17 de mayo de 2022
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El sorprendente Evo Morales

12 de noviembre de 2015
Por César Montoya Ocampo
Por César Montoya Ocampo
12 de noviembre de 2015

cesar montoya

La Paz, Bolivia. Circulan rumores sobre un golpe de estado contra el presidente Juan José Torres. Se especula sobre el amotinamiento de unos batallones y otros sostienen que la insurgencia tiene como epicentro la aviación. Son las diez de la noche. Vuelan sobre la ciudad los pájaros metálicos y se escucha el estruendo de las bombas. Despavorida la gente corre en busca de refugios.El gobierno que tambalea piensa en el cuerpo diplomático y señala un socavón para su escondite y seguridad. Se nos recluye en un bunker profundo. Huye Torres y Hugo Banzer Suárez, de madrugada, se posesiona como nuevo mandatario.

Esta escena ha sido frecuente en la nación que desde 1.825 estuvo bajo la protección autoritaria de don Simón Bolívar.Su democracia siempre fue versátil. Un derrocamiento en pocos meses era germen del siguiente y quien había arrebatado el poder pronto lo perdía. Tenían vigencia las audacias para las conquistas, en ese desfile interminable de ejecutivos con vida precaria. Algo similar a la folclórica inestabilidad de los gobiernos ecuatorianos.

Hasta que llegó al Palacio Quemado Evo Morales, un indio de carácter impávido y arenoso como la tierra que lo vio nacer. Este bípedo humano, creció en la altiplanicie de escaso oxígeno, correteando llamas y vicuñas, con un horizonte de nieve virginal y un piso hostil a la agricultura. La penuria económica estrangulaba su familia. Estudiaba a trechos porque tenía que ayudarle a su padre, desde niño, a la consecución del pan de cada día. Fue de todo. Pastoreó ovejas en el espinazo de la cordillera, las trasquiló, cardó la lana que después vendía en el mercado popular, pegó ladrillos, se puso el gorro blanco para amasar la harina, cortó leña y atizó el horno, y de noche soplaba la trompeta en los tripudios fiesteros de los pobres.

En esos ejercicios viriles se hizo hombre. Apenas con el cartón de bachiller, es decir, con un intelecto ayuno de sabidurías elementales, metido en Yungas en los verdosos cultivos de la coca, fue conquistando liderazgo. Se tomó los sindicatos, afianzó su jerarquía y terminó siendo un caudillo de palabra recia, con el aditamento de un carácter de hierro, abroquelado para las gestas de las cuales fue arriesgado ejecutor.

Enfrentó presidentes, comandó las huelgas, fue encarcelado, estuvo al frente de romerías agotadoras, convertido en un Moisés duro de roer. Ante su avasallaje se abrían las aguas de los mares, suspendía el sol su decurso caminero en óvalos de oro y paralizaba la respiración de sus adversarios. Nunca fue subversivo. Pese a su temperamento habilitado para la acción intrépida, siempre utilizó los canales democráticos para guerrear por sus ideas. Llegó al parlamento con un 70% de opinión favorable. Después de superar múltiples contiendas, fue elegido presidente. Desde el año 2.005 está en el poder. Fue reelegido y ahora, previa reforma de la Constitución, gobernará por cuatro años más.

Morales es un duende. Nada lo desmorona. Tuvo en contra la mitad de los departamentos que propusieron una huelga en los recaudos para buscar su caída, insurgencia capitaneada por Santa Cruz de la Sierra, febril emporio de la economía boliviana. Todo lo superó exitosamente. Ha logrado conquistar aplauso y respaldo a su gestión. Hoy, en América del sur, Bolivia es el país de mayor crecimiento económico.

¿Cómo ha logrado sostenerse, vencer las resistencias de una linajuda élite que siempre tuvo en sus manos la suerte de la nación, cómo capoteó el odio que suscitaba su humilde condición de indígena? Morales está armado en acero, y pasea con orgullo su genética campesina, codeándose como par con los que en el mundo detentan el poder. En los foros internacionales habla con aplaudida habilidad, es frentero en sus tesis, y se iguala a los heliotropos de la tierra con holgada competición. Definitivamente prima el talento en el gobierno de los pueblos.

Se puede discrepar de sus ideas pero su liderazgo es tan visible como una cordillera.

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