8 de agosto de 2022
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Me caso con la diplomacia

31 de agosto de 2015
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
31 de agosto de 2015

A VUELAPLUMA

Por Augusto León Restrepo

augusto leon restrepoTengo que reconocerlo. Yo soy apaciguacionista. Es decir, a estas alturas de mi vida, y yo creo que desde siempre, he tenido alma de bombero. Los pirómanos no me simpatizan ni me parecen divertidos. Tiene razón el Presidente de nuestro Congreso, Doctor Luis Fernando Velasco, cuando dice que esta es la época de los que manejan las mangueras y no de los neronianos. Me caso con la diplomacia. Como en todos los problemas que se presentan, en especial entre pueblos vecinos, prefiero que se eche lengua a que se eche bala. Pero tampoco ofrezco la mejilla para que me agredan o para que continúen con ella cuando es injustificada. Lo de la otra mejilla, no va conmigo. Desde luego, me refiero a lo que sucede en la frontera de nuestro país con Venezuela, tema en el cual los colombianos nos graduamos de especialistas y doctores. Miles y miles de opiniones y fórmulas mágicas para resolver el conflicto han aflorado a través de la semana que terminó.

El viernes inmediatamente anterior las fuerzas políticas colombianas cerraron filas alrededor del gobierno. Excelente noticia. «Paz en el interior y guerra en la frontera», fue el lema que se regó por todas partes cuando hubo una guerrita – con el Perú – en la que hubo menos de cincuenta bajas. Parece que la historia se repite y por emisoras y periódicos se pide que antes de que Santos y Maduro se encuentren, se debe presionar para que Juan Manuel Santos Calderón y Alvaro Uribe Vélez se sienten a desayunar changua y calentao paisa. Pero si no lo hacen, no pasa nada. Es un saludo al tricolor nacional. Lo importante es que Juan Manuel Santos gobierne, que es para lo que lo elegimos. Yo pediría mas bien que se sentaran en un vivac los comandantes de las fuerzas que manejan los procedimientos en Venezuela y Colombia y que tienen que ver con el ingreso a ambos países de ciudadanos fronterizos , repasaran las cartillas de los derechos humanos y las aplicaran en toda su extensión. Y los Embajadores y los cónsules y los procuradores y los defensores del pueblo, en busca de meterle pragmatismo al asunto y exigir que se trate como personas a las víctimas, así se pruebe que se trata de delincuentes, o simples desplazados o trabajadores que suponen mas fácil la solución para sus carencias el domicilio en otras tierras , y se verifique, sumariamente, la responsabilidad de las bandas criminales que bajo el supuesto del gobierno venezolano quieren desestabilizar su sistema político y económico. Y que el contrabando, raíz indesconocible de los males de la frontera, ahora sí sea tratado como asunto prioritario en cuya solución han de intervenir con decisión y sin reparos las autoridades de ambos países.

Para los colombianos, política y técnicamente, los paramilitares no existen. Son delincuentes comunes, sin ningún reconocimiento de que pretendan refundar al Estado colombiano ni mucho menos al Estado venezolano. Esto lo debiera saber, mas que nadie, el burócrata internacional Ernesto Samper Pizano. Debe comprobarse tal descalificación. Eso de señalar como paramilitares a barrios y comunidades enteras, a dedo, y ponerlos pies en polvorosa, no se le ocurre si no a un gobernante de una república bananera, como el señor Maduro. Quien, de paso, se ve que no conoce ni de fundas a uno solo de los salvajes que se conocieron como paramilitares en Colombia. ¿ Ustedes creen que si esos delincuentes estuvieran organizados en Venezuela, se hubieran dejado sacar de sus guaridas como mansos caninos ?. Hombre Maduro, no sea tan ingenuo. ¿ Donde están las armas decomisadas, las ametralladoras, los fusiles, los francotiradores, el poder bélico de los presuntos paramilitares ? . Los expulsados de Venezuela son modestísimos colombianos, pobres de solemnidad, que prefirieron el hambre, las privaciones venezolanas, la informalidad, al hambre, las privaciones y la informalidad colombianas.

Los abusos del gobierno venezolano van a ser denunciados ante los organismos internacionales como la OEA, la ONU y UNASUR, después de que los iniciales acercamientos diplomáticos resultaron fracasados. Las Cancilleres de ambos países, reunidas en Cartagena, así lo reconocieron. Y el silencio telefónico de Maduro, quien se niega a conversar con nuestro Presidente, quien sabe hasta cuando. El mandatario venezolano viaja a Vietnam y la China y hasta hoy, que se sepa, no ha aplazado el recorrido. Nos quedamos sin interlocutor directo por mas de una semana. Ojalá que suplan tal inconveniente las conferencias programadas y echen baldados de agua fría sobre los calenturientos. Porque la vulnerabilidad aparece de bulto. Cualquier incidente aupado por lo que un Obispo venezolano llamó el patriotismo pendejil , al que están muy propensos políticos de ambos lados de las fronteras, puede ser el comienzo de un enfrentamiento bélico, que sería catastrófico, sobra decirlo.