19 de enero de 2022
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El reclutamiento de niños

19 de febrero de 2015

calderonUNAS REACCIONES

La representante Margarita Restrepo califica de cínica la explicación dada por el narcoterrorismo de las Farc, cuando esa organización criminal dice que están «recogiendo los huérfanos.

Para la congresista antioqueña, las Farc no tienen una escuela de reclutamiento sino una guardería. El solitario procurador Alejandro Ordóñez Maldonado califica este hecho como un delito de lesa humanidad y sostiene que esos delitos podrán ser juzgados por la Corte Penal Internacional -CPI- .

Para el periodista Juan Lozano, el reclutamiento de menores se ha considerado uno de los crímenes más atroces o como un crimen de guerra.

OTRAS REACCIONES

EL DIARIO DEL HUILA, en sus notas editoriales, se suma al clamor nacional reclamando por la suerte de los niños.

Lo propio hace desde su pulpito radial el ex ministro Fernando Londoño Hoyos, en La Hora de la Verdad, de RCN.

Los caleños se pintan de rojo las manos contra el reclutamiento de menores y para que no quede ninguna duda el General Lasprilla aseguró que el Ejército tiene videos en los que aparecen los terroristas del Frente VI de las Farc coaccionando a la población civil y haciendo reclutamiento ilegal de menores.

UNA GRAVISIMA DENUNCIA

Finalmente, para rematar, el periodismo investigativo «Sin Fronteras» hace esta grave denuncia que desnuda por completo lo que oculta el alto gobierno de Colombia:   

1.      Los niños asesinados en Caquetá: ¡Fueron las FARC!

2.      “Deserté a los 17 años pero tuve que volver porque las Farc secuestraron a mi madre”

3.      Reclutamiento de niños y niñas, un delito invisible

Los niños asesinados en Caquetá: ¡Fueron las FARC!

Por Ricardo Puentes Melo

Periodismo sin Fronteras, Bogotá

http://www.periodismosinfronteras.org/los-ninos-asesinados-fueron-las-farc.html

18 de febrero de 2015

Joaquín Gómez ordenó asesinar a los niños de 4, 10, 14 y 17 años de edad, con la instrucción precisa de violar salvajemente a la niña para que la “traidora” a la causa escarmentara y aprendiera que con las FARC no se juega

Cuando el camarada Santos ordenó al Director de la Policía Nacional que en menos de tres días debería capturar a los asesinos que perpetraron la horrible masacre en el departamento de Caquetá, muchos colombianos pensaron que ahí había gato encerrado. Y tenían razón.

El show mediático de Santos, repartiendo órdenes a diestra y siniestra, seguro de que habría capturas, nos llevó a desconfiar de quien siendo ministro de Defensa se inventó el cuento macabro de que las Fuerzas Militares tenían como propósito institucional el asesinar civiles para hacerlos pasar como terroristas. El espectáculo de las capturas estuvo dividido en varios capítulos. Primero decían que se habían pagado 500 mil pesos y que eran tres asesinos; poco a poco fueron subiendo el número de sicarios y de dinero, y hasta hace unas horas ya iban 11 asesinos y un millón de pesos en ese crimen.

Le echaron el cuentico a la opinión pública de que la causa había sido por tierras, pero se les olvidó un pequeño detalle: la madre de los niños asesinados, Victoria Grimaldo, es desmovilizada de las FARC, y todos saben que un desmovilizado no puede regresar al territorio donde delinquen los terroristas de las FARC, porque la venganza de los bandidos es terrible.

Y resulta que esas tierras del Caquetá, donde está la vereda El Cóndor (sitio del asesinato) es área de influencia del terrorista Joaquín Gómez quien, a pesar de los anuncios del gobierno y de las FARC acerca de su intención de no reclutar más menores de edad, lo estaba haciendo en la región. Según nuestras muy confiables fuentes, Joaquín Gómez le exigió a su antigua correligionaria en el crimen, que les entregara al joven de 17 años y a la niña de 14 años como cuota de apoyo a la revolución.

