24 de abril de 2024

¿Por qué avanza el Estado islámico?

16 de junio de 2015
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
16 de junio de 2015

albeiro valencia

Por: Albeiro Valencia Llano

A pesar de la coalición de 30 países que se formó el año pasado, contra el Estado Islámico (EI), éste sigue su marcha. El grupo insurgente, de ideología islamista suní, sigue avanzando con paso firme y seguro para fortalecer el califato. Mientras tanto los gobiernos de Occidente miran horrorizados sus conquistas bajo la dirección de Abubaker Al Bagdadi, que en las últimas semanas tomó el control de las importantes ciudades de Ramadi (Irak) y de Palmyra (Siria); con estos logros podrá marchar hacia Damasco, Homs y Bagdad y definir su país con claridad. En este momento controla un territorio de 300 mil kilómetros cuadrados, algo parecido al área de Italia.

Ante la situación política de la región tiene todas las posibilidades de afianzar el califato, debido al conflicto interno en Siria, por la debilidad del régimen de Bashar Al Assad, golpeado militarmente desde el año 2011, cuando los gobiernos de Estados Unidos y Europa decidieron asfixiar económicamente el país. De este modo propiciaron un clima adecuado para que llegaron mercenarios de organizaciones radicales de salafistas, suníes, alauitas y miembros de la Hermandad Musulmana, que hizo el llamado para el levantamiento en armas contra Al-Assasd.

Los gobiernos de Occidente se apresuraron a bautizar al EI como un simple grupo terrorista, sin analizar el fondo histórico, cultural, ideológico y religioso. Esta fuerza se fundamenta en la ley musulmana y está anclada en el islam, desde el califato que estableció Mahoma; pero pasó el tiempo e incorporó contenidos políticos. Cuando Estados Unidos y los países aliados invadieron a Irak, en 2003, se unieron a Al Qaeda y se proclamaron Estado Islámico; sufrieron contundentes golpes militares, luego se fortalecieron durante la guerra civil en Siria y emergieron como EIIL o ISSIS. En este punto la organización luchó por controlar territorios y se enfrentó a las fuerzas leales a Bashar Al Assad y a los rebeldes, al Ejército Libre de Siria, a los nacionalistas kurdos y al Frente Islámico; en este momento se distanciaron de Al Qaeda.

En junio de 2014 el portavoz, Abu Mohamed al Adnani, anunció la creación de un califato que se extendería por todo el mundo musulmán y fue elegido Abu Bakar al- Baghdadi, como califa de todos los musulmanes. Ante las circunstancias los gobiernos de occidente entraron en pánico.

¿Por qué el Estado Islámico sigue avanzando?

Antes de 2013 aprovechaba el sentimiento contra Estados Unidos por la ocupación de Irak, luego utilizó el vacío de poder en Siria y las tensiones culturales y religiosas en Irak; supo utilizar la coyuntura, ha logrado el apoyo de numerosos grupos como Boko Haram, de Nigeria y la colaboración de más de 20 mil extranjeros de 70 países. De este modo pasaron de ser un grupo armado de Oriente Medio, a la organización más poderosa de la región. Su inmenso poderío y pretensiones se hicieron evidentes con la toma de Mosul, en Irak, una ciudad con dos millones de habitantes. La estrategia es conquistar nuevos territorios, aprovechando el desangre de Siria, el descuido de Irak y las mañas y contradicciones de los estrategas de Occidente. En este empuje arrollador del EI sus milicias tomaron las ciudades de Palmyra (Siria) y Ramadi (Irak), dos puntos estratégicos para seguir avanzando hacia las capitales de los dos países; el avance les permitió controlar importantes carreteras, saquear museos y traficar con el patrimonio cultural, asaltar refinerías para financiarse y comprar mejores armas.

Además de lo anterior consiguen nuevos milicianos en los territorios conquistados y poseen una extensa red de reclutamiento en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y Australia.

La creación del califato como una institución religiosa de poder político, pero en el marco de la tradición islámica, envía un mensaje a todos los musulmanes del mundo; esta es una estrategia excelente porque aparece la figura del buen musulmán y la persecución a los infieles (chiíes, cristianos, yazidíes o suníes que no se sometan al Estado Islámico). En esta metodología el asesinato de los infieles genera simpatías entre los radicales islamistas y es lo que promueve las acciones militares de grupos leales en otros países, como el asesinato de coptos egipcios en Libia, los actos terroristas contra mezquitas chiíes en Yemen y la masacre en el museo de Túnez; esto produce pánico. El miedo es una poderosa arma para conquistar; por la violencia lograron la atención mundial.

En este punto encaja la destrucción de museos y de estatuas, como una lucha contra la idolatría, mientras negocian las obras de arte en el mercado negro, para mejorar las finanzas. En esta dirección hay preocupación con lo que pueda pasar en la ciudad de Palmyra, patrimonio de la humanidad, que cuenta con valiosas obras de la cultura romana. Sobre el tema anotó Maamoun Abdulkarim, director de antigüedades de Siria, que “la sociedad humana civilizada perdió la batalla contra la barbarie”.

Las fallas de Occidente

Se dice que el EI está ganando la guerra por construir el califato debido a sus tácticas militares, por un lado, pero también por la incapacidad de sus enemigos de entender lo que se está cocinando en esta región del mundo; fue capaz de canalizar el descontento suní en Irak y en Siria. En Irak los suníes los recibieron como libertadores y el proyecto del califato se extendió en el norte; persiguieron a quienes no se sometieron (fueron asesinados los pobladores kurdos, yazidiés, cristianos y chiíes, que opusieron resistencia).

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es la excelente ubicación geográfica de Siria, en el cruce de Asia, África y Europa; limita con Irak, Israel, Jordania, Líbano y Turquía. Aquí hay un nudo de contradicciones y lo despeja la geopolítica: Turquía e Irán defienden intereses económicos y políticos; Arabia Saudita y sus aliados protegen los mismos intereses; Rusia y China luchan por los recursos económicos de Oriente Medio y defienden el punto geoestratégico que significa la alianza con Siria. Y a las potencias de Occidente les interesa cuidar al mejor aliado que es Israel, punta de lanza en la región. Considerando lo anterior se piensa que toda solución pasa por Bashar Al Assad, pues su caída sería una catástrofe y dejaría el camino libre a las milicias del EI.

El gobierno de Estados Unidos entiende esta situación pero no la tiene fácil, por eso Al Assad dejó de ser el problema. Los yihadistas suníes, que controlan el territorio de Siria y de Irak, son enemigos de Al Assad y de Obama; o sea que el rival de ayer es el amigo de hoy. Las esperanzas están en las milicias kurdas (de la región de Kurdistán) repartidas en cuatro países y apoyadas hoy, económicamente, por Washington y por Irán. Y aquí hay un lío para Estados Unidos, porque su ayuda a los kurdos significa colaborar con Irán, en contra de sus aliados del Golfo Pérsico.

Como el gobierno estadounidense no puede llevar fuerzas a Irak necesita entrenar al ejército de este país, que tiene mayoría suní, para garantizar el triunfo contra el EI. Obama está en la encrucijada pero no tiene otro remedio: necesita la derrota del Estado Islámico pero no quiere afectar sus relaciones con los países del Golfo y tampoco puede dar a entender que está en contubernio con Irán. Por ahora Al Assad tiene un respiro, pero el EI sigue avanzando.