21 de junio de 2024

¡Vaya semana!!!!

20 de noviembre de 2015
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
20 de noviembre de 2015

HERNANDO ARANGO MONEDERO

hernando arangoCarambas! Definitivamente cada día no solo trae su afán, sino también su sorpresa y sus motivos de reflexión. No acaban de pasar los 30 años de la tragedia de Armero y vuelven las declaraciones de algunos funcionarios queriendo exculpar a quienes fueron improvidentes ante la potencial tragedia, manifestando que, sobre la erupción, no se podía predecir el día ni la hora, cosa que si bien es muy cierta, y que nadie discute, si resultaba, como hoy resulta, obvio que se instruyera a la población sobre lo que debía hacer en caso de darse la alarma sobre la erupción, grande o pequeña, del volcán y los efectos que sobre los neveros (hielo fósil) se producirían. Pero nadie instruyó a las gentes y no se ubicaron alarmas para avisar lo que se estaba sucediendo. Hubo una alarma, la que Hernán Castrillón (Q.E.P.D.) entregó a través del Noticiero 24 Horas, a eso de las nueve de la noche, información que hablaba de la erupción, lo que no motivó más que a unas pocas personas a guarecerse de lo que podía venir luego de esta actividad. Esa ignorancia de la ciudadanía se constituye en la muestra más fehaciente de la irresponsabilidad de quienes debían hacer algo, como era informar, cosa que dista mucho de predecir, de fijar fechas y de exculparse o exculpar a quienes ayer faltaron a su deber de proteger a la población como debió hacerse. Y proteger no era evitar la erupción propiamente dicha. Proteger era instruir sobre el qué hacer ante una alarma. ¿Qué seguirán diciendo los que hoy se fundamentan en lo impredecible de los eventos mismos y olvidan, como parecen olvidar, la previsión y las medidas conducentes a educar a las comunidades sobre asuntos como este, o como los que cada año, año tras año, padecemos por eso; por la imprevisión, la irresponsabilidad y la falta de autoridad?

Pero la semana también nos sobrecogió con lo sucedido en Paris a manos de extremistas. Me cuido de decir del Islam, ya que el Islamismo no enseña el terrorismo. No! Digo solamente de extremistas, ya que en ellos se están mezclado dos elementos que, juntos, componen un coctel extremadamente peligroso, como son la religión y la política. Religión que se dice defender, y política que se dice querer imponer. Una y otra llevan a mentes cerradas a incurrir en todo tipo de excesos, tal y como lo venimos viendo en los ataques sobre los países que han incursionado en el medio oriente, sobre los que recaen los efectos de las políticas desarrolladas a través del tiempo y que se han sembrado allí por parte de los occidentales. De tiempo atrás esta región fue, y en algunos casos es aún manejada por los intereses occidentales, generalizando el término, y sobre este sector del planeta se ha hecho y desecho sin consideración alguna desde el punto de vista cultural, étnico o económico. De allí que para unos su territorio, cultura y religión, resulten atropellados por quienes son distantes de su pensamiento; pensamiento que es manejado de conformidad con los preceptos e intereses de otros. Pensamiento que tiene influencia de religión y política. Pensamiento que no nos es fácil de asimilar y menos de entender para nosotros, al igual que, en menor grado, orígenes e intensidad hemos vivido en nuestro medio. Ejemplo de ello las luchas entre conservadores y liberales de finales del siglo XIX y bien entrado el siglo XX, cuando la política y la religión se ofendían fácilmente y en función de una u otra nos matábamos. En pequeña escala tuvimos lo que tuvimos y que hoy nos es difícil entender ese problema, y si bien, ya un tanto superado, aún afloran manifestaciones de extrema que nos hacen temblar. ¿Acaso no hay algo de ello en la violencia que hemos padecido los últimos años? ¿Acaso no hay mucho de fundamentalismos en las posiciones de quienes se autodenominan guerrilla? ¿Acaso no hay también una buena dosis de otros fundamentalismos en la política colombiana?

Bien, lo cierto de todo esto que esta semana nos ha alarmado, espantado, es que mientras en Europa se habla de castigar severamente a quienes han calificado como extremistas, esos que hoy así hablan, han opinado de alguna manera que, en el proceso que se cumple en Colombia, la llamada Justicia Transicional puede llevar a considerar que algunos de los actos de los llamados alzados en armas, tengan tratamientos y sanciones de carácter leve, tal y como podría ser el aceptar penas que no conlleven cárcel, penas como las de colonias agrícolas en los que la libertad no fuera la sanción principal.

¿Que pensarán ahora esos que desde Europa miran el proceso en Colombia? ¿El Nogal, Tacueyó, Bojayá, la bicicleta bomba en Pradera, etc, etc, fueron simples actos relacionados con una causa política? ¿Fueron, o no, efectivamente actos terroristas? Guardarán silencio y volverán a recomendar para el caso colombiano, tratamiento distinto al que desde Europa piensan darle a quienes atacaron el viernes pasado en París.
A todas estas, los muertos en el Bataclan se los enrostrarán al presidente Hollande? ¿A las fuerzas del orden francesas por no haber negociado? ¿Cuántos muertos hubo allí? ¿Fue distinto aquello a lo habido en el Palacio de Justicia en Colombia?

Manizales, noviembre 20 de 2015.