21 de junio de 2024

La Propuesta de Plebiscito

18 de noviembre de 2015
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
18 de noviembre de 2015

Por: Mario De la Calle Lombana

mario de la calleBrillante solución se encontró para hacer la convocatoria al plebiscito sobre la paz, sin necesidad de recurrir al odioso y dictatorial expediente de establecer el voto obligatorio. Así sí, sin imposiciones ni actitudes tiránicas, habrá una gran participación electoral en refrendación de los acuerdos de paz de La Habana. Acudiremos a decir sí o no, libremente, según nuestras propias convicciones.

El problema era el umbral: Su aplicación al número total de participantes en los comicios, necesario para que sea válida la decisión de  los ciudadanos de aprobar o rechazar una propuesta determinada, daría de entrada una gran ventaja a los opositores pues a estos les bastaría con no acudir a las urnas, y con esa sola abstención, ya estarían contribuyendo a que no se logra el umbral. Y así, se llegaba a esta paradoja: Los opositores harían más contra la aprobación quedándose en casa que votando no.

Con la nueva propuesta, se restablece la equidad: El mismo esfuerzo que tendrán que hacer los partidarios del para mover a sus votantes y obtener el triunfo, tendrán qué hacerlo los partidarios del no para triunfar. Eso es más democrático. El umbral sobre el número de personas que acudan a las urnas tiene el efecto perverso ya descrito. Pero el umbral, calculado como el porcentaje que necesita el para que se logre la aprobación es una decisión lógica. Porque si el no saca solamente un voto más que el , resulta triunfante. Y si ninguna de las dos posiciones alcanza ese límite, pues la iniciativa que se sometió al plebiscito habrá sido negada. Así de fácil.

Lo anterior resulta ser un mentís a algunos de los argumentos de quienes se oponen a los acuerdos que se han ido logrando en el proceso de paz en La Habana, que seguramente lo hacen de buena fe, sin que el oponerse al proceso actual los haga necesariamente enemigos de la paz (cosa que sería bastante estúpida); pero esos opositores acuden de todas maneras a argumentos que son sofismas absolutos. Por ejemplo: Escribo estas líneas hoy domingo 15 de noviembre, en la terraza de mi bucólico refugio. Acabo precisamente de encontrarme en el diario El País de Cali, en una columna escrita por el señor Luis Guillermo Restrepo S. bajo el título “Detrás del Plebiscito”, la siguiente perla: “En otros términos, si se aprueba el engendro que presenta don Roy Barreras y ahora defienden su émulo Benedetti y el Gobierno Nacional, los partidarios del acuerdo a como dé lugar y sea como sea, solo necesitarán los votos de su clientela para sacarlo adelante. Para ello apelarán a reducir el constituyente primario a su mínima expresión, lo cual evitará el debate nacional necesario para conseguir la legitimidad que termine la violencia”. Aparte del tufillo camorrista de esa redacción, el articulista demuestra una falta de análisis sorprendente en alguien que tiene, o debería tener, la capacidad dialéctica necesaria para actuar como columnista y opinador frente a la opinión pública: ¿No se da cuenta ese comunicador, de que la misma facilidad que se ofrecerá a los partidarios de los acuerdos para que gane el , la tendrán quienes se oponen? Si a él le parece muy poco que con alguito menos de cinco millones de votos se pueda lograr la aprobación de los acuerdos, debería parecer igualmente muy fácil, a quienes con él afirman sin ambages que los colombianos en su mayoría están opuestos a ese proceso, conseguir los mismos cinco millones y darle el triunfo al no.

De modo que, señores senadores Barreras y Benedetti, adelante con el proyecto. Bienvenida esta alternativa que va a propiciar la participación democrática de los ciudadanos en la refrendación o rechazo de los acuerdos. Que se convoque el plebiscito y que los colombianos decidan en las urnas.