25 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
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Dos años sin don Willy Vargas

Por Orlando Cadavid Correa
12 de octubre de 2015
Por Orlando Cadavid Correa
12 de octubre de 2015

orlando cadavid

Por Orlando Cadavid Correa

Se acaba de cumplir el segundo aniversario del fallecimiento de otro grande de los medios electrónicos. Recordamos que a comienzos de octubre de 2013 cerró su ciclo vital, en Bogotá, el veterano radiodifusor  Willy Vargas Gómez, otro integrante de la briosa pléyade caldense que contribuyó a hacer grande la industria radial colombiana.

Su deceso se produjo en una clínica de Bogotá cuatro meses después del fallecimiento — también en la gran metrópoli– de su coterráneo y mentor don Fernando Londoño Henao, el gran timonel de la cadena Caracol.

“Don Boris” –como lo llamaba en plan de broma uno de sus hijos— nació en Aguadas, de donde partió muy joven hacia Manizales en compañía de sus hermanos Alberto y Jaime, en procura de mejores horizontes. El primero optó por el campo farmacéutico, en Droguerías Aliadas. El segundo se dedicó, entre otros oficios, a la contaduría pública.  Y el tercero se entregó a la radio, siempre bajo la égida de don Gilberto Aristizábal Estrada.

En las emisoras La Voz del Ruiz y Radio Reloj hizo la primaria y la secundaria hertziana, sin perder un solo año. Ofició como locutor, discotecario, administrador y subgerente. La gerencia estaba reservada para su jefe, que dedicaba más tiempo al manejo de su editorial “Alfa y Omega”. Por varios años la radio y la imprenta de su patrón ocuparon las dos plantas de una vieja casona de la carrera 22, a 25 metros de la Plaza de Bolívar.

Cuando don Fernando  Londoño consideró que Willy ya estaba formado para llevarlo a las grandes ligas de la radio, le confió el manejo y arreglo de una situación de crisis que vivía Caracol en Barraquilla. Superados los problemas en el trópico, pasó a gerenciar La Voz del Río Cauca, en Cali.

Posteriormente fue llevado a Bogotá en donde ejerció como gerente general de Caracol y director de Emisoras Nuevo Mundo.

Tras su inexplicable retiro de la cadena de todos sus amores se fue a montar el Grupo Radial Colombiano, de propiedad de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela y logró coronar este empeño pese a los peros que le poníamos sus amigos por la procedencia del capital del referido binomio.

Finalmente, se dedicó a sus negocios particulares y nos sorprendió a todos al entregarse de lleno al manejo de una hacienda ganadera de su propiedad, en Puerto Boyacá, en el caluroso magdalena medio, abandonando para siempre la radio de todas sus querencias. En ese hato lo sorprendió el mal que forzó su hospitalización en Bogotá, donde  expiró el martes 1 de octubre, cuando se acercaba al octavo piso.

El colega Iván Darío Góez nos da un dato que nos faltaba: don Willy tuvo en sociedad con el político Luis Guillermo Giraldo y el empresario Carlos Alberto Mejía una emisora en FM, situada en el municipio de Neira, la cual fue comprada a la postre por Caracol y trasladada a Manizales, convirtiéndose en Radioactiva, ya desaparecida.

Su muerte repentina nos dio duro a muchos de los que tuvimos el honor y el  privilegio de haber molido radio bajo su sabia dirección.

Desde Miami expresó así su sentimiento de pesar su amigo de siempre  Eucario Bermúdez: “Orlando: Me ha impactado tremendamente la desaparición del gran Willy Vargas. Compartí años mozos con él en nuestro Manizales del alma. El en Radio Reloj primero y luego en la Voz del Ruiz que usted  vivió mejor que yo con el genio de don Gilberto con quien ahora se reencuentra en la vida eterna. Mantuvimos una estrecha relación, de suma amistad y colegaje. A Willy le distinguían su caballerosidad, generosidad y gran señorío. Abrió las puertas a muchos colegas de esa pléyade de principiantes que empezábamos a gatear en estas lides de la radio y el periodismo empírico. Su profesionalismo lo llevó luego a posiciones de alta gerencia que incluyeron a Emisoras Nuevo Mundo, cuando ya yo había pasado a la televisión. De ahí en adelante acumuló muchos éxitos radiales en otros medios a los que imprimió su gran ritmo positivo. Lo recordaremos siempre con admiración y cariño. Nuestro pésame a su querida familia”.

La apostilla: Debieron ser muy poderosas las razones que tuvo don Willy Vargas para cambiar el bello sonido emanado del cuadrante de un radio  por el mugido de una vaca lanzado desde un potrero.