6 de julio de 2022
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Ahora tolerancia

10 de abril de 2015

hernando arangoAhora los maestros, si así se les puede llamar, “toleran” de sus alumnos el más soez de los vocabularios, con expresiones que harían sonrojar al más ordinario de los mortales. A ese trato se vienen adecuando los muchachos entre ellos y en su relación con las niñas. Y, peor aún, ya las niñas se expresan de igual manera sin reato alguno. Hoy lanzar un epíteto de grueso calibre no es para nada ofensivo ni viola ninguna norma de decencia y buen trato. Las redes sociales nos muestran que este tipo de palabrotas se expresan y nadie dice nada, y si acaso alguien protesta por la vulgaridad y falta de educación, de inmediato saltan con la manida “tolerancia” para guarecerse en ella y justificar el lenguaje que se utiliza con el  beneplácito de maestros, padres y los mismos jóvenes que, así, demuestran su nivel cultural y “buen” trato.

Y es que parte del desmadre nacional está fundamentado en cosas como estas. Y se recurre a la palabra “tolerancia” para justificar mil actividades sociales y con ella hacer lo que nos viene en gana.  A la “tolerancia” se acude para que entendamos el por qué los buses recogen pasajeros en cualquier lugar. A la “tolerancia” se acogen los motociclistas para hacer cabriolas por entre los carros y violar todas las normas existentes que evitarían miles de accidentes. A la “tolerancia” acudimos para que la autoridad no nos sancione por estar mal estacionados. A la “tolerancia” se clama cuando se nos llama la atención por algo que no está bien hecho o que no conviene desde el punto de vista de la convivencia ciudadana.

Lo cierto es que la “tolerancia” debe estar orientada únicamente a aceptarnos  como seres humanos que tenemos filosofías de vida disímiles, pensamientos políticos diferentes, orientaciones sexuales no compartidas. Sí; todo ello entendido como una manifestación personal que en ningún momento hiera u ofenda a los que nos rodean. A eso  se refiere la “tolerancia” y sólo a eso.

De  esta manera, no puede clamarse “tolerancia” para cuando la disciplina ordena una u otra cosa. No puede pedirse “tolerancia” para faltar cuando la ley nos obliga. No pedirse “tolerancia” cuando la urbanidad, el decoro, el buen trato y la mejor educación exigen un comportamiento a la altura de lo que se recibe como enseñanza y el medio en el que se habita y se desarrollan las actividades propias a cada cual.

Nuestro país anda a la deriva porque hemos creído que la “tolerancia” es un escudo bajo el cual podemos tratar a los demás de cualquier manera y los demás tienen que ser “tolerantes” con nosotros por razón de nuestra edad, origen o estrato social, cosa que se refleja en el manido: “¿usted no sabe quién soy yo?” tan de moda en estos días. “Tolerancia” pedimos para cuando expresamos nuestras quejas o protestas y esperamos poder trasgredir los derechos de los demás y por tanto acusamos a las autoridades de intolerantes y, en oportunidades, de violar los derechos humanos que, en la actividad que se reprime, se están violando por parte nuestra.
“Intolerante” denominamos a todo aquel que se atreva a entrar en nuestra esfera a llamar la atención por los desmanes que se están dando, en donde los campesinos, las comunidades indígenas, los estudiantes, los sindicatos y cuanta asociación se quiera, espera tener para sí un espacio sin atender al derecho ajeno, al derecho de los demás.

Quizás si dejamos la palabra “TOLERANCIA” para referirnos al respeto que debemos  tener para con los demás, sin reclamarlo para nosotros mismos, tal vocablo tendrá la dimensión que la paz requiere para ser duradera. Seamos, consecuentemente, tolerantes como muestra de respeto a los demás.
Manizales, abril 8 de 2015.