24 de abril de 2024

Y, quién manda aquí?

3 de julio de 2015
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
3 de julio de 2015

HERNANDO ARANGO MONEDERO

hernando arangoAterrador lo que en Colombia se viene sucediendo, al grado de que desde fuera de nuestras fronteras se sienten autorizados ya para hacer y decir lo que se les viene en gana, en la seguridad de que desde nuestro gobierno nada se dirá y todo se aceptará sin mayores problemas.

Y, que fuera solamente lo que dicen desde Cuba los “interlocutores” del gobierno, si es que se puede hablar de interlocutores y no, más bien, ordenadores, como quiera que el gobierno recibe órdenes de las Farc, órdenes que son obedecidas pie juntillas y en tiempos breves, para no quedar mal con sus ordenantes y con tal de que no se vayan a molestar, so pena de que a alguien se le escape el muy trabajado premio a la paz, el que con más de diez viajes a diferentes países, en busca de apoyo a la “labor”, que no a los resultados, se han realizado. El último de estos viajes se efectuó al corazón del centro de decisiones, es decir, a Noruega. Con el “informe” rendido allí, es casi segura la nominación del impulsor de esta gesta, gesta que nos tiene al borde de un acuerdo final; final que ya va para más de dos años; acuerdo que ya esta de un ala; acuerdo que para el gran “gestor” llegará en menos de lo que un fraile chato se persigna; acuerdo que, en la contraparte, es muy lejano. Acuerdo que, ante las incertidumbres, el desenfado y el accionar de las Farc, estará condicionado, como en muchas veces nos lo han anunciado, a la entrega del poder sin más y sin menos.

Y a fe que todo conduce a que así será. No de otra manera puede interpretarse el que ante los anuncios de las Farc, de estar comprometidas con la paz, cada día nos sorprenden agregando un ataque a un poblado, a una torre de energía que perjudique a un buen núcleo de ciudadanos, a un oleoducto que al verter su petróleo contamine caños, quebradas y ríos, para que al final llegue a un acueducto y prive de agua tratada a más gente. En cuanto haya más perjudicados, mejor y más exitosa la operación. Así, de esta manera presionan a quien da muestras de una debilidad impresionante; a quién está dispuesto a todo con tal de obtener esa “distinción” internacional, así haya que entregar una democracia, al igual que parodiando a Enrique de Borbón, quién se convirtió al catolicismo para poder acceder al trono de Francia como Enrique IV, dijo, Paris bien vale una misa. Aquí, ya, el lema es, “el Nobel bien vale una democracia”.

Sí, bien vale una democracia y, cínicamente nos anuncia que la paz la conseguirá por la razón o por la fuerza. Fuerza que no sabemos a ciencia cierta sobre quién será aplicada, si sobre los narcoterroristas de las Farc, o sobre el pueblo colombiano que día tras día se ve golpeado por las fuerzas, no sabemos ya de quién, si del nuevo estado controlado desde ahora por ese grupo de facinerosos, o por las “”gloriosas fuerzas armadas revolucionarias de Colombia”.

Pero, si por acá llueve, por nuestras fronteras no escampa. Y no escampa por los rigores del clima propiamente dicho. No! No escampa por el atrevimiento de nuestro hirsuto vecino, Maduro de Venezuela, quién de buenas a primeras y, en un acto inédito en tiempos de paz y de respeto entre naciones, resuelve arrebatarle a Colombia el mar territorial a que tiene derecho en la Guajira. Desde luego que ya es de recurso histórico el que Venezuela, cuando tiene problemas internos, como ahora los tiene, busque generar un problema con sus vecinos. Y ya lo intentó en días pasados con Guyana, cosa que no le funcionó, apropiadamente, ante la reacción de su gobierno que lo paró en seco, razón por la que volteó su ataque sobre esta frontera, en la certeza de que, ante sus arrestos tradicionales, nuestro gobernante se ha mostrado sumiso y temeroso de perder su “apoyo” a la mesa de Cuba, apoyo que también ha brindado a los jefes de las Farc, quienes han vivido en su territorio a sus anchas, cosa que ya ha sido demostrada a saciedad y que le autoriza a hacer frente a nosotros lo que le viene en gana.

Así las cosas, y ante el inclinado y genuflexo proceder de Colombia, de ese mar no solo salió una vez una fragata para no volver, sino que tampoco podremos humedecer nuestros pies en playas colombianas y en las aguas del vecino alevoso.

Y, a todas estas: ¿Qué ha pasado con las voces de los defensores del medio ambiente, que con tanta algarabía y entusiasmo apoyaron los pedidos de las Farc para que no fumigaran sus cultivos de coca con glifosfato, por contaminante, pero que ahora callan ante el daño que las Farc vienen haciendo en distintos lugares del país? Donde están, que se ficieron Piedad, Cepeda y sus compinches? ¿Qué de su silencio y complicidad? Vaya! Vaya!

Manizales, julio 3 de 2015.