19 de mayo de 2022
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Una lección de táctica periodística

Por Tomás Nieto
18 de noviembre de 2015
Por Tomás Nieto
18 de noviembre de 2015

el campanario

Tuvimos la suerte de encontrarnos en una de las librerías “agáchese”, del centro de Medellín, un ejemplar en perfectas condiciones, a precio de huevo, de Antología de la poesía humorística colombiana, en la que tiene nicho propio el maestro Roberto Londoño Villegas, a través de su otro yo, el irrepetible Luis Donoso.

Del opulento repertorio del versificador caldense –nacido en Manizales en 1893 y fallecido en 1957 en la misma ciudad que amó– el editor del libro, Hernando García Mejía, eligió cuatro de sus charlas más  sabrosas: “La parábola de los rebuznos”, “Cómo debe ser la mujer”, “El lector de gorra” y “Táctica periodística”. Nos vamos con la última:

Por ser acto de mucha conveniencia

para pulimentar ciertas aristas,

voy a tratar con cierta impertinencia

sobre la deliciosa inconsecuencia

que se advierte en algunos periodistas.

 

Por ejemplo, al hacer la apología

del doctor Atenógenes Pimienta

–personaje de cauda y de valía

y sonado político de cuenta—

el escritor, filando su ironía,

de este modo al desnudo, lo presenta:

 

“Cascarrabias, topante, poseído,

moscardón, estadista de ribete,

chisgarabís, ladrón empedernido,

corruptor, cavernícola, bandido,

borrachín, trotamundos, matasiete”.

 

En fin, una frondosa letanía

de vocablos de larga travesía

con los que, en forma ruda y truculenta,

el periodista, a golpes de ironía

hace la cotidiana apología

del doctor Antenógenes  Pimienta.

 

Voy a ver el reverso del asunto:

El doctor Antenógenes un día,

a consecuencia de una apoplejía,

queda yerto, “mortífero” y difunto.

 

Y aquí viene la música imprevista

en do de pecho: el mismo periodista

que rajara hace poco de Pimienta,

hace de él nueva apología

en la cual lo perfila y lo presenta

como un valor de máxima cuantía

y la capacidad más corpulenta.

 

Y dice así, cambiando el estribillo:

“El doctor Antenógenes podría

figurar por su gloria y por su brillo

al nivel de la enhiesta trilogía

de Bolívar, de Caro y de Murillo.

 

Y así de esta manera (¿quién predice

el final de esta vida turbulenta?)

el escritor de marras se desdice

de lo que antes dijera de Pimienta.

 

Cuando estaba Pimienta en este mundo

dizque era un pillo, un sátrapa, un tronera,

y hoy que se halla en la tumba … ¡quién creyera!

Ese que fuera un ogro tremebundo

Se convierte en un astro de primera.

La apostilla: El colofón también es del magín de don Luis Donoso:

Y la culpa– ¿se ha visto una ocurrencia?/ de ese cambio de aspectos y de aristas/ es la maravillosa inconsecuencia/que se advierte en algunos periodistas.