13 de junio de 2024

¡La chequera, la manejo Yo!!

27 de noviembre de 2015
Por Marco Uribe
Por Marco Uribe
27 de noviembre de 2015

marco aurelio uribe

 “Las decisiones de priorizar los recursos de qué proyectos van y no van, esas las toma el Presidente, porque es el Presidente el que tiene la chequera”, desafortunadas y empalagosas palabras del presidente Santos al intervenir en la cumbre de gobernadores que se realizó en días pasados en Villavicencio. Mensaje que envió, sin tartajeos, a un pueblo escéptico y sin horizonte, recordándole que es él, y sólo él, quien de manera omnímoda y omnipotente maneja no solo el poder político-administrativo, sino el económico del Estado. Y, qué sólo él es quien dice como se hace la redistribución del ingreso.   

La sorpresiva reacción y salida de madre del presidente Santos, obedeció a celos por el poder, infundados y sin razón, contra el vicepresidente Vargas Lleras, y los zascandiles palaciegos celebraron con alborozo y como de gran proeza la actitud presidencial, difundiendo e interpretando, sin ton ni son, que se trataba de un “tatequieto” y una advertencia perentoria al Vice; otros, como buenos amanuenses de Palacio, salieron al paso a dar explicaciones no solicitadas y contradictorias sobre el motivo de la declaración. Lo que sí quedó bien claro, es de qué no todo en el equipo de gobierno marcha sincronizado, los celos de poder están haciendo su agosto, lo que los llevó a “pelar el cobre” como se dice en el argot popular. 

Como corolario de este rifirrafe, de mal gusto por su innecesario recordatorio del poder, es bueno no olvidar, y que quede claro, qué las obras que se adelantan en el gobierno de turno, son obligatorias para cualquier Estado de régimen democrático como redistribución del ingreso, no son obsequios personales ni del peculio del Presidente ni de ningún otro funcionario delegado. El desempeño en las funciones de Vargas Lleras, para unos, vitrinero, mediático y clientelista, para otros excelente y buen ejecutor, no se las inventó ni las usurpó él, han sido delegadas y encargadas prioritariamente por el presidente de la República. 

No obstante ser un creyente en que se logra y se firma la paz, sin conocer, por supuesto, su costo, me asalta con frecuencia ciertas dudas sobre su estabilidad y duración ante algunos hechos y acciones de algunos altos dignatarios del establecimiento, ya que con su proceder desbordado de autoridad tratan de infundir una superioridad  que raya en lo arbitrario, sobre todo cuando se trata de la iniciativa del gasto y éste obedece a alimentar un clientelismo corrupto y apoltronado en el poder lo que distorsiona o afecta el ejercicio pleno de la democracia, colocando en desigualdad a los nuevos actores que aspiran a incursionar en la política tanto a nivel nacional, como regional o local. 

Nuestra democracia está fragmentada y en estado lamentable. Su esencia como la definiera Abraham Lincoln: “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, se esfumó, nuestra democracia es una falacia, está en manos de unos pocos y se maneja al arbitrio de una clase política corrupta y sin ninguna vergüenza, quienes posan de “escuderos de la gobernabilidad”, patrocinados por el poder económico del Estado a través del presidente Santos, quien con exagerado espíritu dadivoso ordena para sus pupilos parlamentarios los desembolsos millonarios de los cupos indicativos, los cuales no tienen control fiscal y casi nunca llegan a las regiones para su destinación especifica, pero eso sí, sirven para comprar muchos votos, y aparentar una democracia espuria. 

Pareciera que el presidente Santos predijera o conociera el futuro, tal como ocurrió con su reelección presidencial de 2014, porque siendo ministro de hacienda en el gobierno de Andrés Pastrana, entre sus ociosidades que no fueron pocas, tuvo la oscura y perjudicial idea de inventar los nefastos “cupos indicativos” que se han convertido en una especie de conducto o desagüe con las características de un albañal,  y por donde se desangra el erario en favor de una clase política reinante que les permite un apoltronamiento eterno en detrimento de la  democracia, los cupos indicativos son vergonzantes y excluyentes, violan el derecho a la igualdad de oportunidades, cierra el paso a nuevas fuerzas políticas, ya que estas no tienen acceso a esa opulenta comilona, todo con la connivencia y la vista gorda de Fiscalía, Procuraduría y Contraloría.   

Los cupos indicativos son para la “democracia” colombiana, lo que el cáncer es para el cuerpo humano cuando se produce la metástasis. Los mencionados cupos, más conocidos hoy como “compra conciencias” y/o “cómo hacerse millonario”, están causando estragos en nuestra debilitada democracia por su poder contaminante y corruptor en gran parte de la población electoral, además, su poco o nulo control fiscal de estos recursos en la utilización de su destinación especifica los ha convertido en un medio facilista para el enriquecimiento ilícito y qué junto al peculado, perfeccionan el concierto para delinquir. 

El mapa político y electoral del país ha cambiado de manera sustancial, especialmente, a partir de las pasadas elecciones de 2014- presidenciales y legislativas-, hasta el día de hoy no se ha podido establecer el monto total de los desembolsos que se hicieron como cupos indicativos para esas elecciones, aún, ni los órganos de investigación y control por su manejo timorato han podido establecer dicho monto. 

El caso más aberrante, escandaloso y notorio se dio en las pasadas elecciones de 2014, por parte de los senadores de Sahagún, Córdoba,  Musa Besaile y Bernardo Elías Vidal, “Los Ñoños” por su incremento injustificado de su cauda electoral y su descarada expansión de sus tentáculos corruptores en al menos 5 departamentos de la costa atlántica, y los más desconcertante  es la falta de explicación satisfactoria, justificable y legal de las inversiones en distintas regiones de la geografía nacional, por cuanto se pierde la misión por los que se crearon los susodichos cupos, y la Fiscalía, Procuraduría y Contraloría, como siempre, ineptos o encubridores o cómplices. 

Al presidente Santos le asiste toda la razón, como lo dijera cualquier capo de la mafia, cuando sostiene a grito abierto: “La chequera, la manejo Yo” 

 Manizales, noviembre 27 de 2015.