9 de agosto de 2022
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Filadelfia necesita un cambio

31 de mayo de 2015
31 de mayo de 2015

iglesiaEn todos los municipios de Colombia el gobierno nacional construyó vivienda gratuita. Estos programas brillaron por su ausencia en Filadelfia. La administración municipal no realizó oportunamente las gestiones pertinentes para garantizarle a Filadelfia la construcción de vivienda popular que ayude a mitigar las necesidades apremiantes de los sectores más necesitados en la materia.

Desde hace dos años 60 niños de Altomira y 120 de Samaria, carecen de escuelas adecuadas y funcionales y tienen que estudiar en unas instalaciones improvisadas en el Polideportivo del corregimiento que parecen más unas ramadas. Es una triste historia que se viene repitiendo desde hace muchos años.

En el campo la situación es mucho más grave. Las viviendas, en su gran mayoría, registran un progresivo deterioro ante la increíble indiferencia de la administración local. Ante su estrechez económica, muchas familias esperan que la débil estructura de sus viviendas se desplome sobre sus humanidades.

El futuro del agua en nuestra zona rural no puede proyectarse más lánguido por una deforestación irresponsable que no tiene control oficial. Si no cuidamos nuestros árboles, al campesino no tendrá de dónde abastecerse en el futuro de este vital líquido. Adicionalmente, nuestro hombre del campo padece las consecuencias que le deja el consumo de aguas contaminadas que carecen de potabilización.

Estas cosas que decimos apenas son unos tímidos eslabones de la problemática de nuestro entrañable Filadelfia.

No deja de ser grave y preocupante la suerte que ha corrido Filadelfia con un alcalde sub-judice. Durante el lapso que desempeñó el cargo, apenas tuvo tiempo para atender en los organismos judiciales y de control, especialmente la Fiscalía y la Procuraduría, las múltiples investigaciones que terminaron con dos condenas, diez años cuatro meses por parapolítica y 63 meses por corrupción.

Y como al que no quiere una taza de caldo le dan dos, el señor Román Aristizábal pretende ahora entronizar en la alcaldía a su señora esposa, María Enidia Ríos Ramírez, para completar la desfachatez, así como suena. Como decía un campesino nuestro, eso es no tener sangre en los ojos.

Si no queremos vivir en el atraso y estigmatizados por siempre, tenemos que transitar esta senda con ojos abiertos y oídos despiertos. No reaccionar a tiempo, significaría sumirnos, más que en la desgracia, en la desesperanza.