18 de mayo de 2022
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Felipe Beltrán un contador que contaba cuentos

29 de noviembre de 2015
Por Óscar Jiménez Leal
Por Óscar Jiménez Leal
29 de noviembre de 2015

Por Oscar Jiménez Leal

OSCAR JIMENEZ

En días pasados tuvimos la oportunidad con el ex gobernador Jaime Lopera Gutiérrez  de presentar ante la sociedad calarqueña, reunida en el Café de Carlos, la segunda edición del libro “Relatos y Anécdotas” del escritor Felipe Beltrán Rojas. Con ello la familia de la ex gobernadora Olma Beltrán Ospina quiso conmemorar el sexto aniversario del fallecimiento de su padre. La moderación del conversatorio corrió a cargo de Carlos Arturo Patiño.

Fue Felipe Beltrán escritor ameno que expresa nobles sentimientos en  prosa castiza y elegante, donde predominan  la precisión idiomática y la maravillosa sencillez del lenguaje, sin afectación alguna.

Se valió de la admiración que siempre profesó por  dos intelectuales calarqueños de gran valía: Fernando Arias Ramírez, parlamentario, periodista y escritor de cuentos y novelas y Jamid Albén Jaramillo Trujillo quien fuera Alcalde y concejal de la Villa, Juez y abogado,  autor de “Ecos de Trompetas”, poemario de alta y bella inspiración, ganador de importantes premios literarios, para señalarlos como destinatarios de sus apasionadas crónicas.

Desde el comienzo se empeña en dar las claves de la formación del  ser calarqueño, cuando señala que en la fundación de la ciudad participaron  por igual antioqueños, cundinamarqueses, caucanos, santandereanos. boyacenses y tolimenses, quienes aportaron lo mejor de sí a la conformación de la personalidad colectiva.

La afirmación de la diversidad de ingredientes colonizadores que aparecieron en la fundación del poblado, no es insular, puesto que lo corroboran varias fuentes bibliográficas, entre ellas la del  escritor Humberto Jaramillo Angel, cuando en su libro “Viaje a la Aldea”, expresa: “Unas familias vinieron de Cundinamarca. Otras de Boyacá. Otras del Tolima y tal cual del Huila o de Santander. Llegaron, a tierras de Calarcá, en función de agricultores o panaderos. Unas adquirieron lotes labrantíos por allí en unas márgenes del rio Santo Domingo y otras se establecieron en lo que ya existía de tranquilo poblado, o sosegada aldea”.

Los relatos bien pueden ser catalogados dentro del género costumbrista, tan en boga en el siglo pasado,  donde se reflejan con fidelidad absoluta los usos y costumbres locales de la época que le correspondió vivir con especial intensidad, descritos con estilo pedagógico, fina ironía y gran sentido del humor. He aquí algunos botones de muestra:

Pedrito Mejía, un mediquillo que mediante el espiritismo formulaba sus diagnósticos, y en cuya tarea era infalible, “a quien se le pagaba con una botella de aguardiente sus consultas y que devolvía al interesado en el umbral de la puerta diciéndole que llegaba tarde porque el enfermo había muerto en saliendo él de su rancho, cosa que resultaba realmente cierta, y quien también devolvía al irreverente que por gracia le traía para su examen “corriente” de una yegua, diciéndole que el animal pariría una hermosa potranca”.

O cuando relata el incidente de Marcos, apodado “Gorila”, un ciudadano que hablaba a media lengua y devengaba sus ingresos  de cargar mercados de la galería a domicilio. “Alguna vez al llegar a su casa después de la penosa jornada dominical, encontró a su mujer compartiendo la cama con un amigo y se limitó a preguntar: “Mija, ¿ y donde cuesto yo?”

Los relatos y las anécdotas han de servir de materia prima para la elaboración de la verdadera historia de la ciudad y también para que investigadores de las diversas ciencias analicen y expliquen a profundidad los verdaderos orígenes de nuestro ser social.

Fuera de su obra literaria Felipe contribuyó de manera determinante a la cultura y la formación de sus semejantes, como cuando  en asocio de Camilo Buriticá, Norma Restrepo, Enelia Jaramillo, Bernardo Ruiz, William Gálvis y otros ciudadanos, fundó el bachillerato nocturno “Jesús A. Idárraga” e integró la nómina de los primeros bachilleres en 1968.

Fundó, además,  la primera oficina de Asesoría tributaria y contable en la ciudad, asociado con los señores Pedro Ramírez Arenas, Joaquín Elías Buitrago, Ricardo Arbeláez y Alonso Bermúdez, que hacía también de escuela de enseñanza de Contabilidad y mecanografía. Por ello se decía que la profesión de Felipe era la de contador público juramentado  pero su oficio era contar historias.

Noviembre 29 de 2015