28 de enero de 2022
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A dos meses de una canallada

22 de febrero de 2015

calderonGuardó inexplicable  silencio ante los despojos mortales de este gran hijo de Caldas, el insolidario Congreso de la República, donde el doctor Marin brilló con luz propia y sentó cátedra de hombre que siempre estuvo bien equipado para regir los destinos de su país. No hubo para él ni una triste moción de duelo que saliera del Senado, al que le dio lustre, o de la Cámara, donde inició su notable carrera parlamentaria. Qué vergüenza!

EL SILENCIO DEL GOBIERNO

El alto gobierno tampoco se manifestó en las exequias del cuatro veces ministro de estado. El presidente Santos no dijo esta boca es mía. Su ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, estuvo más callado que un pez en un acuario de consultorio médico. A la llamada Unidad Nacional le importó un bledo la muerte de Marín Bernal. Claro: no era un obsecuente del régimen, ni pertenecía a los directorios incondicionales que le rendían culto al amo, ni le batían incienso en la Casa de Nariño.

HASTA EL DIRECTORIO

Tampoco supo estar a la altura del duelo el Directorio Nacional Conservador del Barrio La Soledad. La caja menor de esa agencia política no tuvo los fondos suficientes para ordenar la publicación de unos avisos en la prensa bogotana, invitando a sus exequias. A última hora el ex senador Omar Yepes Alzate (archienemigo de Marín Bernal) abordó a la viuda, doña Nannie Quiróz, en el atrio de la iglesia,   para entregarle una moción de duelo del directorio, sin firma responsable. ¡Qué canallada!

LA RETRACTACION DE CASAS

En su columna “Bocas”, la revista mensual de El Tiempo, el ex ministro Alberto Casas Santamaría resolvió enderezar el deplorable entuerto en el que incurrió el 30 de diciembre, por La W Radio, cuando se hizo el registro noticioso del deceso  de su amigo de toda la vida.

Olvidándose del principio romano, según el cual, de los muertos, sólo debe menearse lo mejor, Casas se atrevió a desestimar a Marín, diciendo que él había terminado mal en la política y que en los últimos años careció de los afectos de la casa Gómez, (la de Laureano y Alvaro), en la que siempre militó políticamente.

Esta despreciable actitud produjo sorpresa e indignación entre los deudos del ex ministro Marín, encabezados por doña Nannie y sus hijos.

TRATANDO DE REPARAR EL DAÑO

En la referida página del domingo último, en Bocas, escribió el arrepentido doctor Casas Santamaría:

“Tenía la grandeza y la simpatía para desempeñarse como un experto en las dignidades del Estado. Hubiera sido un buen presidente, de seguro, con el mismo éxito que se le reconoce  en los ministerios en que se desempeñó y en las comisiones terceras del parlamento, donde sus debates y ponencias de leyes dejaron huella”.

LA PINTA DE MARIN

Para el columnista, “bien vestido, sin posar de elegante, Marín no se despeinó nunca. Mantenía un gesto de sonrisa natural, como de bienvenida a su interlocutor, casi como un tic. Usaba gafas de poderosos lentes que en nada desmerecían su buen porte. Aplicaba criterios humorísticos e históricos en la dosis que correspondía al auditorio para conquistar a las masas que lo llevaron al Congreso cada vez que quiso. Pero también a mujeres muy bellas y atractivas todas, que lo acompañaron en su vida de soltero hasta perfeccionar un matrimonio feliz con doña Ana Cecilia Quiroz, reina del café de Costa Rica a quien conoció muy joven, y a quien sirvió de edecán en su condición de apuesto galán en Manizales de los años cincuenta y con quien se casó muchos años después para formar una familia que enriqueció espiritualmente y lo llenó de alegrías y felicidades que exteriorizaba a sus amigos con orgullo de marido enamorado y padre generoso”.

UN HOMENAJE TARDIO

Este homenaje a Marín Bernal habría caído de perlas en los dos últimos días del año viejo o en los primeros del año nuevo, pero llega casi dos meses después de que el querido jefe de lauro-alvarismo caldense se fue a cuadrar caja con el de arriba. Lástima!