20 de mayo de 2022
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Desde la Seguridad Democrática hasta el abismo

20 de noviembre de 2015
Por Nicolás Aguilar
Por Nicolás Aguilar
20 de noviembre de 2015

Nicolás Aguilar González

Nicolas Aguilar
Nicolás Aguilar González

La paz está cerca, son las palabras que el Señor Juan Manuel Santos le ha pronunciado repetidamente al pueblo colombiano, coincidencialmente siempre antes de cada proceso electoral, pero solo debe ser una coincidencia. Cualquier iniciativa de paz debe ser bien recibida, más cuando parte de un grupo que ha causado grave daño a un territorio y a millones de ciudadanos. No me molestaría por ejemplo que las condiciones de este grupo partieran de estar en un territorio extranjero, tampoco me molestaría que dentro de las mismas condiciones estuviera que el lugar para establecer el proceso de paz fuera un gobierno afin con sus pensamientos y que su entorno estuviera asociado a unas serenas vacaciones. No me molestaría nada de esto si la paz realmente se percibiera en el ambiente y si el camino fuera claro, pero desafortunadamente el proceso entre el Gobierno Santos y la FAR ha tenido dificultades.

Es desafortunado encontrar que en nuestro país retornan las prácticas en contra de la ley, la justicia y la libertad y los males que con un alto costo se han combatido buscando su desaparición.  Nadie puede desconocer que mediante el retorno de estas prácticas es que la FAR ha presionado al Gobierno a ceder ante sus exigencias amenazando con pararse de la mesa, y el Gobierno pareciera que durante este largo tiempo se ha puesto una venda para que estos delincuentes sigan haciendo de las suyas. Qué tiene para decir el Gobierno al conocer el artículo de The Washington Post cuando menciona a nuestro país como el mayor productor de cocaína en el mundo? ¿Algo tendrá que ver esto con la FAR?

Ningún esfuerzo por la paz se debe despreciar, pero un esfuerzo debe ser real y con sentido, porque eso de que la paz está cerca, la paz está de un cacho o los repetidos anuncios del Gobierno Santos anunciando la paz, a mí ya me suenan como a cuento. El 23 de septiembre de 2015 escuché que Santos y la FAR ya le ponían fecha límite a la paz y que esta sería el 23 de marzo de 2016 y ahora estoy escuchando que no! Que esa fecha no ha empezado a correr porque los miembros de la comisión de la FAR aún no dan por concluido el ciclo de justicia… y así queridos colombianos el tiempo pasará, y no será lo único que pase, porque, Dios no lo quiera, pero las acciones en contra de la ley, la libertad y la justicia estarán ahí y seguirá pasando mucha cocaína, ese polvo blanco que oscurece la grandeza de nuestro país, pero como hay paz, y Santos nos trae la paz, entonces algunos ciudadanos se alejan de la realidad y, cuando el problema no tenga reversa, no podremos quejarnos.

El debate del Uribismo sobre el proceso de La Habana ha sido extenso. Se han presentado puntos importantes sobre los cuales los colombianos han tenido elementos para fijar su posición a favor o en contra de lo que ha planteado y como ha actuado el Gobierno, pero durante todo este tiempo el escepticismo ciudadano sobre lo que en La Habana sucede ha sido mayoritario, solamente parece cambiar ante los remezones mediáticos, ilusorios y ajustados que salen a flote previo a cada proceso electoral. No es que Álvaro Uribe Vélez lo diga, ni que el Centro Democrático lo diga, pero que alguien levante la mano y me explique cuál ha sido la voluntad visible de la FAR por la paz. Después de tres años en lo mismo no se puede engañar más a los colombianos, y menos esperanzar a todo el país con una supuesta paz, pues si llegado el caso la FAR logra su cometido y firma algo con el Gobierno, ¿realmente llega la paz para el país? ¿Dónde quedan los demás grupos al margen de la ley? Y más allá de eso, si llegara la FAR a participar legalmente en los poderes, se imaginan cuales serían sus iniciativas legislativas y su operatividad sobre el ejecutivo, y ni pensemos si escalan a la justicia qué pasaría…

Como ciudadano creyente de la ley, la democracia, la justicia y la libertad no quiero esto para mi país. Se cumple con avisar, que después no sea tarde cuando estemos conscientes. Analicemos bien qué país queremos y por lo pronto nosotros estaremos actuando. Nuestras armas son pocas; las más importante su confianza.

Juan Manuel Santos pasó de ser defensor de la Seguridad Democrática, para ponerse una venda sobre todo lo que ha tenido que pasar para que el proceso de La Habana se hiciera y hoy se mantenga. No ha sido nada bueno para el país todos los sapos, micos, lagartos y hasta elefantes con los que han mantenido ese proceso a pesar de que los avances, como diría Santos, no existen, y mientras tanto el país evidentemente SÍ HA RETROCEDIDO.

Ahora lo último: el famoso Plebiscito, ya había propuesto el Referendo, pero vio que ahí la consciencia de los ciudadanos era más difícil de distraer y sale con esto, ¿que podrá preguntar el Plebiscito? Que si los colombianos queremos la paz supongo yo, ¿y quién no la quiere? Tal vez los únicos son los vacacionistas de La Habana. Y no contento con todo esto se impulsó la disminución del Umbral para que con menor votación el Plebiscito sea aprobado… solo falta que proponga que el Plebiscito solo podrá ser votado por colombianos residentes en el país de Cuba y que en su historial personal puedan demostrar que tienen algunas condenas.

Empezamos en la Seguridad Democrática que le devolvió la credibilidad al país y ahora vamos en un Plebiscito nada claro, ¿seguimos para el abismo? Analicemos queridos amigos.

Tw: nicolasaguilarg