5 de julio de 2022
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Hipocentro de corrupción

18 de marzo de 2015

hernando arangoEn efecto, hace algunos años, supimos de las andanzas de los magistrados en francachelas patrocinadas por sujetos de dudosa ortografía, como antes se decía de quienes sin reatos saltaban por sobre la barda  con el fin de conseguir lo que se proponían, y en Neiva se le rendía homenaje a uno de ellos, quien fue acompañado por sus colegas en connivencia con lo que de allí se derivaba. A otro de estos “altos jerarcas”, se le obsequió un costoso reloj. Vaya a saber por razón de qué o en pago de qué. Más allá, en otra de las cortes, aparecieron unos botines muy bellos, a decir de la esposa del magistrado, la que agradecía además el bolso que a ella le llegó. Vaya uno a saber la razón para tan fino  detalle del ciudadano que lo envió. Más adelante, otro magistrado transó la libreta militar para uno de sus hijos a cambio de, vaya uno a saber, que beneficio.

Todos estos casos los conocimos los colombianos y quedaron frente a la sociedad los magistrados mal parados y perdiendo ese halo de honorabilidad que de ellos se espera como ejemplo de vida y de dedicación al trabajo y cumplimiento de sus deberes. Allí estaba el epicentro de la corrupción.

Continua siendo de interés para la sociedad saber lo que ocurrió con los “honorables” que con sus actuaciones deshonraron la dignidad a la que fueron llevados, porque se creyó en ellos y no supieron responder.  ¿Acaso hay alguno de ellos condenado o tan siquiera sancionado por su conducta, sino delictiva, al menos dudosa e impropia? Personalmente no tengo noticia alguna de don  Ascencio Reyes y lo que lo llevó a realizar la fiesta en Neiva.

Tampoco se de don Giorgio Sale y lo que motivó sus invitaciones a la Enoteca ni la razón para enviar botines. Tampoco sabemos si el reloj Rolex  marcaba la hora con la precisión que demandó la sentencia que de él se buscaba. Hoy no sabemos para qué fue el paseo en planchón por el Río Magdalena, de reciente data.
Ahora, los magistrados de la Corte Constitucional se rasgan las vestiduras por el caso del señor Pretelt, y olvidan, de paso, que algunos sabían con 6 meses de antelación  lo que se cocinaba y guardaron silencio. Silencio que no tiene justificación en una supuesta investigación que no corresponde a los magistrados hacer.

Silencio, tanto a más grave que la misma falta que se oculta o se calla. Que un cuestionado magistrado Ríos seleccione una tutela porque sí. Que otro recomiende necesario que un exmagistrado sea el adecuado para que sustente la  presentación del caso, no es precisamente de buena presentación. Que los magistrados tengan una terrible imbricación de parentescos entre ellos, razón por la cual la esposa o esposo del magistrado es funcionario de otra corte o de la Fiscalía, o de la Contraloría, o de la Procuraduría, o magistrado auxiliar de tal o cual dependencia o corte, resta libertad y capacidad de decisión honrada a unos y a otros, pues de una de tales acciones puede salir lastimado aquel al que mañana tendrá que  acudir, o me ayudó a llegar a mí o a uno de los míos al sitial actual.

Toda esta maraña de infidelidades para con la honorabilidad, son, sin duda alguna, la falla principal que en Colombia permite la corrupción. Los unos por acción y los otros por omisión. Lo cierto es que es necesario romper con esa cadena de maldad que se origina en la intromisión de una rama del poder en la otra y su politización. Quienes creen que el equilibrio de poderes se logra eliminando el Consejo Superior de la Judicatura, se equivocan y de paso nos engañan. Lo que se requiere es  sacar a los jueces del resorte de las dependencias y  aspiraciones desmedidas que dan lugar a la intriga y al retorno de favores para permanecer. Se requiere definición en los roles a cumplir por cada Corte de manera clara. Que haya precisión en los objetivos de cada acción ante las cortes y en los procesos mismos, con lo que se evita que el omnímodo poder se una a la libre determinación y proceder, lo que  da campo a la arbitrariedad que hoy tenemos.

Los Magistrados deben ser personas de una inmaculada hoja de vida,  tan mayores en años como que sus apetencias se encuentren por sobre el bien y el mal;  designados vitaliciamente y sabedores de que las dadivas, los compadrazgos y otras veleidades no les son dables en su condición de ejemplo para toda una sociedad, y  para los jueces de la República, donde quiera que ellos ejerzan.

Aparte de esto, ahora los funcionarios del Poder Ejecutivo entran a la carga a pedir renuncias en el Poder Judicial. Los del Legislativo no demoran en hacer lo mismo y, todos a una, podremos decir: “Quien esté libre de culpa que lance la primera piedra”. De seguro correrá más de uno y no faltará el crápula que la lance.
A todas estas: ¿El  Fiscal ya renunció por las acusaciones sobre él en el caso  Saludcoop EPS?
Manizales, marzo 17 de 2015.