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¡Quiénes ganaron, quiénes perdieron!

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
5 de noviembre de 2015
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
5 de noviembre de 2015

Comunidad y Desarrollo

uriel ortiz

En los pasados comicios, no hay ni siquiera medianos vencedores o vencidos, es el eterno problema de las coaliciones, que al final de la contienda no se sabe cual la reina de la fiesta para iniciar el baile.

Esperamos que el nuevo Registrador Nacional del Estado Civil que acaba de ser elegido, se ocupe de dar a los Colombianos un instrumento electoral serio y eficiente, puesto que el que entrega Carlos Uriel Sanchez, tiene tantas falencias internas y externas, que está causando graves daños y perjuicios a los ciudadanos, que de muy buena fe acuden a las urnas a cumplir con su deber democrático, pero, finalmente se llevan grandes sorpresas, puesto que los candidatos por los cuales sufragaron, son víctima de la corrupción electoral, o se encontraban inhabilitados, razón por cual, serán sujetos de demanda en los próximos días, colocando a los departamentos y municipios en una etapa de interinidad administrativa y con las consecuentes y odiosas elecciones atípicas a cargo del sufrido contribuyente, todo esto bajo la tolerancia de nuestro Estado de Derecho que se hace el de la vista gorda, para de esta forma llevar a sus conciliábulos a las diferentes posiciones regionales y así poder trabajar mejor las repartijas presupuestales y burocráticas.

Son varios los municipios y gobernaciones que además de sus mandatarios, la elección de las corporaciones legislativas están generando muchas dudas, en varios casos ya se enuncian demandas por: fraude electoral, compra de votos, trashumancia u otros vicios muy propios de los caciques políticos, que solamente ellos los saben interpretar, puesto que en su mayoría viven al vaivén de las circunstancias, sin importarles lo que vaya a ocurrir con el futuro con sus electores y las regiones que dicen defender desde el Congreso de la República.

A más de ocho días de pasados los comicios regionales, valga la pena hacer una serie de reflexiones de lo que es nuestro sistema electoral en Colombia para darnos cuenta de todas las falencias que tiene y los errores que se han cometido, partiendo de las normas electorales que son de por si contradictorias y muchas veces chocan  con la de los organismos que las regulan: Consejo Nacional Electoral, CNE, y la misma Registraduría Nacional del Estado Civil.

Pero, es importante afirmar que la cimiente de la fragilidad de nuestro sistema electoral, parte de la poca seriedad como están estructurados los partidos políticos, que a decir verdad, no son más que montoneras de personas, sin ningún compromiso partidista, que lo que buscan, es lucrarse: electoral, burocrática y contractualmente, la mayoría de las veces no tienen sentimientos partidistas, ni mucho menos definición ideológica.

Es lamentable que nuestros principales dirigentes políticos con asiento en el Congreso de la República, en vísperas electorales siempre aboga por unos partidos modernos, para ponerlos a tono con las nuevas avanzadas tecnológicas, pero a medida que se avecinan las nuevas elecciones se olvidan del asunto y todo vuelve a quedar pendiente para una nueva contienda electoral.

Lamentablemente todo este despelote es lo que contribuye para que los agentes de la corrupción se fieltren en las listas a corporaciones legislativas y como candidatos a gobernaciones y alcaldías, si hacemos un balance de las elecciones del 25 de octubre pasado, sobre cuántos elegidos a cargos por elección popular van a ser revocados durante el próximo período que se inicia el primero del enero del 2016, nos quedamos más que perplejos, los hay desde ediles, hasta diputados; así mismo desde alcaldes hasta gobernadores.

Es muy grave que esto suceda en un país que se precia de ser un modelo de democracia, tan pronto como empiecen a entregarse las credenciales, con las cuales se surte la elección plena de los elegidos, las demandas  empezarán a invadir los organismos judiciales y quienes votaron por ellos, se quedarán sin ninguna representación legislativa; para el caso de gobernadores y alcaldes, a sus departamentos y municipios les llegará la inercia administrativa y la consecuente convocatoria de elecciones atípicas para elegir nuevos mandatarios municipales y departamentales según el caso.

¿Pero quiénes son los responsables de todo esta debacle? Lamentablemente tenemos que decir que es el mismo Estado, con su andamiaje de politiqueros sin oficio, partidos políticos mal estructurados, y movimientos de garaje, que no infunden ningún respeto ni admiración ante la opinión pública, puesto que ni siquiera disponen de unos estatutos que los regule y mucho menos de una dirección seria y responsable que los oriente.

Si hacemos una reflexión de los graves daños y perjuicios que se causan a los departamentos y municipios con las elecciones atípicas, además de costosas para el sufrido contribuyente, son infinitos los planes y programas de desarrollo que se frenan, puesto que quienes los han inducido a semejante error, no tienen el menor interés en resarcir los daños y perjuicios causados, puesto que siempre miran que es la tolerancia del Estado el que los llevó a cometer semejantes descalabros, en contra de sus regiones y electores.

Siempre hemos sostenido a través de esta columna, que Estado está en la obligación de garantizar al ciudadano la calidad de sus elegidos, que en caso de no serlo, es su obligación de salir a resarcir los daños y perjuicios causados, debemos partir también de la base que un candidato que se haya hecho elegir con artimañas, inhabilidades y serios cuestionamientos, no tiene porqué producir actos administrativos que estén acorde con la moral y buenas costumbres de la región o de quienes los eligieron.

Los partidos y movimientos políticos en Colombia, son tan pobres moral e intelectualmente, que se están pareciendo al mostacho de Horacio Serpa Uribe, que apostó rasurárselo, si el doctor Rafael Pardo, perdía la alcaldía de Bogotá; como efectivamente la perdió, se ha armado todo un debate, tan pueril y vergonzoso, que pareciera que en sus bigotes estuviera centrada la ideología del Partido Liberal y parte de los destinos de nuestra patria, cuando la verdad, estamos tan atiborrados de tantos y tantos problemas, que tan repugnante mostacho bien pudiera arrojarlo a la canaca de la basura, con la absoluta seguridad que nadie va a ser tan imbécil para llevarlo al  museo de las vanidades humanas.

 

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