16 de enero de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La jaula de oro.

22 de febrero de 2015

 

El tigre ya no ruge porque no juega y por la campaña de descrédito a la que lo han sometido en Inglaterra. Lejos están los días cuando era el delantero referencia, el fichaje prioritario, candidato al balón  y a la bota de oro, al mejor gol del año y estaba en la selección ideal, por encima de Cavani, Dzeko, Lewandowiski, Benzemá y el Kun, y al nivel de goleo de Cristiano, Zlatan Y Messi.

Su pegada era pura. Lo llamaban “Killer”, depredador, el nueve con mayor voracidad y el artista del gol. Se ve, en estos días, intacta su pasión, su actitud, pero sus muecas desnudan su impotencia.

Sus pasos en el área son inciertos, erra opciones de gol ante la portería, se ve acelerado, ansioso y en conflicto  consigo mismo, porque perdió la sintonía con la red.

Sus socios, en el equipo, no le dan vida porque están confundidos como él y al borde del colapso en el laberinto táctico- obsesivo, de su entrenador.

En su momento, su paso al  Manchester generó expectativas con sosiego y optimismo entre los colombianos. Cerradas las puertas del Madrid, el fútbol de Inglaterra era el ideal para sus condiciones, por la verticalidad, la obsesión ofensiva, ciertas predilecciones hacia el juego aéreo y el compromiso y el respeto en la propuesta ante el público. Era, su nuevo club, la autopista esperada para su reivindicación, luego de meses de angustia, de sueños rotos y decepciones, tras la desgraciada lesión que lo afectó. Pero sus números se redujeron y los deseos se frustraron.
A falcao solo le queda hoy la selección  de Colombia como alternativa, para su recuperación. Allí el respeto, la confianza y las voces de aliento de sus compañeros y, en especial, de su  entrenador, le permitirán ser el eje del vestuario. En Colombia, Falcao volverá a ser el tigre que se come a los leones. Su esfuerzo y disciplina tendrán compensación para así superar el bache actual de su carrera