18 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
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CRISIS INSTITUCIONAL

5 de junio de 2015

POCO MÁS DE DOS MESES EN EL CARgo. Eso es lo que lleva Mauricio de la Mora al frente de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH, la entidad encargada de identificar y evaluar el potencial de petróleo en el país.

Menos de tres meses  al timón de esa dependencia del Ministerio de Minas y Energía, que se encarga de fijar la hoja de ruta para que esos estudios y prácticas se hagan de manera óptima: la ANH es una de las reformas administrativas que se emprendió para mejorar la gestión pública a cargo del Estado. Todo andaba, en términos generales, y sin irnos a los detalles, sobre ruedas. En estos primeros dos meses y fracción, para de la Mora, no hubo sobresaltos hasta la semana pasada, cuando le estalló en la cara el escándalo más grande que esta entidad ha tenido que afrontar.
Se trata de una sumatoria de factores que dejan en entredicho los controles internos de la Agencia (que exceden, probablemente, la gestión del mismo de la Mora) así como la responsabilidad de otros de sus funcionarios y la forma en como está diseñada a nivel institucional. Al día de hoy son muchas las corporaciones que tienen en sus despachos lo que se investiga: la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría, la Oficina de Transparencia de la Presidencia de la República, el  Ministerio de Minas. La cosa es grave.
Dos son los hechos predominantes sobre esta noticia: en primer lugar, el descubrimiento de unas polizas falsas y posibles sobrecostos de contratos. Más: el Ministerio de Minas denunció penalmente a tres empresas por presentar garantías falsas para sus contratos, luego de que la ANH encontrara, en un barrido que hizo por algunos retrasos de compromisos,  que no existía entidad financiera que garantizara el seguro de esas tres compañías. Hizo bien, entonces, en denunciarse. De acuerdo con Francisco Lloreda, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo, debería decirse, además, cuáles son esas empresas, por una cuestión de claridad, probablemente de prevención. Esa pregunta, por ahora, sigue abierta: ¿deberían decirlo?
Lo segundo, que se nos antoja mucho más grave, es la pérdida de una información sensible, clasificada, que se encuentra consignada en cuatro (no en dos, como nos fue aclarado en un principio) discos duros que se perdieron de la noche a la mañana. Esa información sensible corresponde, nada menos, que a datos de dos de los diez hallazgos petroleros más importantes de América Latina. A saber:  Guajira off shore 1, en el mar Caribe, y Llanos 23, ubicada en la cuenca de los Llanos. El valor de los estudios sísmicos relacionados con esos discos es de US$20 millones (no de US$17 millones, como nos fue aclarado en un principio).
Un informe que hizo este diario el día de ayer (“Son cuatro los discos duros perdidos en la ANH”) deja ver con claridad, al menos de acuerdo con las investigaciones que ha hecho la Fiscalía,  el nivel de seguridad con que eran custodiados los discos duros:  un espacio por el que pasaban muchas personas, una zona a las que las cámaras de seguridad no tenían acceso. Dicen que la información contenida allí no tiene ningún valor comercial. Puede ser. Lo que sí tiene valor, y mucho, es la confianza con los contratantes, que puede verse harto maltratada después de este episodio.
Menos de tres meses es muy poco tiempo para que de la Mora se lleve la responsabilidad entera, pero en cabeza de él, sin duda, está encontrar a quienes pudieron tener que ver con esto (una colaboración plena con las autoridades, mejor dicho) y, por supuesto, en una mejora integral de los sistemas de control interno de la Agencia. Que no nos pase dos veces.
EL ESPECTADOR/EDITORIAL