18 de agosto de 2022
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El boquete fronterizo

24 de febrero de 2015

En un informe especial publicado por este diario el fin de semana pasado, un sacerdote de la zona resumió la situación de Cúcuta y los municipios, corregimientos y veredas vecinos con una palabra: zozobra, la cual alude también a una precaria situación social, con niveles de informalidad laboral y comercial que alcanzan el 72 %.

Se trata de una frontera bastante porosa, con cerca de 250 trochas por las que entran y salen, entre Colombia y Venezuela, mercancías y combustibles de contrabando y drogas ilícitas. El cierre fronterizo de 10 p.m. a 6 a.m., que aplica el gobierno de Nicolás Maduro, desde agosto de 2014, les resulta irónico a muchos nortesantandereanos que advierten que es justo entre esas horas que se multiplican las “mulas humanas” con cargas ilegales y los camiones (cerca de 100 por hora) que mueven toneladas de contrabando y narcóticos.

La incertidumbre política y social que envuelve a Venezuela tiene durmiendo con un ojo abierto a la dirigencia pública y privada de Cúcuta y otros municipios colombianos en la frontera. El alcalde de la capital de Norte de Santander, Donamaris Ramírez, lo advierte: “Preocupa la llegada de delincuencia común de Venezuela”, aunque Cúcuta por fortuna tiene una de las tasas más bajas de homicidios del país por cada 100 mil habitantes.

Allí hay amplias zonas donde el control de los grupos armados ilegales es notorio. De “los Urabeños”, “los Rastrojos”, el Eln, el Epl y las Farc. A ello se suman las denuncias relacionadas con la corrupción que habría por parte de algunos de los integrantes de los organismos de seguridad en el área. Incluso, las autoridades locales advierten la necesidad de que el gobierno venezolano “tenga más cuidado” porque hay alianzas de miembros de la Guardia Venezolana con estructuras criminales de Colombia.

La depresión económica en esta parte del país ha sido considerable, pues las exportaciones rebajaron del 90 % al 20 %, aunque los nortesantandereanos han aprendido a vivir con menos dependencia de la economía venezolana.

Los gobernantes llaman a la ciudadanía a que cruce menos la frontera para comprar víveres, porque les reducen la oportunidad de abastecerse a los venezolanos, que viven tiempos de escasez. Incluso porque la actitud de la Guardia Venezolana, como se consignó en nuestro informe, se tornó mucho más severa con los compradores colombianos a quienes les puede aplicar el delito de “violación de la seguridad nacional”.

El deteriorado y caldeado ambiente político y social de Venezuela se convierte, entonces, en un detonante de las precarias condiciones de calidad de vida de los poblados fronterizos, expuestos a la presencia de los actores armados ilegales, pero también expectantes frente a lo que pueda pasar del otro lado. Preocupa que pueda estallar una crisis aún peor y que ello obligue a migrar a miles de venezolanos desesperados.

El Gobierno está en mora de aplicar medidas preventivas y correctivas frente a la deuda social que tiene con Cúcuta y Norte de Santander y frente a una situación fronteriza bastante cambiante y turbulenta. El presidente Juan Manuel Santos debe tomarse esas alertas muy en serio.

El Colombiano/Editorial