7 de marzo de 2021
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Del orgullo a la humildad

5 de febrero de 2015

ricardo tribinEl ego para que se pueda conducir de una forma que no cause problemas es preciso tenerlo en sus debidas proporciones. De un lado que no esté tan abajo que, la humildad en tal caso aparente, se convierta en humillación. Y de otra que no llegue tan alto que impida ver las cosas como son en su real perspectiva. Allí precisamente reside la fundamental diferencia entre el humilde y el orgulloso, puesto que al segundo su ego lo eleva tan alto que en muy pocas ocasiones puede en verdad ver desprevenidamente la realidad, al contrario del primero quien con sus características de humildad podrá observar las cosas dentro de un aterrizado escenario.

La humildad nos lleva a saber quienes somos en realidad, sin espejismos ni fantasías irreales que nos muestren creencias diferentes. Pensamos y sentimos en ocasiones en forma errónea, lo que nos lleva a elevarnos por encima de lo que es justo y lógico. Por ello cuando nuestras mentes nos confunden y nos ponen a pensar en que somos superiores a los otros, llega el momento en que debemos aplicar aquel criterio de que “somos simplemente humanos, ni mejores ni peores que nadie”.

La guía aparece cuando la solicitemos siempre y cuando lleguemos a creer que no somos infalibles y que con frecuencia necesitamos pedir ayuda, la cual obtendremos en la medida en que estemos dispuestos a recibirla. Aquí entonces será donde residirá el más ágil tránsito del orgullo a la humildad y este ocurrirá cuando encausemos nuestras vidas por los senderos de no creernos tan sabelotodos, pero si hacia los caminos de mente abierta y de la decisión de querer escuchar y aprender a seguir sugerencias. En tales casos la sabiduría acompañará muchas de nuestras acciones, una de ellas la que consistirá en ejercer una ecuánime y efectiva función de liderazgo.

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