16 de enero de 2022
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Defensoría acaba con mutilación genital de indígenas en Colombia

7 de febrero de 2015
7 de febrero de 2015

El pronunciamiento lo hizo a propósito de la celebración este viernes del Día Internacional contra la ablación femenina, que no es otra cosa que la eliminación de tejido de cualquier parte de los genitales femeninos, particularmente del clítoris con el objeto de eliminar el placer sexual en las mujeres por razones culturales, religiosas o cualquiera otra no médica.

En un comunicado, con ocasión del Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina, la Defensoría del Pueblo celebra que en los últimos 8 meses no se registraron casos de ablación o mutilación genital femenina en las comunidades indígenas de Risaralda, cuya práctica hacía parte de su cultura, pero que ponía en riesgo la salud, integridad y vida de las niñas de la comunidad Embera Chamí.

La Defensoría destaca el acuerdo alcanzado con el Consejo Autoridades Indígenas de Risaralda quienes se comprometieron a desarrollar actividades dirigidas a la erradicación de esta práctica cultural y con las que se busca educar a dicha comunidad indígena sobre las graves consecuencias de esta práctica.

Para la Defensora Delegada para la Población Indígena y las Minorías Étnicas, el diálogo intercultural promovido por la Defensoría y otras instituciones ha permitido que la comunidad inicie una postura diferente, un ejercicio de convencimiento interno, en el que se busca proteger la salud y la vida futura de las niñas de este pueblo, sin lesionar sus derechos culturales.

La Entidad reconoce el trabajo conjunto con las autoridades departamentales de Risaralda y municipales de Pueblo Rico que permitió que en el último semestre no se haya dado a conocer ningún caso de ablación en Colombia. Desde abril y julio del año pasado, cuando fueron reportados 11 casos de niñas que resultaron afectadas por mutilación genital, en los que 4 de ellas fallecieron, funcionarios de la Defensoría Regional Risaralda convocaron una mesa de trabajo cuyo propósito fue implementar medidas urgentes para evitar que estos hechos continuaran vulnerando los derechos de las indígenas.

Como resultado de los acuerdos a los que se llegó, se destaca el ingreso de enfermeras bilingües a los principales centros de atención del departamento de Risaralda, quienes acompañan el proceso de parto de las indígenas y las capacitan sobre los riesgos y las consecuencias de la ablación.

A pesar del optimismo y del gran avance con las autoridades indígenas, la Defensoría sigue siendo enfática en afirmar que a pesar de que la mutilación constituye una práctica cultural del pueblo embera chamí, es inaceptable en el marco del ordenamiento jurídico colombiano ya que el derecho a la vida, la integridad personal, la prohibición de sufrir tratos crueles, inhumanos y degradantes y los derechos de las niñas, prima sobre el derecho cultural de estas comunidades a la autodeterminación y la imposición de sus usos y costumbres, concluye el comunicado.

A propósito del tema, UNICEF hace las siguientes precisiones:

La ablación o mutilación genital femenina comprende una serie de prácticas consistentes en la extirpación total o parcial de los genitales externos de las niñas. Entre otras consecuencias, las niñas mutiladas padecerán durante toda su vida problemas de salud irreversibles.

Se calcula que 70 millones de niñas y mujeres actualmente en vida han sido sometidas a la mutilación/ablación genital femenina en África y el Yemen. Además, las cifras están aumentando en Europa, Australia, Canadá y los Estados Unidos, principalmente entre los inmigrante procedentes de África y Asia sudoccidental.

La mutilación/ablación genital femenina se practica por diversas razones, entre ellas:

Sexuales: a fin de controlar o mitigar la sexualidad femenina.

Sociológicos: se practica, por ejemplo, como rito de iniciación de las niñas a la edad adulta o en aras de la integración social y el mantenimiento de la cohesión social.

De higiene y estéticos: porque se cree que los genitales femeninos son sucios y antiestéticos.

De salud: porque se cree que aumenta la fertilidad y hace el parto más seguro.

Religiosos: debido a la creencia errónea de que la ablación genital femenina es un precepto religioso. La ablación se practica principalmente a niñas y adolescentes de entre 4 y 14 años. No obstante, en algunos países la ablación genital femenina se practica a niñas menores de 1 año, como por ejemplo, en Eritrea y Malí, donde la práctica afecta, respectivamente, a un 44 y un 29% de estas niñas.

Las personas que practican la ablación genital femenina son generalmente comadronas tradicionales o parteras profesionales. La ablación genital femenina es un servicio muy valorado y muy bien remunerado económicamente, por lo que es fácil inferir que el prestigio en la comunidad y los ingresos de estas personas puedan estar directamente ligados a la práctica efectiva de la intervención.

La ablación genital femenina constituye una violación fundamental de los derechos de las niñas. Es una práctica discriminatoria que vulnera el derecho a la igualdad de oportunidades, a la salud, a la lucha contra la violencia, el daño, el maltrato, la tortura y el trato cruel, inhumano y degradante; el derecho a la protección frente a prácticas tradicionales peligrosas y el derecho a decidir acerca de la propia reproducción. Estos derechos están protegidos por el Derecho internacional.

La ablación genital femenina causa daños irreparables. Puede acarrear la muerte de la niña por colapso hemorrágico o por colapso neurogénico debido al intenso dolor y el traumatismo, así como infecciones agudas y septicemia. Muchas niñas entran en un estado de colapso inducido por el intenso dolor, el trauma psicológico y el agotamiento a causa de los gritos.

Otros efectos pueden ser una mala cicatrización; la formación de abscesos y quistes;
un crecimiento excesivo del tejido cicatrizante; infecciones del tracto urinario; coitos dolorosos; el aumento de la susceptibilidad al contagio del VIH/SIDA, la hepatitis y otras enfermedades de la sangre; infecciones del aparato reproductor; enfermedades inflamatorias de la región pélvica; infertilidad; menstruaciones dolorosas; obstrucción crónica del tracto urinario o piedras en la vejiga; incontinencia urinaria; partos difíciles; y un incremento del riesgo de sufrir hemorragias e infecciones durante el parto.