19 de agosto de 2022
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Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez

Esa bella utopía de la igualdad

15 de abril de 2015

Como era de esperarse, la reacción a nivel mundial no se hizo esperar y las manifestaciones en las cuales estuvieron presentes prestigiosas figuras del mundo político no se hicieron esperar.

Luego vendría otro suceso similar, no precisamente en Francia sino en Túnez, en donde un grupo terrorista disparó de manera indiscriminada sobre unos turistas que visitaban un museo. El despliegue periodístico no se hizo esperar, con justa razón, rechazando los actos criminales de unos grupos fundamentalistas que ponen en tela de juicio a todos los islámicos, a pesar de que la gran mayoría de éstos, discrepa de estos métodos violentos, supuestamente avalados por el profeta Mahoma.

Luego de estos acontecimientos dolorosos, regresaron a los primeros titulares, Messi y Ronaldo y James, en especial la prensa colombiana para la cual James se ha convertido en una especie de semidios que produce enorme rentabilidad para los fabricantes de camisetas, guayos y hasta calzoncillos con el nombre de James y el número 10 que porta en su camiseta.

Hasta aquí todo bien, como diría el Pibe, pero algo inaudito sucedió, de unas proporciones inimaginables: el mismo grupo terrorista dio muerte a un total de 148 universitarios en Kenya, pertenecientes a una secta religiosa cristiana. Y cuando todos esperábamos que la voz de rechazo, la alarma y las manifestaciones públicas de los principales líderes políticos del mundo, salieran en las portadas de los principales diarios y en los noticieros más importantes, lo cierto es que fue una noticia del montón que no concitó el interés por la gravedad de lo sucedido.

Una de las primeras conclusiones es que la igualdad en los seres humanos no ha dejado de ser un propósito inalcanzado e inalcanzable, a pesar de haber sido uno de los principios catalogados como la columna vertebral de la Revolución Francesa. Tristemente hay que decirlo, siguen existiendo seres humanos de primera, segunda y hasta de tercera categoría.

Esa es la razón por la cual no se han visto aún las pancartas que digan: “Yo son Kenya”.