23 de junio de 2024

La soledad de la justicia

15 de noviembre de 2015
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
15 de noviembre de 2015

el papa francisco

Colombia no ha podido olvidar aquel 6 de noviembre de 1985, cuando 35 guerrilleros del M-19 tomaron por asalto el Palacio de Justicia, para hacerle un juicio al presidente Belisario Betancur, y por la respuesta desmedida de las Fuerzas Armadas con un operativo para aplastar a los guerrilleros, sin tener en cuenta la vida de los civiles retenidos. Para la retoma se desplegaron más de 1.000 hombres, 24 tanques y un helicóptero. Era como una película de horror; el mundo quedó impactado observando la escena del Palacio en llamas a pocos metros de la sede del Gobierno y del Congreso. El saldo no pudo ser más dramático pues fueron asesinados 11 magistrados de las altas cortes y cerca de 100 personas, entre funcionarios judiciales, empleados, guerrilleros y militares. La democracia había sido herida de muerte.

Muchos años después, el 10 de diciembre de 2014, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano; el presidente Santos acató la orden y pidió perdón por los desmanes de la Fuerza Pública en la recuperación del Palacio de Justicia. En su discurso afirmó: “Reconozco la responsabilidad del Estado colombiano y pido perdón por las desapariciones forzadas […] Por la detención, tortura y tratos crueles y degradantes cometidos […]” Aunque fue un acto de perdón obligatorio aseguró que lo hacía de corazón, no sólo para cumplir y afirmó que “Aquí se presentó una acción lamentable, absolutamente condenable, del M-19 […], pero si hubo fallas en la conducta y procedimientos de los agentes del Estado, así debe reconocerse”.

El golpe a la justicia

La justicia estaba sola recibiendo los coletazos de la violencia. En 1984 Pablo Escobar había asesinado al ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla y al año siguiente, cuando la Corte Suprema discutía la legalidad del tratado de extradición con Estados Unidos, varios magistrados recibieron panfletos con el siguiente texto: “el tratado se tiene que caer […] No nos defraude, porque no va a tener tiempo de lamentarse […] Es bueno que sepa que no aceptamos disculpas estúpidas. No aceptamos que se enferme, que se declare impedido, que se vaya de vacaciones, que renuncie”.

Sobre el tema se pronunció el magistrado Carlos Betancourt, quien era el presidente del Consejo de Estado y logró escapar en medio de las llamas y del tiroteo, afirmando que el 17 de octubre de 1985, por invitación de la Policía Nacional, “nos informaron al presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandía y a mí, que se había descubierto un plan para tomar el Palacio por el M-19, patrocinado por los extraditables, interesados en que la ley de extradición, fuera declarada inexequible”. Agregó que durante la reunión se propusieron varias medidas de seguridad que no se realizaron porque estaba agotado el presupuesto del Fondo Rotatorio del Ministerio de Justicia y solo fue posible aumentar el pie de fuerza. Sin embargo el 6 de noviembre quitaron la vigilancia especial y el edificio quedó bajo la custodia de tres celadores de una oficina de vigilancia privada y armados deficientemente; por eso la toma guerrillera resultó tan fácil. El magistrado puso el dedo en la llaga cuando afirmó, de un modo contundente, que “Nadie nos rescató, pese a que figuré en la lista de los rescatados por el Ejército con otras 242 personas. Nadie lo hizo, quizás porque la autoridad solo tenía la orden de salvar al doctor Jaime Betancur Cuartas, hermano del presidente, y a la doctora Clarita Forero de Castro, esposa de Jaime Castro, en ese momento ministro de Gobierno […] No creo que los guerrilleros del M-19 hayan causado el incendio del Palacio […] Se oyeron insistentes rumores de que la Policía, a eso de las siete de la noche, ingresó al edificio con bidones de gasolina y estopa. Lo he repetido desde 1985. En esos hechos trágicos concurrieron dos grandes manifiestos responsables: el M-19 que desató la tragedia, quizá movido por la ingenua creencia de que el poder judicial era importante en Colombia y que de ese modo se paralizaría el país. Y el segundo, la autoridad militar por proceder en forma absurda, estúpida y con falta de profesionalismo para reconquistar el Palacio sin importar las más de 200 personas inocentes que estábamos allí” (Revista Semana. Así sobreviví al holocausto).

