20 de junio de 2024

Un quijote de hoy

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
4 de diciembre de 2015
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
4 de diciembre de 2015

Desde Cali

Víctor Hugo Vallejo

Victor Hugo VallejoDurante catorce años el escritor español Andrés Trapiello trabajó incansablemente en la realización del sueño de toda su vida: que Don Quijote de la Mancha, pudiese ser leído fácilmente por la gente de hoy, que de alguna u otra manera puede tener dificultades con el español antigüo, de 1600 en que se escribió al obra maestra del idioma; muchas veces dudó. Temió a los puristas, aquellos que aman la obra cervantina, que pudiesen tildarlo de violador de las ideas del Manco de Lepanto y que en lugar de ser acogido fuese rechazado. Los temores fueron muchos, pero no dejó de trabajar al llegar al convencimiento de que haría la adapatación lingüística aunque fuese solamente para su propio gusto y placer. Y llegó hasta el final.

Mario Vargas Llosa conoció la obra y no tuvo recelo en decir: “ A lo largo de catorce años, a medida que leía y releía El Quijote, ha ido también, de manera cuidadosa y reverente, buscando equivalentes contemporáneos de palabras y expresiones a las que, por haberse distanciado de nosotros en el tiempo y el uso, el lector contemporáneo común y corriente no tenía ya acceso.”

Editorial Planeta S.A. se entusiasmó y en su colección Destino, decidió hacer la edición de la obra inmortal en lenguaje de hoy. Un Quijote que habla como nosotros, con los verbos, las inflexiones, los sustantivos, los adjetivos, los adverbios, la puntuación, la entonación de las personas que vamos por el siglo XXI y con el español de ahora, que dentro de doscientos años será lo mismo de incomprensible como lo es para casi todos el del siglo XVII, cuando en 1605 apareció la primera parte de lo que llegaría a ser la novela del todo, la del universo, la que es capaz de retratar a todos los seres humanos, donde aparece el hombre en sus grandezas, sus sueños, sus ideales, sus frustraciones, sus desengaños, sus alegrías, sus depresiones, sus engaños, sus trampas, sus lealtades, sus fracasos, su vida, su dolor, su enfermedad y su muerte. Es el ser humano llevado a través de la imagen de un idealista loco, al lado de un analfabeta sabio que le sigue sin pensar, porque de haberlo hecho jamás le hubiese seguido. Ese Quijote y su Sancho son la universalidad de lo que somos los seres humanos en todos los espacios, en todos los tiempos, en todas las latitudes.

Andrés Trapiello es uno de los grandes cervantinos de nuestro tiempo. Ha dedicado su vida a la obra del maestro de maestros. Suya es una de las mejores biografías de Miguel de Cervantes Saavedra, publicada por el Fondo de Cultura Económica de México en 1995, poco conocida en nuestro medio, pero que bien vale la pena leer para saber que muchos de los pasajes y viajes del Caballero de la Triste Figura, no son más que reproducciones de las viscicitudes del autor cuando fue botín de piratas y terminó siendo un siervo en Marruecos, de donde lo rescataron pero previo el pago de la correspondiente extorsión.

Leer (y releer) El Quijote es una de las grandes exquisiteces que nos da la vida. Hay que tener la actitud y el ansía de conocimiento de quienes vivimos en la convicción de que desde el saber la existencia es más de fácil de ser entendida. Cuando a las nuevas generaciones se les plantea esa lectura, es tanto como someterlos al más grave de los castigos. La excusa siempre es que no logran entender el lenguaje en que está escrito, a pesar de existir ediciones en las que se incluyen glosarios con explicaciones actualizadas de la etimología de los vocablos que ya han desaparecido del español actual.

Trapiello les acabó con la excusa. Hay que leer El Quijote. Lo acaban de escribir. Es moderno. Es claro. Es divertido. Es sabio. Es encantador. Es clásico. Es todo lo que uno debería leer en la vida. Leer El Quijote y después hacer cualquier cosa, aunque como al viejo Don Alonso: van a quedar ganas de seguir leyendo literatura, hasta perder la razón. En abril de 2015 se editó la adaptación de la obra al español moderno y hace poco llegó a las librerías colombianas.

Mucho se puede hablar de ella. Baste decir que si se lee la versión de Trapiello, que no modifica la menor expresión de Cervantes, apenas adapta, quedará el deseo de leer la obra original. Y el gusto será mayor.

No es resistible hacer la cita de un pasaje de la obra original y transcribir el mismo pasaje en la adaptación de Trapiello, a manera de provocación al lector. Con permiso:

“Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo, de que antes y primero que yo haya encontrado con alguna buena dicha, te haya salido a ti a recibir y a encontrar la buenaventura. Yo, que en mi buena suerte te tenía librada la paga de tus servicios, me veo en los principios de aventajarme, y tu, antes de tiempo, contra la ley del razonable discurso, te ves premiado de tus deseos. Otros cohechan, inoportunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían y no alcanzan lo que pretenden; y llega otro y sin saber como, ni como no, se haya con el cargo y oficio que otros muchos pretendieran: y aquí entra y encaja el decir que hay buena y mala fortuna en las pretensiones”. (Edición de Intermedio Editores. Parte II. Capítulo 42, página 633).

Ahora leamos lo mismo en español moderno:

“Doy infinitas gracias al cielo, Sancho amigo, de que antes de que yo haya encontrado ninguna buena dicha, la buena ventura te haya salido a ti a recibir y a encontrar. Yo, que confiaba en mi buena suerte para librar la paga de tus servicios, comienzo a estar mejor de lo pensado, y tu, antes de tiempo y en contra de lo razonable, ves premiados tus deseos. Unos cohechan, inoportunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían, y no alcanzan lo que pretenden; y llega otro, y sin saber como ni como no, se haya con el cargo y oficio que otros muchos pretendieron; y aquí entra y encaja bien el decir que hay buena y mala fortuna en las pretensiones”. (Ediciones Destino, Madrid, 2015. Parte II, capítulo 42, paginas 793 y 794).

Ahí les queda la tentación de leer a Don Quijote con el lenguaje