser humano que hay  o hubo en cada gran personaje, facilita la necesaria compresión de