29 de enero de 2022
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La paz por encima del Derecho?

24 de febrero de 2015

ferney paz

 

Un Estado de Derecho no es más que la sujeción de la actividad estatal a la constitución, el ejercicio de la autoridad conforme a las disposiciones conocidas, así como la observancia de los  derechos individuales, colectivos, culturales, y políticos, concepto este que se opone al Estado absolutista, en donde prima  la concentración del poder en un círculo de personas abusadores de un sistema político,  con el ejemplo a  la vuelta de la esquina en donde  se atropella abiertamente el concepto de democracia y el derecho  a la oposición.

El ideal  de una sociedad es la de la convivencia pacífica, la cual ha sido imposible obtener en nuestro país, siendo pocos los Estados que la han logrado plenamente después de muchos años de lucha, por cuanto es de la naturaleza humana la pelea, la espada, la lanza, el misil, la controversia, el imperio de la fuerza.

Las reglas de conducta en una sociedad han servido para canalizar los conflictos sociales hacia soluciones pacíficas y a eso se le llama DERECHO, o conjunto de normas jurídicas generales positivas que surgen de la sociedad o el arte de lo bueno y lo equitativo, apelando a la definición clásica de  los romanos.

Lo anterior para disentir de la defensa oficiosa que el buen amigo, escritor y apreciado humanista Augusto León Restrepo hace en su columna  aparecida en este portal a las declaraciones del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, desconociendo si es criterio de la corporación o expresadas a título personal, cuando en reportaje  periodístico manifestó que “el derecho no puede ser un obstáculo para la paz”, al considerarlas, realistas, imaginativas y frenteras.

La paz obtenida dejando secuelas de injusticia es incompatible para la armonía social, la misma no es simplemente ponerse de acuerdo con el enemigo  o contradictor  a través de la firma de unos documentos, con  declaraciones  con amplia profusión respecto  a la concordia alcanzada  o el poder pescar de noche apelando a una de las tantas frases del maestro y jurista Darío Echandia.

 

Una sociedad no puede alcanzar la paz, atropellando el derecho, su estructura jurídica, desconociendo la juridicidad, su marco jurídico, por el que tanto se ha luchado, que si bien puede arrojar resultados mediáticos, euforia transitoria, reducción a corto plazo de la violencia guerrillera, seguirán rondando los efectos de las injusticias de las confrontaciones del pasado, con el peligro de  desarrollarse una polarización,  enfrentamientos y derramamiento de sangre de humildes  colombianos.

El término de magistrado es equivalente a juzgador, a fallador,  responsable de hacer  cumplir, aplicar con independencia e imparcialidad las normas legales, y no tratar de socializar su incumplimiento, máxime cuando se ostenta la dignidad de  ser la cabeza de la jurisdicción ordinaria, opinando sobre materias que están reservadas a otros órganos políticos del Estado, diferentes a la judicial.

Confiamos en que los diálogos de la Habana se adelanten positivamente, de manera racional, con sustentación y argumentaciones sólidas, partiendo de la hipótesis, de que ninguna de las partes tienen toda la verdad, respetando las diferencias, ya que al decir desde Platón hay dos cosas a las que no se puede obligar a nadie: pensar y amar.

Mucha inteligencia, habilidad jurídica, conocimiento del derecho internacional, manejo diplomático, se tendrá que imponer en la mesa de diálogo para blindar los acuerdos a que se lleguen frente al marco legal de la Corte Internacional que fueron adoptados en Roma en 1998 y acogidos por muchos países entre ellos el nuestro, el cual adhirió en el 2002 con la reserva de que dicho organismo internacional no interviniese en la investigación, juzgamiento por delitos de guerra cometidos después del 2009.

Retomando el tema de  las declaraciones del presidente de la Corte Suprema, elogiadas por Fray Rodin, quien con un gran manejo de capa, como buen taurófilo, las arropa con su aprobación en la condición de ciudadano y orientador de opinión, en su columna, “A vuela Pluma”, debemos expresar que desafortunadamente se sigue incurriendo en el desaforado afán de publicidad de nuestros togados, al dar declaraciones para los medios, hablando más de lo necesario, incursionando en lo que se ha denominado el síndrome del protagonismo, que consiste en la figuración excesiva que invita la letra de molde, la sonoridad del micrófono y el brillo de las cámaras de televisión.

