17 de mayo de 2022
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El olvido está lleno de memoria.

20 de octubre de 2015
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
20 de octubre de 2015

Víctor Zuluaga Gómez

victor zuluagaEste es el título de una de las obras del escritor Mario Benedetti. Y la traigo a colación a raíz del significado del 12 de octubre que hasta hace poco años era motivo de celebración generalizada como el “Día de la Raza”, para exaltar a la población aborigen pero también con el fin de hacer un reconocimiento a la labor evangelizadora y civilizadora de España en América.

Hace algunos años, cuando de manera fortuita encontré en los archivos de Cartago un documento en el cual, un cartagüeño compraba a la Corona española en el mes de febrero de 1810 unas tierras baldías ubicadas entre lo que hoy corresponde a la cabecera del aeropuerto Matecaña y el Parque Olaya, escribí un libro que titulé La Nueva Historiad de Pereria: Fundación. Lo hice porque queda bien claro que las tierras en donde se ubicarían a partir de 1858 muchos colonos antioqueños, no eran de propiedad de Guillermo Pereira Gamba y por lo mismo, cuando éste decidió “regalar” tierras de su propiedad a dichos colonos, lo que estaba haciendo era obsequiar lo que no era suyo. Es más, en el año de 1847, en presencia del padre de Guillermo Pereira Gamba, el ilustre abogado José Francisco Pereira Martínez, se hizo la medición del terreno y se le dio posesión al hijo de don Manuel Antonio Gómez de Lasprilla, del lote que éste había comprado al Rey de España.

Entonces hubo rayos y centellas porque yo había dado muerte a un mito centenario en el sentido que la fundación de la ciudad había estado precedido de acto de generosidad sin límites por parte de Guillermo Pereira Gamba. Así lo planteó en su momento el doctor en Historia Álvaro Acevedo Tarazona en este aparte de un amplio artículo que escribió al respecto: : “Cada pueblo decide cuál es la verdad que quiere para vivir. Los cronistas de Pereira como Ricardo Sánchez, Hugo Angel también eligieron, y como ellos la memoria colectiva de sus habitantes. José Francisco Pereira Martínez y Guillermo Pereira Gamba son y serán el símbolo fundacional de esta ciudad”. Y remata diciendo: “La ciudad de Pereira construyó un símbolo fundacional que ha sido incorporado por generaciones a los imaginarios y representaciones de sus habitantes. Detrás de los Pereira se encuentra el desprendimiento, la generosidad, la fuerza de la colonización, el civismo, la capacidad de asociación de quienes  han forjado el espíritu y las realizaciones materiales de esta ciudad.”

Como quien dice, los hechos históricos que en su momento fueron planteados de manera equivocada o sesgada, no son susceptibles de revisar, de replantear.  Y entonces le respondía al profesor Acevedo que según su punto de vista estaríamos condenados a seguir repitiendo lo que los cronistas españoles escribieron sobre lo que fue el proceso de conquista, de explotación a que fueron sometidos los aborígenes americanos y la desposesión que sufrieron de sus tierras y sus riquezas. Todo en aras del mito sobre la bedición que significó la llegada de una nueva doctrina religiosa y la civilización europea que contrastaba con la barbarie de los pobladores americanos.r Y remataba en su extenso análisis que hizo de mi libro, el doctor Acevedo, con esta perla: “No siempre lo racional, lo más aproximado a la verdad fluye en el saber histórico. La cultura es algo que se lleva por dentro. No se construye escribiendo “verdades” sobre la historia de Pereira, menos leyendo libros sobre estas verdades.” ¿Ello significaría que la historia de Pereira se debe escribir sobre la base de mentiras?.

Sin duda que en el caso de Guillermo Pereira Gamba, hubo un cambio consciente en cuanto límites de terreno que eran de su propiedad: en lugar de señalar que el límite oriental de sus tierras era la quebrada de Las Partidas, optó por asegurar que era la quebrada de Egoyá. Y no podría alegarse ignorancia, porque la escritura original establecía que era las Partidas y no Egoyá.

En el caso del 12 de octubre y teniendo en cuenta que estamos hablando de más de quinientos años de haberse producido el fenómeno, es bueno recordar dos cosas al menos: la primera, que los europeos habían creído firmemente que la vida humana había iniciado con Adán y Eva y que ellos representaban la línea directa de esos persojanes bíblicos, en tanto que los orientales, los africanos y los americanos, eran pobladores de mundos inacabados y salvajes. Por ejemplo, se afirmaba que los africanos descendían del hijo de Noé que se burló de su padre porque estaba embriagado y por lo tanto, toda su descendencia fue condenada a vivir en el África. Se les llamó la raza maldita.Incluso en épocas recientes, un académico español me decía que el único proyecto civilizatorio que tenía la humanidad era el de Europa. Es decir, cuando llegan los europeos a América, creen con absoluta seguridad que la humanidad está compuesta por razas: blanca, amarilla y negra. La superioridad de la “blanca” era, para ellos incuestionable. Hoy queda claro que todos los seres humanos provenimos de grupos que se dispersaron desde el África y que por lo tanto, sólo existe una raza, la Humana.

El segundo aspecto está relacionado con europeos que describieron la conquista y los pueblos americanos. En aquella época, siglo XV, existía una asignatura llamada “retórica” que consistía en adquirir las habilidades para escribir, pero por sobre todo para “convencer”. Aquellos escritores, o retóricos, debían seguir unas reglas que eran supervisadas cuidadosamente: en primer lugar, en la introducción de sus escritos debían dejar claro que eran personas humildes, aprendices y tratar de mover a simpatía al lector por sus escritos. Y lo otro, deberían magnificar la conquista de los europeos como el triunfo de la razón sobre la barbarie, de la sabiduría sobre la ignorancia y de la religión sobre la idolatría. Cuando revisamos las crónicas no sólo de los curas católicos, sino de otros seglares españoles, podemos constatar que siempre se refieren a los conquistadores españoles como señores llenos de bondad y generosidad, miemtras que a los indígenas se les reseña como mentirosos, desleales, bárbaros, etc. De esa manera, quien leyera las crónicas, quedaba convencido que la conquista era el triunfo de la bondad sobre la maldad. Basta con leer la manera como los cronistas describen a Jorge Robledo, el conquistador español que condenó al cacique de los Apias (sin tilde) a morir ahorcado por tratar de rebelarse. Dice el cronista que el conquistador en un acto de generosidad, le permitió al cacique en cuestión que se confesara y pidiera perdón por sus pecados. ¡Muy generoso!.

Hoy, cuando ya han rodado por el suelo tantos mitos de superioridad de culturas y de razas, es necesario reescribir la Historia, pero teniendo en cuenta, como es obvio, que a la altura del siglo XV se tenía una cosmovisión, un desarrollo científico diferente y por lo mismo, se tenían que tener visiones distintas de los mismos fenómemos que analizamos hoy de manera diferente. Pero tampoco podemos llegar a la conclusión de que las culturas americanas eran o son superiores a las europeas. Digamos por ahora que simplemente son diferentes.