16 de agosto de 2022
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Otto Morales da lora con sus nietos

24 de mayo de 2015
24 de mayo de 2015

Otto morales reducido

Imagen BICENTENARIO de «LA INDEPENDENCIA», Colombia

Por Óscar Domínguez G.

Esta entrevista se la hizo el periodista Óscar Domínguez a Otto Morales cuando estaba próximo a cumplir los 90 años. Fue publicada en El Tiempo. Cumpliría 95 años el 7 de agosto.

–        ¿Cómo se siente a sus primeros 89 años, casi nonagenario?

–        Me siento muy bien, como preparado para otros 89 años.

–        ¿Cómo ha logrado llegar hasta tan allá?

–        Lo he logrado porque he tenido mucha alegría ante la vida. He tenido una actitud siempre optimista del destino mío, del destino de la nación, del destino de mis amigos. Todo eso me ha impulsado a mantener una buena actitud humana y colectiva.

–        Pero le ha ayudado a esa longevidad con una buena dieta…

–        No, no he tenido nunca dieta. Siempre he sido un hombre muy austero en todo. Además, no he tomado trago, ni he fumado. Las cosas que liquidan a muchos de mis amigos. Tal vez eso me ha mantenido y me sostiene así. Pero yo creo que el mayor prodigio se lo debo al chontaduro de Riosucio.

–        ¿Qué virtudes tiene?

–        Todas. Primero es un gran alimento, segundo, es una fruta que da mucha vitalidad, en tercer lugar, en este momento están diciendo algunos científicos que es el nuevo viagra del mundo.

–        En su juventud si hubo aguardientito y otros etcéteras…

–        Muy poco. Conversaba mucho con mis amigos pero no tomaba. Nunca me ha gustado.

–        ¿Qué tomaban entonces?

–        Aguardiente. Hacían unas fiestas de maravilla. Yo estaba siempre sobrio.

–        A su edad debería estar acariciando a sus nietos o acariciando el gato. Sin embargo, lo veo muy activo…

–        Yo vivo muy activo y acaricio mucho a mis nietos. Tengo cuatro, dos que viven en Suecia. El nieto mayor estudió ingeniería en la U. Real de Estocolmo. Mi nieta segunda estudió en la Universidad de Upsala, la que fundó Linneo. Ella estudió biología nuclear que es la ciencia del futuro. Trabaja en uno de los laboratorios más importantes de Europa. Tengo dos nietas más que viven conmigo. Yo las invité a que se fueran a estar conmigo. Una estudia derecho en la Universidad Javeriana y se gradúa este año. La otra estudia economía en la Universidad de los Andes. Ambas se van para Europa dentro de un mes. Luisa, la que estudia economía, va a un intercambio en la Universidad de Oslo que es considerada la cuarta universidad en materias económicas en Europa.  Daniela, estará en Paris donde asistirá en la Sorbona a nuevas clases de derecho.

–        Hay dos verbos que de pronto definen su destino de ahora: ennietecer y abuelear…

–        Lo mejor del mundo es abuelear. Ese es el gran verbo que ennoblece la vida. El abuelo debe dar lora con los nietos. Los nietos de uno son los más buenos  mozos, los más inteligentes, los de más capacidad, los de más futuro. Hay que dar lora con ellos. Si no se ejerce la abuelidad así, está uno  perdiendo parte de la alegría que le entrega la vida.

–        ¿Cómo reparte entre los cuatro su capacidad de abuelazgo?

–        Reuniéndome, compartiendo con ellos. He sido muy amigo de mis nietos. Ellos me tienen mucha confianza. Son mis dialogantes, mis compañeros en todos mis actos. Tienen mucha solidaridad conmigo y yo con ellos. No les exijo que sean perfectos, sino que sean personas humanas dignas, limpias. No más.

–        ¿Sobre qué dialoga con ellos?

–        Sobre todos los temas. Ellos tienen inquietudes, como han avanzado mucho en sus carreras, tienen inquietudes universales. Les interesa mucho la política, la literatura, son grandes lectores. Y entonces tenemos mucho en común. Además, me cuentan sus picardías porque yo no soy un abuelo regañón.

