28 de febrero de 2021
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Se han perdido dos generaciones

18 de junio de 2015
Por Guillermo Gärtner Posada
Por Guillermo Gärtner Posada
18 de junio de 2015

Guillermo Gärtner Posada

N.D. Esta carta fue enviada a nuestro colaborador Augusto León Restrepo con motivo del articulo «Que se pellizque la clase dirigente», publicado esta semana en EJE 21.

pluma ilustracionMil gracias por su artículo de ayer, pletórico como de costumbre de ideas más que sensatas y expresadas con la claridad meridiana que es habitual en Ud.

Me preocupa desde hace mucho, al igual que a Ud. la actitud de dejadez y desinterés de todas las gentes de nuestra ciudad y quizás de nuestro departamento frente a temas que no solo nos atañen directamente sino que muchos de ellos van dirigidos a nuestro propio bienestar, lo cual, por una extrañísima razón que no entiendo, nos permite hacernos los bobos frente a esos mismos temas y no participar en su formulación y desarrollo en modo alguno. Yo no sé si alguien, con mejores elementos de juicio, haya hecho un análisis más profundo sobre esta actitud nuestra de indolencia y desinterés; por eso, con la venia suya, quiero aventurar algunas aproximaciones.

Creo, con mucho convencimiento, que nuestra comarca adolece desde hace muchos años de una clase dirigente que se comporte como tal; desde la ya muy pretérita época de los llamados “azucenos”. Cuáles son los conciudadanos nuestros que han enarbolado nuestras banderas para concitar una cruzada ciudadana en pos de perseguir algún propósito u objetivo de beneficio común? Le soy franco, no lo conozco, entre otras cosas porque considero que no existe. Después de esa era que mencioné, han ejercido sus labores profesionales en nuestra ciudad una serie de empresarios y gerentes que han tenido relativamente un buen suceso en la conducción de las empresas a su cargo, y en determinadas circunstancias han podido generar unos estados financieros aceptables para sus accionistas o representados pero, por favor Dr. Restrepo señale Ud. a alguno de ellos que haya tenido algún asomo de proyección cívica en nuestro medio para que concite las voluntades de los ciudadanos alrededor de una propuesta económica, social o de desarrollo económico o social que sea importante para esos ciudadanos. Lo invito a que encienda su linterna de Diógenes, con la triste certeza de que agotará su combustible antes de encontrar ese conciudadano. Y que no nos digan ahora que es que no han tenido la oportunidad: cuántos proyectos realmente de beneficio común hemos dejado ir de las manos precisamente por esa indolencia estúpida que Ud. ha mencionado en su excelente artículo? Cada vez estoy más convencido de que, igual a lo que pasó a raíz de la Segunda Guerra Mundial cuando literalmente se perdió una generación, en nuestra ciudad se han perdido por lo menos dos generaciones de dirigentes, porque los que han fungido como tales en las últimas 2 o 3 décadas, no han ido más allá de las torres de marfil de sus gerencias, completamente ajenos a la ciudad que los rodea, ciudad que nunca ha entendido su actitud casi despectiva frente a los desafíos insatisfechos de sus conciudadanos. En resumen y pidiéndoles excusas a nuestros flamantes gerentes de todos estos años, debemos afirmar que Manizales no tiene clase dirigente con vocación cívica ni nada que se le parezca.

Desde hace mucho tiempo, he creído que las ciudades que tienen un periódico local, están en una posición privilegiada para poner el dedo en la llaga de esos fenómenos  de “desgreño espiritual”, generalizados entre nosotros y que nos impiden aunar esfuerzos en pro del beneficio común. Pero tampoco ese privilegio ha obrado en favor nuestro. Cuáles son los proyectos, ideas o aún meros anhelos de la ciudadanía que han encontrado eco y difusión en los periódicos locales? Bien sabe Ud. que la noticias más importantes en nuestra ciudad se enmarcan en el problema del perrito que se le perdió a la niña NN en el parque tal, o en la acera rota que hay en la carrera tal con calle cual que es un peligro ciudadano, o en el celular que se le robaron a fulanito en la esquina tal. Claro que todas ellas son circunstancias que de uno u otro modo afectan la tranquilidad de esos ciudadanos, pero en verdad, poco tienen que ver con un bienestar común más universal que merecería una mención más amplia y profunda en dichos medios. Tampoco vemos allí una invitación formal a los ciudadanos para que hagamos un esfuerzo común alrededor de algo, o el señalamiento de un ciudadano en particular que tenga las cualidades necesarias para liderar un proyecto de cualquier naturaleza.