Quisiéramos ver al Presidente de la  Corte Suprema en otro escenario, en el que le corresponde, diseñando políticas judiciales en materia criminal, como penalista que lo es, tendientes a una justicia eficiente, eficaz, cómo recobrar la  legitimidad y confianza social de la corporación que representa, cómo hacerle frente a la crisis que muestra la estructura  judicial que se manifiesta en la congestión, atraso, cómo atacar la inseguridad jurídica generada por la proliferación de normas, la falta de unidad jurisprudencial, el incumplimiento de los términos legales elevados a rango constitucional, su voz autorizada para reclamar el cumplimiento de los fallos judiciales por parte de los entes estatales,  quienes  olímpicamente vienen  incurriendo en fraude a resolución  judicial.

De igual manera el aporte institucional  para avanzar en una reforma estructural a la justicia, diferente a la insustancial que se tramita con el nombre de equilibrio de poderes, impulsando el libre acceso a la justicia, cero corrupción en su funcionamiento, concurso público para proveer las vacancias de las altas cortes, coadyuvar en favor de trámites procesales breves, que sin demeritar el debido proceso se lleguen a sentencias  rápidas para que la justicia  cumpla su misión, temas estos que son de la esencia de  su magisterio, sin olvidar que la paz que se anhela, tiene un punto de partida y uno de llegada: la pronta y cumplida justicia, siendo esta la misión a la que se debe comprometer como vocero de una de las ramas del poder público.

Es un hecho cierto e irrefutable, que los conceptos y la voz del magistrado, deben expresarse en los autos y sentencias, que son los que traducen la verdad de la justicia, pero pareciera que solo responde a un enunciado, cuando se tienen intereses burocráticos a futuro, al decir de los entendidos .

Adenda: Nos unimos a los actos académicos y reconocimiento público que se le vienen haciendo a uno de los más importantes intelectuales del país con motivo de los  80 años de su nacimiento y 25 de su muerte solitaria ocurrida el 17 de febrero de 1990 en la ciudad de Cali, profesor Estanislao Zuleta Velásquez, autor de varios libros, conferencias, charlas universitarias, en donde se plantean enfoques y miradas sobre la violencia en Colombia, los Derechos Humanos,  su extraordinaria conferencia dictada a los guerrilleros del M19 en el proceso de desmovilización en el campamento de paz en Santo Domingo Cauca en mayo de 1989, reproducida en parte por el diario el Tiempo el pasado 20 de febrero de hogaño, cuando se desempeñaba  como funcionario de las Naciones Unidas en la Consejería de Derechos Humanos de la Presidencia de la Republica, mandato de Virgilio Barco.

Su pensamiento continua vigente a través de la fundación Estanislao Zuleta, con una difusión importante de sus obras por parte de la U. del Valle, entre otros, “Lógica y Critica”, “violencia, educación y democracia”, “Colombia, Violencia, Democracia y Derechos Humanos”, en donde    trata   de contribuir a la formación de una cultura  diferente de  la actual sociedad, cuando manifiesta “que el tránsito de la barbarie a la civilidad, de la violencia hacia la paz, sólo será posible cuando aprendamos, a vivir y a entender positivamente el conflicto”.

Merecido homenaje que no recibió en vida, para este autodidacta  intelectual, que abandonó sus estudios en cuarto año de bachillerato para dedicarse a la lectura  de los clásicos y cuanto  libro llegara a sus manos, bajo la tutoría del maestro Fernando Gonzales, y de su tío Juan Zuleta Ferrer, por muchos años director del “Colombiano”, ante la muerte prematura de su padre en el accidente aéreo donde pereció Carlos Gardel, para convertirse en un pensador universal con doctorado “Honoris Causa”,  otorgado por la U. del Valle donde  pasó sus últimos años como profesor de la misma.

Bogotá, Febrero  24 de 2015

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