En esta misma dirección se pronunció Carlos Medellín, hijo de Carlos Medellín Forero, quien murió en el holocausto del Palacio: “Tomaron la decisión de quemar el Palacio y borrar las evidencias. La acción del fuego primero, y luego el agua a presión de los bomberos, hizo lo suyo para vergüenza de la justicia y el derecho. Lo sucedido en el baño al día siguiente, el 7 de noviembre, fue el epílogo de la tragedia. Un tanque disparando contra los rehenes que habían pasado ahí la noche es la prueba adicional de la crueldad excesiva y la cobardía contra la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado”.

El actual ministro de Justicia, Yesid Reyes, hijo del entonces presidente de la Corte, Alfonso Reyes Echandía, cuenta su propia tragedia. Logró comunicarse con Luis Otero del M-19, quien le dijo que estaba con su papá y que “tenía 15 minutos para conseguir un cese al fuego o si no nos morimos todos”. Pero el presidente no le quiso pasar al teléfono; intentaron a través de Gabriel García Márquez, que estaba en París y por medio de Yamid Amat, y fue imposible. Como no había comunicación con el Palacio de Nariño decidieron salir por radio; de este modo se produjo el angustioso llamado del doctor Reyes Echandía: “Qué el presidente de la República dé la orden de cese al fuego, ¡Inmediatamente!” El presidente Betancur no escuchó lo que todo el mundo oyó.

¿Hubo  vacío de poder?

No se puede olvidar que los ruegos del presidente de la Corte tocaron las fibras de los colombianos, y llegó la censura. La ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, llamó a varios periodistas, para pedirles que interrumpieran sus programas de radio, porque afectaban los operativos de rescate; y les advirtió que en caso contrario les quitaría la señal. Sobre el tema dijo Yamid Amat que “mientras la Corte ardía y estaban asesinando a los magistrados, los colombianos veían el partido Millonarios contra Unión Magdalena”; y agregó que “hoy me pregunto qué habría pasado si no hubieran callado la radio”.

Cuando culminó esta película de terror saltaron los fantasmas, llegaron los enigmas ¿Por qué estaba desprotegido el Palacio de Justicia? ¿Hubo alianza entre el M-19 y Pablo Escobar? ¿Fue una toma anunciada? Pasaron las horas y crecían los rumores sobre rehenes y guerrilleros ajusticiados con tiros de gracia y de otros que salieron vivos y luego aparecieron muertos. En el cuerpo del magistrado Reyes Echandía se encontró un proyectil de calibre 9 mm, un arma que no usó la guerrilla; y los cuerpos de los magistrados  Ricardo Medina Moyano y José Eduardo Gnecco presentaron impactos similares. Los trabajadores de la cafetería y la guerrillera Irma Franco supuestamente salieron con vida. Los restos de tres de ellos aparecieron sólo hace pocos días.

Unos días después de la tragedia Yesid Reyes, y los hijos de los otros magistrados fallecidos,  recibieron una carta del gobierno con un decreto de honores, pero la rechazaron. Como respuesta le comunicaron al presidente Betancur “que el mayor honor que hubiera podido hacerles a sus padres era haberles pasado al teléfono cuando lo llamaron en medio de la toma”. En este ambiente quedó otra pregunta ¿Hubo golpe militar? El exministro de Comunicaciones, Bernardo Ramírez, muy cercano al presidente Betancur, dijo que “Fue un golpe de Estado técnico. Los militares desobedecieron la orden del Presidente”.  Algún día se conocerá toda la verdad.