23 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

TORMENTA DE DEUDA A LA VISTA

8 de octubre de 2015

Sería un error muy grave minusvalorar la complejidad de la situación económica mundial en estos momentos. La interacción de factores de incertidumbre (la crisis china, la decisión sobre los tipos de interés estadounidenses, la persistente debilidad de las recuperaciones en las áreas del euro, dólar o yen y la debilidad de los países emergentes) arroja algo más que dudas razonables sobre la orientación en los mercados. La desaceleración china tiene y tendrá consecuencias graves sobre el comercio mundial; y empiezan a aparecer señales de que se aproximan nuevas turbulencias financieras. El Fondo Monetario Internacional (FMI) expuso ayer estos temores “con carácter preventivo” y caben pocas dudas de que están fundados.

El punto negro, el que concita las alarmas de la cumbre de Lima, es el endeudamiento de las empresas en los países emergentes. El informe del Fondo lo calcula en unos 3 billones de dólares. La desaceleración en Brasil, Rusia, China, Turquía o Argentina convierte ese volumen de deuda en una bomba de relojería para los mercados de capitales. Esta es la razón por la cual la Reserva Federal debe aplazar la subida de tipos hasta que no constituya una amenaza directa para el crecimiento de los países citados e indirecta para Europa. Una crisis bancaria o empresarial provocada por la desaceleración podría propagarse rápidamente en forma de una nueva crisis de la deuda soberana y meter a la economía global en una nueva recesión.

El foco de preocupación es China. El FMI calcula su exceso de deuda en un 25% sobre el nivel que sería razonable en relación con sus fundamentales. Pero lo peor es que sus gobernantes no han demostrado que sean capaces de manejar una situación potencialmente peligrosa. Aunque sus reservas superen su deuda, una desaceleración persistente de la economía y una destrucción masiva de empleo pueden derivar, si no se encuentra un nuevo patrón de crecimiento, en una crisis política.

De nada sirven los avisos si no se atienden. Pero también es cierto que será difícil reducir la deuda privada con tasas de crecimiento a la baja, petróleo más barato y un cambio en ciernes de los flujos de capitales. Por eso es el momento de preguntarse si los países emergentes pueden atender la advertencia solo con sus recursos.

EL PAÍS/EDITORIAL