15 de agosto de 2022
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Pasando el río

Columnista de opinión en varios periódicos impresos y digitales, con cerca de 2.000 artículos publicados a partir de 1971. Sobre todo, se ocupa de asuntos sociales y culturales.
4 de septiembre de 2015
Por Gustavo Páez Escobar
Por Gustavo Páez Escobar
Columnista de opinión en varios periódicos impresos y digitales, con cerca de 2.000 artículos publicados a partir de 1971. Sobre todo, se ocupa de asuntos sociales y culturales.
4 de septiembre de 2015

GUSTAVO PAEZ

Las fotos muestran filas de hombres y mujeres que atraviesan el río Táchira en medio de una temperatura tórrida, transportando las pocas pertenencias que han podido salvar en su desalojo precipitado de Venezuela. En la ribera aparece un hombre desolado que cuida el cabezal de la cama, el armario, un atado de tablas y otros utensilios, y piensa sin duda en su familia separada por la ferocidad de Maduro.

Fotos infamantes de la grave crisis humanitaria sufrida por Colombia bajo la garra del déspota tropical con pretensiones fascistas. Van hasta el momento, entre las personas deportadas y las forzadas a emigrar, más de 10 mil colombianos a quienes no quedó otro camino que escabullirse por trochas y ríos peligrosos, entre maltratos, humillaciones, vejámenes y la amenaza de los fusiles.

Esta operación de “limpieza” se realiza no solo en los 10 municipios de Táchira que fueron declarados en estado de excepción, sino en Caracas, de donde han sido deportados 32 colombianos. Hoy, ser colombiano en Venezuela es sinónimo, para Maduro y su régimen, de narcotraficante, contrabandista o paramilitar. No es que así lo crean, sino que les conviene señalarlo a fin de crear un hecho perturbador de las elecciones parlamentarias de diciembre, para impedir de esa manera el voto adverso de sus compatriotas. Desde luego, también hay venezolanos incluidos en la misma calificación.

Se dice que es la frontera más peligrosa del mundo. Por allí circulan cada día 200 mil personas, muchas de ellas dedicadas al contrabando y otros delitos, y pertenecientes a los dos países. El problema es común y debería, por lo tanto, controlarse en ambas direcciones.

De la noche a la mañana las casas de sencillos colombianos quedaron marcadas, como en el régimen de Hitler, con las letras R (revisada) y D (demoler), y estas últimas fueron derribadas con ímpetu diabólico. Queda para la historia este cuadro imposible de borrar en la memoria de las crueldades humanas. Más clara no puede ser la xenofobia implícita en la actuación de Maduro, ni más evidente su ánimo agresivo contra los colombianos, con lo que quiere tender un telón de humo sobre los asfixiantes problemas internos que vive su gobierno.

Ahora bien, Uriel Ortiz Soto revela en El Espectador, este 1° de septiembre, que al fin se ubicó la partida de nacimiento de Maduro. Dice que su nombre completo es Nicolás Alejandro Maduro Moros, nacido en Ocaña, Norte de Santander (Colombia), el 21 de noviembre de 1961, partida de nacimiento número 11, folios 412 y 471. De ser así, es presidente ilegal de Venezuela. Y no se entendería su mala leche respecto a su fobia contra los colombianos (sus propios paisanos).

Esta tensión ha sido persistente desde los propios albores de las dos naciones, ambas libertadas por Bolívar (venezolano de nacimiento y colombiano de corazón). La traición de Páez significó el retiro de Venezuela de la Gran Colombia, poco antes de la muerte de Bolívar. El conflicto fronterizo por la delimitación marítima en el Golfo de Venezuela ha dado lugar a contiendas recurrentes, que en ocasiones han hecho exacerbar los ánimos de los presidentes de turno de ambos países. Mala estrella nos alumbra.

No obstante, por épocas cesa la hostilidad y se fortalecen las buenas relaciones. De hecho, Colombia ha contado con la amistad de eminentes mandatarios del llamado país hermano. Que hoy de hermano no tiene nada. “Así no se comporta un país amigo”, dijo la canciller María Ángela Holguín. Maduro prefiere la provocación, el tono altisonante, el insulto, la befa y la rudeza. Dios nos libre de sus rayos y sus desesperos. Y que a Colombia Dios la libre de utilizar sus mismos procederes.

Lo que más se lamenta es que organismos que debieran actuar con prontitud y eficacia para dirimir la actual coyuntura, como la OEA y Unasur, sean inoperantes  para propiciar fórmulas de entendimiento entre ambos países y proteger la dignidad humana, tan pisoteada en esta ocasión. ¿Por qué camino vamos? ¿En qué quedan los principios de mutuo respeto, de integración continental y sobre todo de hermandad entre los países libertados por Bolívar?

Maduro ha hecho el milagro de unir a los colombianos en torno a la política del  presidente Santos para manejar el conflicto por la vía diplomática y con las dosis de serenidad, paciencia y firmeza de que ha hecho gala. Ese es el camino que debe seguirse.

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