21 de junio de 2024

LA SEQUÍA Y LA OSCURIDAD

2 de noviembre de 2015

La primera pregunta, obligada, es por qué el ahorro que por vía factura cada colombiano pagó en los últimos nueve años —conocido como cargo por confiabilidad— y que se acerca a los US$15 billones no alcanzó y ahora debe hacerse este pago excepcional. La respuesta es que ese dinero se usó para que las generadoras sigan a flote, pero eso sólo demuestra que se desnaturalizó su razón de ser, que buscaba servir en emergencias. Entonces no hemos estado ahorrando para urgencias, sino que el sistema ya estaba necesitado de esos recursos. ¿Será que se invirtió adecuadamente ese dinero?

La sequía por culpa de El Niño —el más fuerte en la historia— expuso la fragilidad de nuestro sistema de generación de energía, y eso que todavía faltan los peores efectos del fenómeno, que se darán en diciembre. Lo que ha pasado en semanas recientes demostró que, de no haber cambios estructurales a los múltiples problemas, el futuro de Colombia será a oscuras, como en el apagón del 92.

El problema principal radica en que el país genera su energía a partir de fuentes hídricas y, cuando las lluvias se marchan, el sistema empieza a fallar. Aunque, en teoría, el país se ha preparado para esto y, según el ministro de Minas y Energía, Tomás González, Colombia no se apagará este año, todos los indicios llevan a que hay varias fallas de regulación que deben ser solucionadas si no queremos problemas a largo y mediano plazo.

Un síntoma de la crisis se evidenció hace dos semanas cuando dos térmicas, Termocandelaria y Termovalle, detuvieron su operación. Por esa y varias razones, después de una cumbre eléctrica para enfrentar el fenómeno de El Niño, el Gobierno anunció un aumento en las tarifas de energía de $439 durante 36 meses para los estratos bajos, mientras que los altos pagarán un excedente de casi $3.000 durante el mismo período, además de la adopción de una serie de medidas para mitigar el consumo energético y la dependencia en el agua.

La primera pregunta, obligada, es por qué el ahorro que por vía factura cada colombiano pagó en los últimos nueve años —conocido como cargo por confiabilidad— y que se acerca a los US$15 billones no alcanzó y ahora debe hacerse este pago excepcional. La respuesta es que ese dinero se usó para que las generadoras sigan a flote, pero eso sólo demuestra que se desnaturalizó su razón de ser, que buscaba servir en emergencias. Entonces no hemos estado ahorrando para urgencias, sino que el sistema ya estaba necesitado de esos recursos. ¿Será que se invirtió adecuadamente ese dinero?

Sin embargo, este ni siquiera es el punto más importante. El Niño demostró que el sistema es vulnerable y que los planes de contingencia tienen falencias en su regulación y formulación.

Cuando la escasez de agua se agudiza, son las generadoras térmicas (que trabajan con gas o con combustible) las encargadas de suplir el vacío. No obstante, el cálculo es que la posibilidad real de que el suministro para estos generadores cubra su demanda es bastante remota, pues su funcionamiento requiere de 400 millones de pies cúbicos de gas y no hay forma de obtenerlo. Pese a que el Gobierno anunció la importación de gas desde Venezuela a partir de enero, éste no será suficiente. Además, como si fuese poco lo dicho, al país sólo le quedan ocho años de reservas de gas. La solución no es tan sencilla.

Otro asunto que debe revaluarse es de carácter regulatorio. Por normatividad, hay un tope al precio que el Gobierno paga por kilovatio producido, pero éste está tasado bajo el presupuesto de un precio de combustible inferior al que las térmicas utilizan, lo que les produce un déficit de $3,3 billones, $1,1 de los cuales será pagado con el aumento que mencionamos a la tarifa de energía.

Curioso: se privatizó el negocio de la generación de energía para que haya libre competencia, pero cuando este sector tiene pérdidas, éstas se socializan con los consumidores. ¿Cuál es la razón de ser de este modelo?

Lo claro es que el cargo de confiabilidad debe ser recalculado, y el Gobierno debe atender cuanto antes la fragilidad del sistema que se ha visto en estos días. Puede que, sí, este año no se apagará el país, pero hay que tomar medidas para garantizar que tampoco nos apaguemos en el futuro.

EL ESPECTADOR/EDITORIAL