–        ¿También hay confidencias de usted hacia ellos?

–        También. Les cuento cómo es mi vida, cómo la hice, cómo la formé, cómo la integré, de qué manera tuve una fuerza interior de gran voluntad para poder compartir el destino de mis amigos y el de mis compatriotas.

–        ¿Cómo ha sido ese compartir con sus amigos, compatriotas y ahora con sus nietos?

–        Siempre de entrega, siempre dando lo que yo puedo dar. Siempre entregando más de lo que me están exigiendo, siempre sin cálculo. Creo que una de las virtudes de mi  vida, y por eso he mantenido tanta alegría, es que no he calculado nada de lo que voy a entregar. Entrego con una gran limpieza, con una gran simpatía humana,  y no estoy exigiendo reciprocidad. Entonces no tengo la merma esa que sufre mucha gente de que han sido traicionados, de que no les han correspondido, de que no les han devuelto, de que no los han entendido. No, como yo hago las cosas espontánea y limpiamente, entonces se me prolonga la alegría permanentemente por lo que ya entregué.

–        Volviendo con sus nietos: Usted dice, este es más afín conmigo, a este lo quiere más, o usted, obligatoriamente, tiene que ser imparcial…

–        No, no es que yo delibere para ser imparcial, sino que como ellos me entregan tanto cariño, siento que tienen la misma intensidad de afán de conocimiento y de integración con mi vida.

–        ¿Ese nexo con sus nietos se crea desde cuándo?

–        Ese lo crea uno. No lo crea la demás gente. El nexo de reciprocidad, de solidaridad, el nexo de comprensión, lo entrega usted con su actitud. No los demás.

–        Decía un informe de la BBC, de Londres, que a los abuelos los están utilizando cada día más para que acompañen a sus nietos y así se enriquezcan unos y otros…

–        Claro, porque uno tiene mucha experiencia para entregarles, mucha historia para relatarles, siempre que uno no pretenda imponerles. Si lo que usted como abuelo pretende es manejarlos, orientarlos hacia lo que usted ama, imponerles las creencias suyas, usted está torciendo la vida de ellos. Ellos tienen un destino y tienen una actitud. Eso es lo que hay que respetar como abuelo. Esa actitud y esa manera de manejar la vida hay que dejárselas, que espontáneamente vaya fluyendo. No estar pensando que porque uno tiene una mayor edad, tiene unas experiencias, uno tiene mayor conocimiento de la vida. No, ellos tienen un conocimiento de su vida, de su época que uno no lo tiene. Y eso hay que respetarlo.

–        ¿Llega un momento en que el abuelo aprende de sus nietos?

–        Aprende, porque ellos le están trayendo todas las novedades de la época contemporánea. Entonces tratar de contrariar esa vida contemporánea con las experiencias propias, con las creencias e ideas de uno,  es usurparles el derecho a que ellos tengan una individualidad. Eso es lo que no se puede hacer.

–        ¿Cómo hace el abuelo para no interferir en el papel de los padres?

–        Uno no debe meterse en esas asignaturas. Esas son de ellos, de los papás y de las mamás. Uno no tiene que intervenir en eso. Uno es un tercero, un tercero amable, si quiere ser amable con la vida, un tercero que entrega solidaridad, un tercero que entrega simpatía, un tercero que entrega aliento para que sigan hacia el futuro, pero no una persona que interfiere o busca que las soluciones sean las de uno. No, como abuelo no tiene por qué tener superioridad sobre los papás. Los papás saben cuál es la conducta que deben tener frente a sus hijos, y uno debe respetar eso, no debe inmiscuirse en ninguno de esos problemas.

–        ¿Cómo le fue a usted con sus abuelos?

–        No me tocaron. Cuando yo nací ya habían muerto. Fue una influencia que yo siento que me faltó. Esa una merma espiritual grande en mi vida.

–        Personajes como García Márquez confiesan que le deben mucho a sus abuelos…

–        Todo el que tiene abuelo, les debe.

–        ¿O sea que sus padres fueron papás y abuelos?

