25 de enero de 2022
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Unas de cal, otras de arena (II)

7 de febrero de 2015

mario de la calleDespués, y para bajarle a uno su entusiasmo de viajero, se encuentra la tugurizada Carrera 23. La absurda idea de haberla semipeatonalizado, muchos años atrás, de haberla entregado a los vendedores ambulantes y a los raponeros, y de haberla dejado invadir por los aromas de choricería y pollo frito, fue un error mayúsculo que dejó a la ciudad sin esa especie de corredor de recibo que era, cuando estudiábamos en el Colegio de Nuestra Señora, paseo obligado por las tardes al salir de clases para encontrarnos en esa calle con las noviecitas de entonces, las niñas de los colegios femeninos  en cuya compañía recorríamos, felices y enamorados, esas diez cuadras de las que se apoderaba la algarabía juvenil en los atardeceres manizaleños. A nadie se le ocurriría ahora salir a caminar por placer por esa abigarrada vía. ¡Una lástima!

Qué bien que esté funcionando ya el cable aéreo hasta Villamaría. En solo minutos se llega del Parque de los Fundadores a la plaza central de la Villa. El  ahorro en tiempo, en comparación con el transporte terrestre, así fuese en automóvil expreso, es inmenso, ¡Qué gran beneficio han recibido quienes tienen que viajar habitualmente entre las dos ciudades! Mientras regresaba de Villamaría hacia la Central de Transportes en Los Cámbulos, y como soñar no cuesta nada, me imaginé lo que sería la movilidad en Manizales su hubiese algunas líneas de cable más, Entre Los Cámbulos y el aeropuerto de la Nubia (quizás con una estación intermedia en el Bosque Popular), por ejemplo, o entre Los Cámbulos y Chinchiná.

Manizales parece haber sido diseñada para llenarla de líneas de cable. Y dado que ni nuestra topografía ni nuestros espacios dan para transportes masivos del tipo del Transmilenio, el transporte con cable surge como una inmensa posibilidad para la ciudad. Entre otras cosas, permitiría evitar los innumerables problemas (técnicos, administrativos y de normatividad), que no han permitido un funcionamiento siquiera aceptable de esos sistemas de grandes buses articulados. Que se sepa, ni en Bogotá, ni en Cali ni en Pereira tales sistemas han llenado en proporción importante las expectativas de los usuarios. Congestión en las estaciones, hacinamiento en los buses, incumplimiento de horarios, bloqueos a las vías, “colados” a las estaciones para no pagar pasaje… un verdadero desastre. Es hora de que se estudien seriamente las posibilidades del trazado de nuevas líneas de cable que sirvan a diferentes sectores de la ciudad.

Hablando de cables aéreos, pregunto ¿qué pasó con el de Los Yarumos? Allí parece que “tumbaron” al municipio de la manera más triste. Hace poco leí en La Patria que por fin, después de varios años, había llegado a Manizales el motorreductor de repuesto que estaba dañado. Decía la noticia que pronto lo instalarían y se harían las pruebas del caso para dar nuevamente al servicio ese sistema. No me alcanzó el tiempo para llegar hasta allá pero, por lo que pude averiguar, esa ruta no está funcionando. Por supuesto, el cable hacia Los Yarumos, en sí mismo, no parece generar mucha demanda. Pero un gran aporte se le haría al turismo en Manizales si de ese ecoparque se construyera un cable hacia el Recinto del Pensamiento. También podría extenderse una línea de allí a Neira, logrando para esa ciudad ventajas similares a las que hoy recibe Villamaría.

Una pregunta para los directivos del cable aéreo de Manizales y para las autoridades del tránsito ¿Por qué no existe un parqueadero público adyacente a la estación del parque de Los Fundadores? Ese es el gran lunar del sistema. Para ir a pasear a Villamaría, lo ideal sería llegar en carro a esa estación y dejarlo estacionado allí, mientras se hace vuelo hasta la Villa para degustar sus tan afamados chorizos.

Ha sido un gran acierto la instalación del café en la torre suroriental de la catedral de Manizales. El agradable ambiente, la vista sobre la ciudad y sus alrededores, la ubicación en el puro centro de Manizales, lo extraño que resulta encontrar en ese sitio un lugar como ese y la buena atención que allí se ofrece, invitan ciertamente a visitar el café y a pasar un rato muy agradable en buena compañía. Una atracción turística más, para complementar el atractivo de las visitas al “corredor polaco”, auguran un porvenir notable a este sitio cuyo nombre hace honor al escultor que creó las estatuas de santos que rodean la catedral.

Columnas del autor

*Unas de cal, otras de arena (I)
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Un respiro benéfico
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Reformas a los símbolos patrios