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Al Oído del Nuevo Alcalde

15 de noviembre de 2015
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
15 de noviembre de 2015

Por: Mario De la Calle Lombana

mario de la calleMe dejó triste la columna del ilustre exalcalde Hernando Arango Monedero, publicada por este medio digital el pasado primero de noviembre, sobre el resultado de las elecciones para la alcaldía de Manizales. Durante años, me he pavoneado orgulloso entre mis amigos caleños, haciéndome lenguas por ser hijo, así sea adoptivo, de la única capital importante de Colombia que no se dejó llevar por la ola de alcaldadas que se tomó en algún momento al país, y decidió suspender la medida del “pico y placa” que iniciaron en Bogotá y luego adoptaron como borregos los gobernantes de las principales ciudades. Me parecía un timbre de orgullo para Manizales el que la disciplina de sus conductores, por una parte, y por la otra un ritmo de construcción de infraestructura que no permitía la inmensa brecha que se da en otras ciudades, entre el aumento del parque automotor y el necesario desarrollo vial de la ciudad, no hicieran necesaria la restricción. Y ahora Hernando nos cuenta que el nuevo alcalde Cardona la va a imponer, quiérase o no, necesítese o no. Esas son sus palabras. Pero lo peor no es que se imponga el capricho de un funcionario sino que obre, como lo asegura el columnista –y él tiene por qué saberlo– por presión de los dos mil o tres mil taxistas de Manizales. Que seguramente, así lo supone uno, condicionaron su apoyo al nuevo gobernante a la promesa de poner en práctica esa moda nefasta, en la esperanza de que el “pico y placa” les aumente el volumen de ocupación de sus taxis. Sin darse cuenta de que lo que va a pasar, como ha ocurrido en otras capitales, es el aumento desmesurado del número de familias que tienen dos automóviles, uno normal para su uso diario, y otro viejito para los períodos de restricción, y que estos van a terminar circulando a toda hora, porque no faltará el hijo, el sobrino o el yerno que lo solicite prestado para utilizarlo regularmente. Al final, ni se mejorará la movilidad urbana –más bien empeorará– ni los taxistas verán aumentados sus ingresos. Esa es la experiencia que se ha vivido en otras ciudades. Lo menos que se debería exigir en Manizales, es un estudio serio, técnico, que permita saber si la aplicación de esa medida en nuestra ciudad dará resultados diferentes a los que se han obtenido en otras partes.

El nuevo alcalde de Cali, Maurice Armitage, que es un empresario a quien lo que le importa es el logro de resultados y no la politiquería, ha anunciado que se suspenderá el “pico y placa” en su ciudad. Cali tiene unos problemas de congestión vehicular serios, pero muy concentrados básicamente en las entradas a la ciudad: En los sitios en los que empiezan las vías intermunicipales hacia Palmira, hacia Yumbo, hacia Candelaria, hacia Popayán y hacia Buenaventura. El resto del área urbana ciudad mantiene un flujo de vehículos bastante aceptable, por lo que Armitage sostiene que con obras de infraestructura puntuales en esos sitios, la medida dejará de ser necesaria.

En otro aparte de su columna, Arango Monedero expresa: “Desde luego que la maraña de cables con los que se comprometió Cardona tendrá que esperar, ya que las cuentas del asunto nadie las hizo y, dado el estado financiero del municipio, pues, qué pena, no habrá cable y menos cables en plural”. Y agrega: “Y ni pensar en los recursos del gobierno central…”. Y aquí sí estoy en desacuerdo con este apreciado amigo: Pues cómo les parece que el pedante de Peñalosa (qué bueno es no vivir en Bogotá para no tener que sufrirlo a diario), celoso de que de pronto a Petro le vaya a caber algún mérito en el proceso de construcción del presunto metro de esa ciudad, ha decidido que este medio de transporte no va a hacerse de acuerdo con los estudios que, durante tantos años, han costado multimillonarias sumas a las finanzas de esa capital y que el metro debe tener otra modalidad, otros diseños, otros estudios, para que quede como a él le parece. Total, los nueve billones y medio de pesos que debe poner la nación para esa megaobra, no se van a utilizar por ahora. Ni corto un perezoso, de manera inmediata, el alcalde electo de Medellín ya disparó como por dos de esos billones para construir en la capital paisa un nuevo tranvía y una línea de cable, adicional a las cinco o seis que ya existen allá. Me parece posible argumentar que Manizales, con su topografía y su imposibilidad de tener, por ejemplo, buses articulados, está mucho más necesitada que Medellín de nuevas líneas de cable. Y, al fin y al cabo, Manizales también contribuyó, al igual que Medellín, al triunfo de la Unidad Nacional sobre las huestes uribistas. ¡Algo merecemos por eso! Puede  que, de pronto, por ahí haya alguna luz de esperanza para algunos de nuestros tan necesarios cables futuros. Que nuestro nuevo alcalde se ponga las pilas e imite en eso al de Medellín. Que recuerde que al que no llora… no le dan nada. Y a propósito, habrá quién me cuente, ya que no vivo en Manizales si al fin el cable de Los Yarumos volvió a funcionar?