22 de enero de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Dos tipos de entrevistadores

9 de febrero de 2015

william calderonMientras la mona llevaba bien a su personaje, entremezclando hábilmente pasado, presente y futuro alrededor del llamado “Rey Midas” de la radio, el ex gordo insistía en agasajar más que en reportear a la beldad barranquillera.

Parodiando al señor Ayusso, codazo de honor para ella y codazo de dolor para el, la víspera del día del periodista.

Peláez no oye el programa

Entre las confesiones que Peláez le hizo a Maria Elvira, nos llamó la atención esta perla: no escucha “La Luciérnaga”, pero no por nada personal, sino porque no quiere meterse en la piel de los sobrevivientes del programa con el consabido “yo en vez de eso, habría hecho esto o aquello”.

Esto se llama, simple y llanamente, saber cortar por lo sano, y no meterse en predios que ya no son los suyos. Ahora dedica su tiempo a lo que más más ama: el fútbol.

Repitió su solidaridad plena con Edgar Artunduaga, en el pasado, y con Gardeazabal, en los días recientes, siempre por presiones palaciegas.

Supo contar en su agradable estilo cómo nació, se formó y se consolidó el espacio de las tardes como una tribuna de la verdad, el entretenimiento y la responsabilidad.

¡Aplausos para la mona Arango y para el doctor Peláez!

La pobreza de las preguntas

Nos sorprendió la pobreza de las preguntas que le hizo Vargas a nuestra Miss Universo.

Estaba tan desenfocado Jorge Alfredo que a veces le ponía temas más apropiados para una candidata que para una ganadora de un reinado de talla mundial.

Y le formuló consultas que no era necesario repetir como la muy estúpida “ah… y te felicitaron los más famosos, como Ricky Martin”. (Una verdadera ñoñería).

Vargas hizo que la reina lo llevara a la cocina del apartamento  en Nueva York y le abriera su nevera para ver qué come Miss Universo. (Otra tontería tamaño familiar).

Más que a entrevistar a su precioso personaje, el eterno aspirante a la dirección de noticias del canal Caracol se dedicó a tratar de agasajar a la hija más famosa de “Curramba”.

Confirmado: al especial de televisión le faltó entrevistador.

¡Codazo de dolor para el enviado Vargas!

En este 9 de febrero, Día del Peridista

El decálogo del Periodista del escritor, periodista y ensayista gallego Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura.

1.     Decir lo que acontece, no lo que quisiera que aconteciera o lo que se imagina que aconteció.

2.     Decir la verdad, anteponiéndola a cualquier otra consideración y recordando siempre  que la mentira no es noticia y aunque por tal fuere tomada, no es rentable.

3.     Ser tan objetivo como un espejo plano; la manipulación y aún la mera visión espectacular y deliberadamente monstruosa de la imagen o la idea expresada con la palabra, cabe no más que a la literatura y jamás al periodismo.

4.     Callar antes que deformar; el periodismo no es ni el carnaval, ni la cámara de los horrores, ni el museo de figuras de cera.

5.     Ser Independiente en su criterio y no entrar en el juego político inmediato.

6.     Aspirar al entendimiento intelectual y no al presentimiento visceral de los sucesos y las situaciones.

7.     Funcionar acorde con su empresa – quiere decirse con la línea editorial – ya que un diario ha de ser una unidad de conducta y de expresión y no una suma de parcialidades: en el supuesto de que la no coincidencia de criterios fuera insalvable, ha de buscar trabajo en otro lugar  ya que ni la traición – así mismo fingiendo o a la empresa, mintiendo – ni la conspiración, ni la sublevación, ni el golpe de estado son armas admisibles. En cualquier caso, recuérdese que para exponer toda la baraja  de posibles puntos de vista  ya están las columnas y los artículos firmados . Y no quisiera seguir adelante – dicho sea al margen de los mandamientos – sin expresar mi dolor por el creciendo olvido en el que, salvo excepciones de todos conocidas y por todos celebradas, están cayendo los artículos literarios y de pensamiento no político en el periodismo actual, español y no español.

8.     Resistir toda suerte de presiones: morales, sociales, religiosas, políticas, familiares, económica, sindicales, etc, incluídas las de la propia empresa.

9.     Recordar en todo momento que el periodista no es el eje de nada, sino el eco de todo.

10.  Huir de la voz propia y escribir siempre  con la máxima sencillez y corrección posibles y un total respeto a la lengua. Si es ridículo escuchar a un poeta en trance ¡ que podríamos decir de un periodista inventándose el léxico y sembrando las páginas de voces entrecomilladas o en cursiva ¡

11. Conservar el más firme y honesto orgullo profesional a todo trance y manteniendo siempre los debidos respetos, no inclinarse ante nadie.

12. No ensayar la delación ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla del fondo de reptiles: al murmurador se le acaba  cayendo la lengua  y al adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda.