16 de mayo de 2022
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Treinta años de ignominia

11 de noviembre de 2015
Por Gustavo Hermosa Puyo
Por Gustavo Hermosa Puyo
11 de noviembre de 2015

Gustavo Hermosa Puyo

gustavo hermosaCorría el año de 1.985, exactamente el 6 de noviembre, y se avecinaba lo que vendría a ser el acto de barbarie más degradante que vivimos los colombianos, durante el holocausto del Palacio de Justicia.

Han corrido ríos de tinta sobre este genocidio, cometido por el M-19- hoy día amnistiado, perdonado y hasta premiado. A ello se agrega el aporte de los narcotraficantes que buscaban a toda costa evitar ser extraditados a los Estados Unidos de América, con un slogan ya muy conocido y era que para ellos «era mejor una tumba en Colombia que una prisión en U.S.A.”.

Gobernaba en esa época, Belisario Betancurt, y un cuerpo de ministros, entre ellos Nohemí Sanín, el ex-alcalde Jaime Castro y otros.

Para las actuales generaciones , les cuesta recordar esos días fatídicos, donde imperó el desorden, reinó la anarquía, y hubo ausencia patética del gobierno.

No hubo esos 2 días presidente, y todo quedó en manos de las Fuerzas Militares, que fraguaron una de las más alrevesadas estrategias para evitar la muerte de más de 100 personas , la desaparición «extraña de otras, y su muerte posterior, habiendo salido vivas del palacio.

Sucedieron hechos tan extraños, como el retiro de la vigilancia policial al palacio, y se omitieron algunas advertencias que en meses anteriores ya venían conociéndose de que el M-19 quería tomarse el Palacio de Justicia. Obviamente eso lo callaron y el recinto de la justicia quedó expedito para ser tomado a sangre y fuego.

El presidente de la Corte Suprema de Justicia, en ese entonces el jurista Reyes Echandia, una vez se dió cuenta de que eran victimas de una toma guerrillera suplicó por la radio que el Presidente ordenara el cese al fuego y poder pedir un dialogo con el Primer Magistrado, lo cual no se hizo, por el contrario, la ministra de comunicaciones, Noemí Sanín, mandó a callar a todos los medios de comunicación so pena de ser retirada su licencia de funcionamiento, y de ñapa en un acto más que desafortunado, hizo que la televisión transmitiese un partido de futbol, cosa que no estaba planeada, y que lo que hizo fue tratar de tapar lo que estaba sucediendo.

Otros dos extraños sucesos se dieron, cuando el M-19 envió una carta al Palacio Presidencial para que pudieran hablar con el primer mandatario, lo cual no se hizo.

Posteriormente, iniciadas las investigaciones, se encontró que personas rescatadas con vida y llevadas a la «Casa del Florero» fueron devueltas al Palacio de Justicia y luego aparecieron muertas.

Los empleados de la cafetería, parece que no han aparecido, ningún miembro del gobierno fue condenado, no hay responsables y solo dos o tres militares fueron los chivos expiatorios que fueron encarcelados.

Los demás miembros omitieron la verdad y la Comisión de la Verdad lo que recolectó fue una cantidad de mentiras y contradicciones y hoy gozan de buena salud disfrutando de las mieles del poder.

Este golpe, que nos lacera el corazón al recordar tanta injusticia, junto con las familias de los muertos, pide que se siga investigando hasta las últimas consecuencias hasta que algún día se sepa la verdad, pero que el ex-presidente Betancurt, no crea que con haber pedido disculpas después de 30 años es suficiente; le debe una explicación seria al país, y que antes de morirse haga algo bueno, contando lo que realmente sucedió.
gustavohermosapuyo81hotmail.com