31 de enero de 2023
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Penagos y Lizcano

9 de junio de 2015
Por Luciano de la Congoja
Por Luciano de la Congoja
9 de junio de 2015

Por Luciano de la Congoja

buhoLe doy un consejo a Palemón el Estilista. Déjeme vivir en paz. Quédeme yo en mi zapatería y allá él en su peluquería, fabricando revolturas espumosas para rasurarle la cara a su clientela.Tenga en cuenta que nos movemos en escenarios antagónicos. Aquí, en esta mínima propiedad que Dios me dió, vivo tranquilo en medio de martillos, de cueros viejos un poco vinagres, de puntillas oxidadas, pero sobre todo, sobre todo, con algunos libros y muchas revistas. Como se decía de López Pumarejo, yo también tengo cultura revistera. No envidio a Palemón. Él como yo, nos escondemos detrás de los seudónimos para no recibir de frente los madrazos.

Esta contraparte que me gané, no sé cuándo ni cómo, tiene visos de muchas cualidades negativas. Creo que es gay. ¿Por qué lo digo? Su estilo es amanerado y zalamero, y lo que escribe tiene oleaje artificial.No debiera intercambiar espadas con este descabalgado escudero.

Me estoy deslizando de mi objetivo principal. Escribir sobre dos mozos de la política.

Uno, Mauricio Lizcano, es hijo de un mártir. Vi a éste en la televisión cuando logró evadírsele a la guerrilla después de ocho años de prisión.

Lizcano es una auténtica revelación en la política. Es muy inteligente, ha presentado como legislador proyectos interesantes para ser convertidos en leyes, interviene brillantemente en los debates, y tiene más votos por fuera de este departamento. Es dueño de gran parte del electorado antioqueño.

Es natural que sea ambicioso. Y además, manzanillo. Fue un consentido del Presidente Uribe y lo abandonó. Ví en revistas del corazón muchas fotos de su matrimonio, con el expresidente como invitado. Pero como Lizcano es realista y vive las circunstancias, le dijo adiós a su protector y cambió de rancho. Ahora es contertulio del señor Santos y lo sirve con dócil incondicionalidad.

Está muy jóven. Será larga la órbita de su vida.

Hernán Penagos es otra estrella que ya brilla en el cielo electoral. Ha sido Presidente de la Cámara y sale de noche de Palacio, después de jugar tute con el primer mandatario. Con Santos consigue lo que quiera.

Dicen por aquí, en los cafetines, y también los que vienen a mi bohardilla, que Penagos es traidor. Afirman que juró acompañar a Octavio Cardona en su denodado trabajo por conseguir en las urnas la Alcaldía de Manizales y lo desamparó. Ahora Cardona tambalea.Parece que la derrota se le viene encima.

Pues bien : Hernán Penagos lo dejó agarrado de la brocha con infinita ingratitud. Cardona le arrimó los votos de la vereda La Cabaña y otras muchas. Sin este refuerzo, Penagos no habría llegado al parlamento.

También abandonó a Jaime Alonso Zuluaga.

En la campaña parlamentaria, se le olvidó que los dos (Zuluaga y Penagos) tenían una alianza con beneficios que debían ser compartidos. Penagos, ingrato, orientó toda la publicidad a su favor, olvidando a su amigo. Después le prometió luchar para que la gobernación fuera suya. Prefirió a su cuñado Jorge Hernán Meza y le dijo adios a su compañero de batallas.

Los políticos son asi. ¡Qué jartera los políticos!

Como el patizambo Palemón el Estilista se me vendrá lanza en ristre, le dijo : fije sitio para que sepa cuán guapo soy. ¡No me dejaré estoquear de este culipronto !