–        Todo completo. Ahora, tuve la suerte de tener papá y mamá que eran muy amigos nuestros en la época en que los padres no conversaban con los hijos, sino que eran la autoridad total. En mi casa había un  diálogo permanente, de explorar las conversaciones de lo que se estaba planeando, de lo que se estaba soñando, y siempre tuvimos el amparo del papá y de la mamá. Mi papá era un hombre de negocios y tenía mucha vocación política y mucha vocación cívica, de ayudar, de colaborar. A las cinco de la tarde, todos los días, suspendía el trabajo para leer los periódicos. En esa época  no había ni radio, ni televisión, no había carreteras. Los periódicos llegaban en unos paquetes y entonces se le leía al pueblo. La gente se acumulaba. Desde esa época yo principié a manejar las noticias universales y las noticias nacionales. Por eso mi preocupación por el destino común de las gentes.

–        ¿El verbo retirarse no figura en su semántica de cuasinonagenario?

–        ¿Retirarme de dónde? ¡Pero si la vida es muy linda! Hay que estar compartiendo la vida, hay que estar disfrutando todas las ocasiones, hay que estar con los amigos, con las gentes de la vida sentimental, de la vida interior que comparte con uno enriquecer la vida de los demás y la de uno.

–        ¿Libros?

–        Hasta ahora hay 128 libros publicados, hay varios que están apareciendo en estos momentos. Ahora le muestro 40 libros que están esperando editor. Y sigo trabajando con el mismo ímpetu todos los días.

–        Y viajando…

–        Viajo mucho porque me invitan a muchas partes, para hablar, para compartir seminarios, para intervenir en programas y lo hago con mucha alegría.

–        ¿Cuál sería el balance de su vida?

–        El balance de mi vida sería la constancia y la humildad con que he trabajado. El hecho de haber tenido el mejor sector de amistad cerca de mi vida, el haber tenido siempre los caminos del amor, los que yo he escogido, en todos los órdenes, a los cuales he sido fieles.

–        ¿Qué es humildad?

–        Es la paciencia, la capacidad de aguantar las dificultades sin quejarse, en la investigación, de tener mucho sentido de avanzar sin exigir demasiado, sin demandar demasiado, sin creer que uno tiene más poder que el otro. Es, simplemente, tener una buena actitud de respeto humano y de respeto intelectual y respeto social. Y que la vida interior de uno sea de integridad con los seres que uno ama.

–        ¿Cuándo habla de los caminos del amor es que ha amado mucho, o amó a las mujeres que era?

–        A las que eran. Y no más.

–        ¿Y las que eran fueron bastanticas…?

–        Nooooo, noooo. Desgraciadamente no, pero fui feliz. He sido feliz.

–        ¿Usted se consiguió a su esposa, o su esposa (fallecida) se lo levantó a usted?

–        Fueron encuentros ocasionales en los cuales coincidimos en muchas vocaciones de lado y lado y entonces eso armonizó nuestras vidas.

–        ¿Vocaciones cómo cuáles?

–        Vocación intelectual, política, vocación de examen de la realidad nacional, de la realidad internacional. Entonces teníamos muchas cosas de qué hablar. Recuerde que José Ortega y Gasset dijo: “Muchos matrimonios se acaban porque no tienen diálogo”. Por eso usted busque que su mujer sea del mismo pueblo, ojalá de la misma calle, para tener identidad. Yo no tuve que hacer eso, de que fuera del mismo pueblo y de la misma calle, pero las personas que amé, todas han tenido identidad conmigo en los grandes problemas que yo amo.

–        Una vez le escuché al doctor Álvaro Gómez que uno se casa para tener con quién hablar. ¿Esto en su caso es válido?

–        Si, también es válido. Uno ama para tener un diálogo. No solamente en el caso del matrimonio, sino en el caso del amor. Uno busca una persona con la cual dialogar, que haya unas identidades a pesar de que tengan unas firmezas frente a algunos aspectos  de lo que uno encuentra como ideas propias. El hecho de que haya esa contradicción no quiere decir que tiene que haber una disputa. Lo que tiene que haber es una sensación de respeto.

–        ¿Usted repetiría su mismo libreto de vida?

–        Lo repetiría totalmente porque he sido muy feliz.