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Homenaje a mi padre

3 de julio de 2015
Por Alberto Marín Ocampo
Por Alberto Marín Ocampo
3 de julio de 2015

Con motivo de los 100 años del nacimiento de Ramón Marín Vargas

Ramón Marín Vargas
Ex gobernador de Caldas Ramón Marín Vargas. Un hombre que dejó profunda huella no sólo por su inteligencia y estatura intelectual, sino por su honestidad a toda prueba.

Alberto Marín Ocampo M.D.

No sé cómo empezar, si de pronto estoy cometiendo un sacrilegio, si estoy sobre arenas movedizas, o tengo el pleno derecho por ser parte de la estirpe que esculpiste con generosidad como solo lo saben hacer los “grandes”. Así te llamaré “grandeza”.

Desde tus comienzos, de cuna humilde, el inicio de una generación que creció contra viento y marea, donde la modestia era el estandarte para enfrentar la vida diaria. Muy temprano sufriste la ausencia materna, pero en cambio tuviste el privilegio de recorrer las páginas de actualidad y la historia del universo, la que devoraste sin contemplación ni reparos. La avidez de tus conocimientos era tan intensa, que el tiempo fue tan corto para disfrutarlo a plenitud.

Escudriñar el pasado, sobre todo cuando se trata de hombres que no tienen comparación, únicos en su serie, se abre entonces un inmenso interrogante.

Una centuria, significa para los mortales un tiempo incalculable, pero para los grandes, es apenas un ápice en el concierto del universo.

Fuiste tan vital, tan prolífico, que el tiempo fue corto para cerrar senderos que desde muy joven habías abierto para perpetuarte en el tiempo, hubo de ser necesario atomizarte en una docena de vástagos para repartir tus innumerables virtudes, que solo tú podías contener.

Viviste tan intensamente este paso terrenal, que una centuria se queda corta para expresar toda tu grandeza. Fuiste claro, limpio, brillante, honesto, visionario, generoso y sobre todo íntegro e irrefutable. Estuviste presente en los momentos históricos del siglo recién pasado, donde tus pensamientos siguen vigentes.

El gran hacedor del universo te recogió temprano, porque así como él y bien lo expresaste en una despedida a las víctimas de la violencia dictatorial “los dioses los prefieren jóvenes”.

Tengo la certeza de que desde algún sitio del cosmos estás vigilante y lamentando la descomposición de nuestro planeta, en el que los valores que conociste ya no existen, un mundo que extravió su norte, y hemos construido una nueva torre de Babel. Lo malo, hoy es lo bueno, ya la vida no tiene ningún valor, la ética retrocedió en todos los aspectos, el hambre es el pan de cada día y en el afecto hay vacíos insostenibles; y la mafia armada está apuntando a la destrucción del planeta.

Quisiera saber qué piensas. Te busco en el recuerdo y te ubico en tu ritual diario, te veo impecable e inmenso. Oigo tu voz pero no sé dónde. Quisiera encontrarte, pero te pregunto: ¿A dónde fuiste grandeza?