13 de junio de 2024

Notas sobre las elecciones

3 de noviembre de 2015
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
3 de noviembre de 2015

el papa francisco

Después de la tempestad llegó la calma. Pasadas las elecciones del 25 de octubre es posible hacer  un rápido resumen de esta contienda por el poder regional y local. La lucha fue intensa, desigual y desproporcionada: acusaciones contra altos funcionarios del Gobierno por participación indebida en la campaña, compra y trasteo de votos, financiación ilegal, gastos desbordados, encuestas amañadas o controvertidas, algunos candidatos cuestionados por nexos con grupos criminales, o con sanciones judiciales y mucho más. La intensidad de la lucha tenía que ver con el proceso de paz con las FARC y con la campaña electoral de 2018. En este ambiente político se iban a medir las fuerzas, especialmente entre la Unidad Nacional (integrada por los partidos de la U, Liberal y Cambio Radical) y la oposición uribista. La política colombiana cayó a un nivel muy bajo.

En la Unidad Nacional se venían presentando fisuras por el tremendo poder y protagonismo del vicepresidente Germán Vargas Lleras, con el manejo del presupuesto para obras de infraestructura y con el movimiento  de fichas, en las regiones, para fortalecer su propio partido; el ejemplo más evidente fue el apoyo a Peñalosa en Bogotá, apartándose del candidato del Gobierno que era Rafael Pardo.

Para el uribismo la batalla no ha sido fácil, porque cuando disminuye el presupuesto merma el oxígeno. Su bancada en el Congreso no ha podido frenar la aplanadora de la Unidad Nacional que rodea al presidente Santos; ahora tiene en su contra la decisión de la Fiscalía que pidió que se investigue al senador Álvaro Uribe, cuando fue gobernador de Antioquia, por la masacre de El Aro, por su presunta responsabilidad en la Operación Orión y por la proliferación del paramilitarismo. Sobre el tema dijo el expresidente que “Ahora me hacen responsable de delitos y desapariciones a ocho días de elecciones”.

Con todos estos ingredientes cocinándose las fuerzas políticas se iban a mover con especial vigor en la región Caribe, Antioquia y Valle del Cauca. Pero la joya de la corona es Bogotá y los partidos se prepararon para arrebatarle la alcaldía al Polo Democrático, aprovechando la coyuntura por la corrupción, durante el mandato de Samuel Moreno, y por la ineficiencia administrativa de Gustavo Petro.

La lucha por el poder

Antes de las elecciones se decía que la jornada electoral podía ser una de las más pacíficas de los últimos cuarenta años, pero también una de las más corruptas. Había mucho en juego y aunque la corrupción se presenta en todos los municipios y ciudades, encuentra un caldo de cultivo en las regiones apartadas, periféricas, donde el Estado es débil, no hay servicios públicos y la justicia no funciona; en estos lugares es más fácil apoderarse de las instituciones. Y para corroborar lo anterior es necesario mirar los avales que los partidos entregaron a candidatos cuestionados, de numerosos  municipios.

En la contienda por el poder local y regional se formaron coaliciones para agarrar todo, aprovechando que los partidos perdieron la ideología. Sobre este punto el uribismo se la jugó por alcaldías emblemáticas como la de Medellín, con Juan Carlos Vélez y la de Manizales, con Adriana Gutiérrez; pero parece que uno de los objetivos era conquistar los concejos, asambleas y juntas administradoras locales, para hacer oposición desde estos organismos, y por esta razón el Centro Democrático presentó tantas listas cerradas, aprovechando  el carisma de Álvaro Uribe. Y si miramos con más atención observamos que muchos candidatos que estaban con Santos y con Vargas Lleras recibieron el apoyo del uribismo; se trataba de “pescar en río revuelto”. Para entender mejor el significado del poder regional, su importancia, es necesario no perder de vista el papel que jugaron los expresidentes César Gaviria, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, quienes estuvieron de gira por el país, acompañando candidatos para asegurar la votación.

Seguramente los grandes ganadores fueron los partidos que conforman la Unidad Nacional; pero el gran vencedor fue Germán Vargas Lleras, quien movió sus fichas con habilidad, pensando en las presidenciales de 2018. El vicepresidente se sabe apartar de la Unidad Nacional cuando le conviene, maniobró las alianzas regionales; en Bogotá apoyó a Peñalosa, en Cundinamarca se fue con el ganador y en los departamentos de Atlántico, Magdalena y la Guajira, hizo acuerdos para fortalecer su propio partido. Además ganó las gobernaciones de Vaupés y Amazonas. Pactó con el uribismo donde le convenía y fue “demasiado cauteloso” con el tema de los acuerdos de paz.

El Centro Democrático recibió un duro golpe en Medellín por la derrota de su candidato Juan Carlos Vélez, pero ganó la gobernación de Casanare y capitales como Leticia, Florencia y Puerto Carreño. En Antioquia el palo fue Federico Gutiérrez, quien derrotó al uribismo, a pesar de las encuestas. Fue favorecido por el voto de opinión y recibió el respaldo de empresarios, periodistas y de artistas como Juanes. El nuevo gobernador, Luis Pérez, generó revuelo político pues sus detractores lo califican de populista, derrochador y corrupto.

También hay que tener en cuenta, al lado de Federico Gutiérrez, al empresario Maurice Armitage, por su triunfo en Cali, que se considera una victoria por voto de opinión. También los avances de la Alianza Verde, que se quedó con las gobernaciones de Nariño, Putumayo y Boyacá y con las alcaldías de Neiva y Mocoa. En cuanto al Partido Conservador se ha venido diluyendo con las alianzas permanentes. De otro lado las elecciones demostraron que los sectores democráticos y de izquierda necesitan trabajar el difícil tema de la unidad.

El contundente triunfo de Cambio Radical le despejó el camino a Germán Vargas Lleras, quien logró una base sólida para llegar a la casa de Nariño en 2018. Este hecho viene resquebrajando la unidad nacional  pues para los codirectores, Roy Barreras y Horacio Serpa, es claro que el vicepresidente aprovechó el presupuesto público; como encargado de la infraestructura entregó casas e inauguró obras en todo el país.

En cuanto al Centro Democrático, lo perjudicó la dependencia del caudillo, que frena el surgimiento de nuevos liderazgos. Además, el discurso contra la paz produce pocos votos en la actual coyuntura.

Por último, las pasadas elecciones estuvieron marcadas por el proceso de paz que se adelanta en La Habana, y si se firma el acuerdo para poner fin al conflicto armado hay unas regiones claves en el escenario del posconflicto. Sobre este punto, según la última encuesta de Carlos Lemoine, el 73% de los colombianos cree en los beneficios del acuerdo de paz. Seguramente habrá un reacomodamiento de grupos y partidos y el surgimiento de nuevas fuerzas. Entonces el país necesita más y mejor política.