18 de agosto de 2022
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Ni Santos ni Maduro ni Uribe

31 de agosto de 2015

Víctor Zuluaga Gómez

victor zuluagaHace muchos años las ciudades de la costa Atlántica se inundaban de carros de alta gama procedentes de Venezuela, y con ellos unos nuevos ricos con la manos llenas de bolívares que desparramaban por donde iban, comprando mercancías que eran de difícil adquisición en su tierra. Era algo parecido a lo que ocurría con España cuando llegaron a América a despojar del oro y sus riquezas a los aborígenes: al regresar a su patria con los bolsillos llenos, querían comprar lo más costoso, y lo más grande. De allí que en son burlesco los llamaran los “Haigas” por aquello de “deme la más grande que haiga”. Y los venezolanos no disponían del oro, pero sí de petróleo a borbotones, como para adquirir lo que quisieran. Con el tiempo, los españoles incentivaron a los ingleses a desarrollar la manufactura y la industria para vender sus mercancía a los “nuevos ricos” y los colombianos harían lo mismo para satisfacer las necesidades de los hermanos venezolanos que nunca se han preocupado por cosa distinta que la de explotar el petróleo.

En esas circunstancias, cuando llega Chávez a Venezuela, los precios del petróleo alcanzan cifras impensadas, así que eso le permitió dar subsidios, regalar petróleo a Cuba, a Argentina, a Bolivia y a Nicaragua. Así fue creciendo el proyecto bolivariano, que tenía un respaldo en una moneda dura y en una bonanza petrolera. Pero al mismo tiempo, en el caso de Colombia llegaba la época de las vacas flacas, con unos precios del café a nivel internacional que significaban ruina para los productores del principal producto de exportación. Entonces vendría el doctor Uribe a estrenar su política de atraer capital extranjero sobre todo para la explotación minera, pero al mismo tiempo incentivar la industria flexibilizando la contratación de trabajadores, eliminando las horas extras y todo lo que significó un duro golpe para los sectores trabajadores. Fue en esa época en donde se inició el proceso para la firma de tratados de libre comercio que recientemente culminaron y que también han afectado de manera seria a los productores campesinos.

En esas condiciones, el flujo de ciudadanos colombianos hacia Venezuela era inimaginable. Venezuela se convirtió en el sueño para muchos sectores pobres de la población que no veían futuro alguno en Colombia. Pero es que al lado de este fenómeno, es imposible no decir nada sobre el tipo de economía que desde siempre se ha practicado en la frontera: el contrabando. En la medida que Venezuela “nada” en petróleo y su precio interno es muy bajo; en Colombia tiene impuestos onerosos que triplican su precio. En este sentido, las condiciones están dadas para que el contrabando se convierte en una actividad rentable para habitantes de frontera.

Pero la actitud de Santos no ha sido lo suficientemente fuerte en el sentido de demandar ante las entidades internacionales correspondientes, los atropellos que se vienen cometiendo con los colombianos que se encuentran en Venezuela, así sea como indocumentados. Se trata de la exigencia de un trato humano que se debe dar a todo ciudadano de cualquier parte del planeta.

Y reprochable desde todo punto de vista la posición que ha asumido Maduro, porque sabe perfectamente que lo que ha venido sucediendo en la frontera no es una cuestión de una semana o meses sino de años y por lo mismo requiere de un análisis sensato y en todo caso con medidas que no atropellen. El precio del petróleo en estos momentos, tiene en apuros su revolución bolivariana y quiere distraer la atención señalando a los colombianos como los culpables de su fracaso como gobernante.

Y por último, una posición oportunista la del doctor Uribe, buscando votos en un momento en que es necesario asumir una posición de respaldo y exigencia a las autoridades colombianas para que no se cometan más excesos. Sobre todo cuando muchos de esos compatriotas salieron del país cuando en su gobierno creó condiciones ventajosas para los inversionistas y desventajosas para los trabajadores.

Enérgico el pronunciamiento del doctor Gaviria frente a la crisis y lamentable la posición del expresidente Samper.

Lamentables también los atropellos que se han cometido con los desalojos de indígenas en la Guajira, en el Cauca y en otros municipios de la costa Atlántica. Ello, no justifica de ninguna manera los atropellos del líder de la revolución bolivariana, si el mensaje que se quiere transmitir es el de que desalojos se presentan todos los días en Colombia. Y obvio, Caracol y RCN tiene todas las cámaras disponibles para mostrar lo que les conviene a sus patrocinadores.