3 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

LA OPERACIÓN DE LIMPIEZA DEL FÚTBOL DEBE SEGUIR

1 de junio de 2015

La Fifa es una organización privada que hasta hace poco se vanagloriaba de tener más afiliados que la misma ONU y en efecto así es. Mientras la Organización de Naciones Unidas cuenta con 193 estados miembros, la Federación Internacional del Fútbol Asociado convoca a 209 agremiados que regularmente se enfrentan por deporte entre sí, despertando un negocio billonario representado en publicidad, comunicaciones y un gran portafolio de eventos. Pero, qué vende la Fifa… Poder, liderazgo y desarrollo.

Las selecciones de fútbol convocan más adeptos que los mandatarios de cualquier país y cuando están en su racha de triunfos manejan más poder que los mismos gobiernos. Las grandes corporaciones se rinden a sus pies con millonarios contratos de publicidad y los individuos protagonistas, los jugadores, se convierten en iconos sociales y modelos de éxito que emulan las juventudes. La Fifa con sus eventos y protagonistas es una gran carpa de circo que no deja plaza inmune y que gracias a la masificación de los medios de comunicación, su poder arrollador llega a todos los rincones del mundo. Así vende poder. Y liderazgo porque cuando un país triunfa su marca de hace global y sus nacionales se hinchan de nacionalismo. El desarrollo que vende la Fifa viene de la mano de la infraestructura que genera. Solo la organización es capaz de hacer entregar las obras de los estadios o autopistas aledañas a los escenarios deportivos a tiempo.

Pero desde siempre su gran influencia ha sido objeto del deseo de los mafiosos que quieren lavar sus dineros en medio del ruidoso espectáculo. En todos los países los políticos han querido afiliarse a clubes de fútbol para hacerse poderosos y en América Latina los narcotraficantes han comprado equipos para lograr sus fines oscuros.

Obvio, Colombia no es la excepción. Durante finales de los años 80 y los 90, los carteles de la droga fueron dueños de clubes y futbolistas, las autoridades hicieron mucho por limpiar la imagen del fútbol colombiano y lo han ido logrando. La misma Superintendencia de Sociedades los vigila y los obliga a operar como sociedades, pero aún hay muchas tareas por hacer. Es casi imposible creer que los sobornos, el lavado de dinero, los desvíos de fondos denunciados en la Fifa durante más de 20 años no haya tocado los intereses colombianos, pues con la caída de 14 funcionarios, las autoridades estadounidenses esperan que se empiecen a desgranar nombres y pecados.

La operación de limpieza del fútbol mundial debe continuar, de lo contrario le puede suceder a lo que le ocurrió al boxeo a mediados de los años 90 cuando cayó en la oscuridad por los mismos manejos que se le estaban dando a las organizaciones rectoras. No solo la Fiscalía debe investigar, sino también las superintendencias tienen que actuar.

LA REPÚBLICA/EDITORIAL