Y como la desmovilizada se negó, aseguran nuestras fuentes, Joaquín Gómez ordenó asesinar a los niños de 4, 10, 14 y 17 años de edad, con la instrucción precisa de violar salvajemente a la niña para que la “traidora” a la causa escarmentara y aprendiera que con las FARC no se juega. Y estos “capturados”, si todo marcha según lo planeado por esa mafia, no pagarán más de tres años de cárcel. O eso, o los matan sus contratantes.

El camarada Santos debe conocer muy bien esta verdad, igual que el ministro Pinzón, el Fiscal General Eduardo Montealegre, Sergio Jaramillo y Humberto de La Calle. Pero como necesitan seguir con el tétrico sainete, se inventaron lo que se inventaron. Acá uno no sabe quién es más desalmado: el que ordenó la masacre, los que la perpetraron, o la joya que tenemos de presidente quien, junto a sus coequiperos en la perversidad, desprecian la vida de inocentes criaturas que parecieran haber nacido con el único propósito de satisfacer la obscena y lujuriosa pasión de Juan Manuel Santos por ofrecer niños en sacrificio abominable para saciar la sed de sangre de sus amigos, los terroristas.

“Deserté a los 17 años pero tuve que volver porque las Farc secuestraron a mi madre”

Blu Radio, Bogotá

13 de febrero de 2015

Jineth Trujillo, de 28 años, relató en Blu Radio que sufrió abusos sexuales y físicos por parte de los mandos de la guerrilla.

El testimonio de la joven se vuelve muy relevante en este momento en el que se negocia un acuerdo de paz con las Farc, sobre todo después de que los negociadores del grupo subversivo se comprometieron a no seguir reclutando menores de 17 años.

En el relato que ella dio a Blu Radio, Trujillo cuenta que llegó a la guerrilla cuando tenía 12 años de edad y durante el proceso de paz de San Vicente del Caguán. “Las Farc empiezan a reunir a la comunidad y al campesinado con el argumento de que necesitan su apoyo y colaboración”, dice la joven, y agrega: “Quien puede hacerlo económicamente contribuye económicamente. Quien no puede debe aportar un familiar por tres. Soy el aporte de mi familia ya que éramos de muy bajos recursos».

Aunque su padrastro se negó en un principio, terminó por aceptar el trato pues las vidas de sus otros hijos corrían peligro. Ese hecho ocurrió en la vereda Remolino Alto Orteguaza, del corregimiento El Danubio, en Florencia (Caquetá), lugar del que ella es oriunda. Según la víctima, en esta zona no se conocían medios de comunicación, sino solo la información de la guerrilla. Después de ser reclutada, justo el primer día en el que llegó, los combatientes le enseñaron a usar armas, entrenarla física y psicológicamente y prepararla para montar guardia, una práctica que las Farc hacen con todos los reclutas sin importar el sexo o la edad.

Esa primera etapa duró seis meses, durante los cuales fue enfermera, hizo otros cursos y realizó varias tareas. Al poco tiempo, Jineth Trujillo empezó a sufrir abusos sexuales: “Me violaron muchas veces”. Los agresores, por lo que general, eran los mandos: “Es algo que es muy normal entre comillas… Es el diario vivir para una niña en la guerrilla”, comenta.

Además, era usada para transportar armas y drogas en vista de que podía pasar desapercibidas. Cuando tenía 17 años quedó embarazada de otro guerrillero que tenía 28 años y nació en la selva. Sin embargo, perdió el bebé. En ese momento, decidió desertar por primera vez, pero tuvo que volver tres años después, cuando las Farc secuestraron a su madre y le pusieron como trato para la liberación que ella regresara a las filas.

Cuando volvió hizo parte de una célula urbana que operaba en Armenia, Quindío. En 2006, volvió a quedar embarazada, pero de un civil. Por esa razón tomó la determinación final: irse de la guerrilla e ingresar a un programa de reinserción, gracias al cual pudo estudiar Contaduría y empezar a trabajar como gestora en la Agencia Colombiana para la Reintegración. Actualmente ella está adelantando estudios de psicología.