25 de enero de 2022
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Esta justicia: ¡Qué asco!

18 de febrero de 2015

Escribo  sobre esta justicia  que no encontró a los autores intelectuales  del asesinato de Alvaro Gómez,  que todavía investiga  el magnicidio de Luis Carlos Galán,  que aún  no sabe quién mandó matar a Orlando Sierra.

Justicia en manos de magistrados delincuentes que aun, hoy, profieren sentencias sin autoridad moral. Tales bribones debieran ser  sacados a empellones del templo de Dios para ser conducidos y  engrillados en los panópticos. Magistrados más hediondos que los que son condenados por masacres, más pestilentes que los que pagan  fechorías de alcantarilla.

¿Quiere el lector nombres propios? Aquí van :  María Emma Garzón de Gómez, Jorge Alfonso Flechas Díaz, Angelino Lizcano Rivera. La Honorable Corte Suprema de Justicia, en la  sentencia Número 30682  del 23 de mayo de 2.012, expresa  que fueron los inspiradores de un delito inicuo. Lo inconcebible es lo siguiente. El máximo organismo judicial, hizo traslado de la investigación por competencia a la Comisión de Acusaciones de la Cámara con el mandato implícito de conducirlos al patíbulo. Hasta el día de hoy, !qué verguenza!  nada  les ha ocurrido judicialmente a esos sujetos venales y uno de ellos, la señora Garzón, con sindicación de otros desvíos criminosos,  sigue proyectando sentencias. Semejante adefesio solo ocurre en Colombia.  

¿Esta justicia ayuda a las prescripciones insólitas? ¡Sí! Cómo es posible que investigue y sentencie en el año de 2008, en  un santiamén a Gidys Medina y Teodolindo Avendaño  por el delito de Cohecho ( art. 405 del Código Penal) y siete años después, el proceso  permanezca  inmóvil,como una mole de piedra. Pregunto : ¿son inmunes los que maquinaron el ilícito,los que lo trabajaron con las químicas del diablo y, finalmente, utilizaron a dos parlamentarios bobalicones para mancillar  la ley?  

¿Qué se busca? Que unos pinguinos perfumados  sean favorecidos con la prescripción. El mensaje que nos manda  esa justicia elitista, es que , en sus predios, también existen clases sociales.  Una es la que  condena  porque soban unas nalgas femeninas, o hurtan un ave de corral. Hosca, con dentadura felina. Degluta con fruición la carne de los pobres.

Sabas Pretelt de la  Vega y Diego Palacio son unos pisaverdes protegidos, hasta ahora, por una justicia cobarde. Se acribilló a  la señora  Medina por haber vendido su voto a favor de una indebida reelección, a cambio de  unos nombramientos en Barrancabermeja y al señor  Avendaño le cancelaron su delincuencia, con dos contratos para su nuera  Vania Constanza Castro, y le encimaron la Notarìa 67 de Bogotá. En el colmo de los cinimos, se  aceptó que este diera el candidato para el cargo. En efecto le nombran a su amigote en contubernios, Luis Camilo Omeara, como notario,  comprometiéndose éste  a cancelarle   -soterradamente-  450 millones, de los cuales, según la pruebas, alcanzó a recibir $ 200.604.000.oo. Estamos frente al estiércol del diablo.

A tan viscoso escenario no podía , por ningún motivo, rebajarse la  majestad de la justicia. ¿Cómo los colombianos no vamos a sentir asco con estas trapisondas que pisotean el hermoso simbolismo de la ley?

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