17 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Estados Unidos y el terrorismo racista

10 de julio de 2015
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
10 de julio de 2015

albeiro valencia

Por: Albeiro Valencia Llano

Crece el odio racial en el país de “el sueño americano” y aumenta en la medida en que esta poderosa nación se transforma en el gendarme del mundo. El 19 de junio Dylann Roof, un joven blanco de 21 años, asesinó a nueve personas en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel, fundada en 1816 por el líder abolicionista Morris Brown. En este templo pronunció un discurso Martin Luther King, en 1962, y se convirtió en importante centro de lucha por los derechos civiles; hoy es uno de los símbolos de la comunidad afroamericana.

En su perfil de Facebook aparece Roof en una fotografía vistiendo una chaqueta con las banderas de los antiguos regímenes racistas, Sudáfrica y Rodesia; en otra imagen está junto a un carro con una matrícula decorada con la bandera de la Confederación, que representa a los estados esclavistas del sur de Estados Unidos, durante la Guerra Civil de 1861-1865. El sitio incluye el acceso a un manifiesto de cuatro páginas, donde  el autor expresa sus sentimientos racistas; afirma que escogió la ciudad de Charleston (Carolina del Sur) porque esta población llegó a tener mayor porcentaje de habitantes negros. Hoy tiene 127 mil habitantes y el 67% son blancos, pero el condado posee una larga historia de tensión racial; por este motivo son comunes los carteles que dicen, “La vida de los negros importan”.

El peso de la historia

Avanza el odio racial y sobre este preocupante tema afirmó el presidente Obama que “el hecho de que esto tenga lugar en una iglesia negra evidentemente plantea interrogantes sobre un página sombría de nuestra historia”. Es que en este país pesa mucho el pasado esclavista; todavía está vivo el Ku Klus Klan, el movimiento segregacionista que nació después de la Guerra Civil y que desató y alimentó odios contra las minorías y contra la población afroamericana. Hacia 1960 estallaron protestas en numerosas ciudades, por los derechos civiles y la igualdad de los negros ante la ley; su máximo líder Martin Luther King encabezó la lucha por la integración de las comunidades y por alcanzar el ideal de construir un país para todos, pero no pudo ver realizado su sueño porque fue asesinado en Memphis, en 1968. Este hecho desencadenó una ola de violencia en 125 ciudades, con un resultado trágico de 46 muertos y 2.800 heridos.

Este país es el padre del apartheid y las minorías eran obligadas a vivir en reservaciones; pero el hilo histórico se prolonga hasta hoy pues en las grandes ciudades existen distritos especiales  para cada cultura y el Estado invierte menos en los “guetos negros”. Esta etnia suma 45 millones de personas y el 70% se consideran ciudadanos de segunda; por cada dos blancos en prisión hay 11 afroamericanos. El 73,4% de los blancos tiene casa propia, mientras que sólo el 43% de los afroamericanos son propietarios de sus viviendas; esta misma proporción se observa en las tasas de empleo y en la educación básica y superior.

Pero, además, el abuso policial es una constante. El 9 de agosto de 2014 el policía blanco Darren Wilson asesinó al joven afroamericano Michael Brown, de 18 años, aunque estaba desarmado; el crimen sucedió en Ferguson (Missouri) una comunidad de 21 mil habitantes, pero inmediatamente se desataron manifestaciones de protesta pidiendo justicia. Las imágenes de indignación, mítines y saqueos alarmaron a los estadounidenses porque recordó el movimiento contra la discriminación racial de los años sesenta del siglo pasado. Otro caso gravísimo sucedió el 12 de abril en Baltimore, estado de Maryland, cuando murió el afroestadounidense Freddie Gray a manos de la policía; seis uniformados lo sometieron a la fuerza y cuando llegó al hospital, una hora después, tenía fracturadas tres vértebras de la espina dorsal y la laringe rota. De acuerdo con el informe del forense las heridas le causaron la muerte. Inmediatamente se desencadenó  una oleada de manifestaciones violentas contra la brutalidad policial, en una demostración de indignación frente al racismo creciente, en esta ciudad donde dos tercios de la población es  afroamericana. Este fue el motín más violento de la última década, con un saldo de 145 carros incinerados, varios almacenes incendiados, 15 policías heridos y 300 personas arrestadas por participar en los disturbios. El pueblo relacionó estos hechos con los graves incidentes que hubo en abril de 1968 por el asesinato de Martin Luther King.

De acuerdo con la revista The Economist en Baltimore se conjugan el estallido de las tensiones raciales con una profunda desigualdad. En la ciudad la tasa de desempleo es de 9%, pero entre los afroestadounidenses es de 30%, mientras que en los jóvenes llega a 37%.

Un símbolo de los fanáticos racistas

Pero el hecho que protagonizó el joven Dylann Roof, cuando realizó la masacre en una iglesia emblemática, tiene un nuevo ingrediente; se trata de la bandera confederada, un símbolo de los supremacistas blancos, de la esclavitud y de la segregación racial.

Veamos algo de la historia. En 1860 Abraham Lincoln fue elegido presidente por el Partido Republicano pero los esclavistas del sur contestaron con la rebelión. El Estado de Carolina del Sur declaró que se separaba de la Unión y otros estados esclavistas hicieron lo mismo, eligieron su propio Congreso, adoptaron el nombre de Confederación y argumentaron que “La piedra angular de nuestro nuevo gobierno es la convicción de que el negro no es igual al hombre blanco, y de que la esclavitud es un estado normal para los miembros de la raza negra”. De este modo se inició la Guerra Civil entre el Norte y el Sur que culminó en la primavera de 1865 con la victoria de los ricos estados del Norte. Pero para significar que el odio continuaría fue asesinado, el 14 de abril de 1865, el presidente Lincoln, quien había eliminado la esclavitud. Los rebeldes del Sur crearon la bandera confederada, como símbolo de batalla, diferente a la odiada de las “barras y estrellas” de los yanquis. Y terminada la guerra se utilizó para conmemoraciones, para congregar a los veteranos de la Guerra Civil, para recordar las penurias y sufrimientos, y como emblema de la cultura sureña, especialmente la musical. Pero  pasaron los años y la bandera de la Confederación la empezaron a agitar los miembros del Ku Klus Klan, los defensores de la segregación y los adalides de la supremacía blanca.

A pesar de la alta tensión racial en Estados Unidos la bandera sigue ondeando en varios estados; ante la polémica que se viene desatando en el país afirmó el presidente Obama que “la bandera confederada debería estar en un museo”. El racismo sigue creciendo a pesar de la llegada a la Casa Blanca del primer presidente afroamericano, porque esta nación fue creada como una democracia de esclavos, con una supremacía de los blancos. Aquí hay algo de fondo: “Obama es estadounidense antes que africano; el racismo se agudiza porque la ultraderecha no perdona que un miembro de las minorías gobierne el país más poderoso del mundo. El odio de los ultranacionalistas contra las comunidades afroamericanas y las minorías, seguirá en ascenso en esta nación que se considera el paraíso de la democracia.