16 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Laboratorio del postconflicto en Samaná

11 de agosto de 2015
11 de agosto de 2015

61 veredas desminadas hacen parte del proceso de restitución

Desminado mayo 18 de 015

 

MANIZALES, 11 de agosto de 2015. La Unidad de Restitución de Tierras (URT) territorial Valle del Cauca–Eje Cafetero amplió su intervención a 61 veredas de Samaná, el quinto municipio de Colombia con mayor afectación de minas antipersonales y munición sin explotar.

Este avance permitirá la habilitación de 35 nuevas zonas dentro del municipio de Samaná, territorio en el oriente de la región y golpeado por la violencia guerrillera y paramilitar que generaron desplazamientos y despojos de tierras de la población de forma marcada entre los años 1998-2010.

Como parte del compromiso de la Unidad de Restitución de Tierras, Territorial Valle del Cauca – Eje Cafetero, de resolver las solicitudes por restitución y despojo de las comunidades campesinas del departamento de Caldas

Samaná se ubica en la zona nororiental del departamento, en la región del Magdalena Medio de Caldas y cuenta con una población aproximada de 25.600 habitantes que se distribuyen en su casco urbano y cerca de 150 veredas en su zona rural.

En relación a los actores armados que han hecho presencia en el municipio, encontramos que desde finales de los años 70 ha hecho presencia la guerrilla de las FARC, específicamente el bloque noroccidental, con su frente 47 de las FARC, que hizo presencia por muchos años en esa región comandados por la temida Alias Karina. Desde mediados de la década de los 90 llegan los grupos paramilitares, especialmente los Frentes Omar Isaza y Jhon Isaza de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM). Estos grupos ejercieron un control social, político y territorial sobre el departamento de Caldas en diferentes periodos de tiempo y cometieron de manera generalizada infracciones al Derecho Internacional Humanitario y violaciones graves y manifiestas a las normas internacionales de Derechos Humanos.

En la coyuntura de los diálogos de paz en que nos encontramos, diversos analistas y las mismas partes negociadoras han reconocido que con la firma de los acuerdos de paz se viene la parte más compleja: su implementación. De esta complejidad son testigos víctimas y funcionarios de la Unidad de Restitución de Tierras, al tener reales imposibilidades de avanzar con esta política que lleva justicia al campo, debido a que antes de cualquier ingreso al territorio deben haberse adelantado todas las labores técnicas y sociales del desminado humanitario, que en la geografía colombiana resulta ser aún más cuidadoso y de más largo aliento en sus resultados.

Para dar cuenta de estas dificultades, no basta sino recordar el grave accidente donde perdió la vida un soldado el pasado mes de julio, en el marco del piloto de desminado que adelantan de manera conjunta el Ejército y las FARC en el municipio de Briceño, Antioquia. No en vano, Colombia es el segundo país más afectado por estos artefactos después de Afganistán. De ahí, el reto a que se enfrenta la implementación de la política de restitución de tierras y los cuantiosos avances que se tienen a pesar de estas dificultades.

En este contexto histórico de violencia en Caldas y el Eje Cafetero en contraste con las buenas condiciones de seguridad de los últimos años, hizo que esta región fuera una de las 8 priorizadas en el marco de la estrategia 20/15, cuyo objetivo es resolver el 100% de las solicitudes de restitución en el marco de mayores garantías de productividad, sostenibilidad y mitigación del riesgo de re-victimización.

Fue precisamente Samaná, donde desde el mes de mayo de 2014 fueron focalizadas las primeras 26 veredas para dar trámite a más de 150 solicitudes que se encontraban en su interior. Ahora se suman 35 nuevas veredas en la implementación de la política, donde el riesgo de accidentes por minas fue mitigado por el Ejército Nacional y se amplía la puerta para que miles de hectáreas abandonadas puedan volver a sentir las manos de las familias que lo dejaron por huirle a la guerra.

La Unidad de Restitución de Tierras continúa en la región del Eje Cafetero construyendo junto a las víctimas del conflicto y con la articulación de instituciones locales y regionales, fortaleciendo esta “primera piedra” del postconflicto en el País, que refleja el apasionamiento de vivir este momento histórico de contribuir a la PAZ de la cual muchas generaciones ya se olvidaron, pero también, de los grandes retos y dificultades por resolver que tiene los ciudadanos colombianos y sus instituciones para sanar las heridas que han dejado décadas de guerra.