Un tercer elemento que contribuye a este desánimo generalizado es la pobreza intelectual, en verdad franciscana, de nuestra clase política. Aunque Ud. menciona de manera positiva a un Representante a la Cámara de nuestra comarca,  existe otro similar que haya abandonado su cómoda posición de ilustre desconocido porque ha liderado en Congreso, Asamblea o Concejo Municipal un proyecto de interés común para sus representados? Ud. bien sabe que en la Legislatura pasada hubo miembros de nuestro departamento que no presentaron un solo proyecto de Ley, que solo abrieron la boca para contestar lista y los resultados de sus labores nunca fueron conocidos por nadie porque no se dieron. Creo que nuestra clase política no tiene nada que envidiarle a los besailes, ñoños o kikos de otros lares; ni su comarca ni los que pertenecemos a ella les merecen consideración alguna, su única preocupación válida bien sea en la Asamblea o en los Concejos, es convertirse en palos en la rueda contra el Gobernador y el Alcalde por su reticencia a irrigar dineros que los favorezcan en pleno año electoral. Pero eso sí, que no falten los emolumentos ni las sesiones extras ni los auxilios que alimentan el barril de los puercos que mencionaba el insigne Lleras Restrepo. Si a todo lo anterior agregamos el odio recíproco que existe entre la clase política y el sector privado o de ellos entre sí, estamos definitivamente hechos, como se dice en lenguaje coloquial. Cuando el Gobernador de Caldas y el Alcalde de Manizales ni siquiera se hablan, qué objetivos comunes y de beneficio general podremos esperar que surjan en nuestra región? Mejor, apague y vámonos.

A pesar de que hace rato sobrepasé la barrera de lo largo, tedioso y cansón; quiero mencionar en último lugar que las tres falencias que mencioné antes, traen como consecuencia la enorme falta de unidad de criterios que deberíamos tener en los propósitos comunes. Piense solo en el tema del Aeropuerto de Palestina que tanta urticaria causa en tantísimas personas. Piense por ejemplo en la excelente pieza de nuestro querido y eminente Ing. Carlos Enrique Ruiz quien expuso con claridad meridiana y argumentos muy valederos su oposición total a ese proyecto y contrástela con el tremendo desaguisado de nuestro periódico local que, ni siquiera por cortesía quiso publicarla con la peregrina excusa de que en ella el Ing. Ruiz no sustentaba sus afirmaciones con ninguna clase de argumentos. Qué vergüenza! Permítame compartir con Ud. unos razonamientos que hace mucho tiempo expone un brillante Ingeniero de nuestra región que ha sido motor incuestionable de algunos de los pocos proyectos regionales de infraestructura y de mucha envergadura que han cristalizado en nuestra región con su invaluable concurso y con la formidable experiencia que le han dado largos años de ejercicio profesional serio, responsable y decente. Dice este ingeniero, cuyo nombre no menciono acá porque su inmensa modestia personal no me perdonaría tal infidencia, que, aunque el proyecto del Aeropuerto ya tiene más de 25 años de estar en el tapete, ni siquiera nosotros mismos sabemos en qué consiste el tal proyecto: cada que se menciona, salen a la palestra a opinar nuestros consabidos expertos y unos hablan de hacer una pista de 1,100 metros, mientras otros ripostan defendiendo la pista de 1,600 metros o la de 2,300 o hasta una de 3,600 metros y la mayoría exponen la curiosísima idea de que dicho aeropuerto debe reemplazar al de Bogotá y servir de puerta de salida a un gran porcentaje de la carga aérea que genera el país. Entonces, cuando ni nosotros mismos sabemos qué aeropuerto queremos, cuál necesitamos y nos ponemos a discutir y pelear entre todos sobre estos puntos, los mandos medios de la capital, que son a la postre los que deciden los proyectos del país, encantados de la vida engavetan el proyecto de aeropuerto que tengan entre manos en ese momento, mientras los de Manizales nos ponemos de acuerdo en otros muchos años en cuál aeropuerto es el que queremos,  y así pueden dedicar esos dineros a otros proyectos de otros departamentos. Creo que esta radiografía que hace mi amigo Ingeniero sobre nuestro Proyecto (?) estrella es del todo justa y a la medida.

Como Ud. puede percibir, Dr. Restrepo, estoy demasiado alejado del bello y breve postulado de Fray Luis de León. Pero es que este estado de cosas de nuestro departamento rebasó hace mucho rato los límites de la responsabilidad, la coherencia y el sentido común. Esa idea que nos vendieron hace muchos años de que éramos el Departamento Modelo, hace mucho rato se cambió por la del Departamento La Modelo, con una casta política que parece importada de alguna de nuestras Costas o de una antigua Comisaría. No tengo la menor idea de cómo se deba hacer esto, pero por favor, pellizquémonos, despertémonos de este largo letargo como de Rip van Winkle que solo nos traerá más atraso y frustraciones. No nos echemos más culpas y apropiémosnos de nuestro propio futuro; eso nos lo agradecerán nuestros hijos que también sabrán echarle un piadoso manto de olvido a nuestra pereza mental y a nuestra falta de interés por nosotros mismos.

Créame que soy muy sincero al expresarle con toda franqueza, que no tengo la menor pretensión de convertirlo a Ud. en mi caja de resonancia propia para que se sienta en la obligación de difundir estas deshilvanadas ideas. Jamás de los jamases cometería ese abuso imperdonable con una persona de sus calidades y cualidades. Entiéndame por favor que no estoy planteándole  reto alguno: solo, de la mejor buena fe, estoy tratando de hacer la catarsis de una situación que me preocupa enormemente y cuya solución solamente está en nuestras propias manos con una actitud responsable que nadie más, distinto de nosotros mismos, va a asumir.